Más allá de la medicina

Publicado el jgorthos

LA PANDEMIA SIGUE SU CURSO: HECHOS Y DATOS

Hace un año en Colombia nos preparábamos para las olas de la enfermedad conocida como SARS-CoV-2: cuarentenas, importaciones de insumos, cambios y adaptación de la normatividad vigente, irrupción de las medidas de bioseguridad y tratábamos de entender en qué consistía esta enfermedad llegada del Oriente Lejano.

Vivir en el siglo XXI con la mejor tecnología disponible no nos evitó el indiscriminado ataque de la enfermedad. Ningún sistema hospitalario pudo contener cada oleada sucesiva y las medidas de salud pública apenas han podido sostener algún tipo de actividad humana medianamente parecida a lo que sucedía antes del inicio de la pandemia.

La historia de la medicina nos muestra que las epidemias y pandemias no han sido tan benignas y su prolongación en el tiempo en ocasiones han sido largas y letales. Miremos por ejemplo frente a la peste bubónica cómo fue el comportamiento descrito por los médicos Chalin de Vinario y Guy de Chauliac, quienes  trataron de ver el comportamiento cada año. Veamos: en 1348 enferman  dos tercios de la población y no sobrevive ninguno; en 1361, enferma la mitad de la población  y sobrevive el 50%; en 1371 enferma 1/10 personas  y muchos mejoran; en 1382 enferma 1/20 personas  y la mayoría se cura. En esos años se calcula que la mortalidad fue alrededor de los 25 millones de personas.

Pedro Laín Entralgo, médico e historiador, menciona que las consecuencias de estas pandemias fue una gran recesión en Europa, no sólo demográfica, sino económica.  Sobre lo que sucedió en aquella época dijo: “Una exaltación de ciertas prácticas religiosas viciosas, como las procesiones de flagelantes, con un claro contenido social: la muerte nivela a ricos y a pobres. Los flagelantes hicieron correr la voz de que eran los judíos los causantes de la peste, con el consiguiente asesinato de miles de ellos. El Papa, que era inteligente y veía como en Avignon la peste estaba lejos de respetar a los judíos, emitió una  tardía e inútil  bula declarando su inocencia. Como contrapartida, otros vivieron una exaltación de los placeres mundanos, ante la fugacidad de la vida (carpe diem). En la primera jornada del Decamerón, Pampinea solicita a sus jóvenes amigos que nadie traiga noticias que no sean alegres”.

Estos datos históricos nos dan una perspectiva de lo que ha sufrido la humanidad y que ahora con el coronavirus del Oriente estamos en unas realidades similares pero acotadas al siglo XXI y a una sociedad post cristiana, tecnológica y globalizada. Alrededor del mundo empezaron los procesos de investigación con respecto al coronavirus, sus características, su patogenicidad y tratar de entender como contener una enfermedad que fluctúa con tasa de letalidad entre el 1 y el 4% dependiendo la región.

A la fecha van 148 millones de casos globales, con 3 millones de muertos; nuestro país esta en el puesto 12 en números de casos activos a la fecha; estamos por debajo de Italia, España Reino Unido y hemos aportado a esa estadística alrededor de 71 mil muertos. Pero los países con mayor número de muertos por cada 100,000 habitantes son: Hungría, República Checa, Bosnia, Bulgaria, Macedonia, Moldavia, Eslovaquia, Bélgica, Eslovenia, Italia, Reino Unido, Perú, Brasil, Estados Unidos, Polonia, México, Croacia, Portugal. En esa larga lista por lo menos Colombia aun no aparece.

El Instituto Nacional de Salud ha logrado identificar desde la genómica 58 linajes de variantes en el territorio nacional; lo que muestra la capacidad en investigación aplicada y su asociación para determinar en distintos territorios la caracterización de la enfermedad. Es decir que no son solo las variantes brasileñas o británicas las que se pueden mover por las calles de nuestro país.

El sistema de salud colombiano ha permitido que en los últimos años la tecnología haya podido llegar de manera inusitada y sin darnos cuenta. Nos acostumbramos a escuchar que una resonancia magnética se hace de manera rutinaria, un Pet Scan, laboratorios de genómica, sistemas de monitoreo, medicamentos de última generación, etc.

En el caso de las unidades de cuidado intensivo, al compararnos con la región, encontramos que aproximadamente Colombia tiene 110 camas de cuidado intensivo por un millón de habitantes; México tiene 20; Chile, 67; Ecuador, 67; Argentina, 186; Perú, 20; y Panamá, 95. Estos datos fueron analizados recientemente por la Universidad de Manizales.

Pasemos al tema de las vacunas que se quiere convertir en un commoditie  de la pandemia. En escritos pasados mencioné los tiempos prolongados y las tecnologías necesarias para el desarrollo de una vacuna viral. Pues bien, nuestra soberbia ante el querer controlar y comprar todo nos ha hecho pensar que las vacunas se encuentran a la vuelta de la esquina y tienen propiedades mágicas. Ninguna de las anteriores es verdad. EL objetivo de la vacunación es bajar las tasas de mortalidad y buscar que la variante de la enfermedad sea menos agresiva, pero probablemente no logrará que de manera inmediata desaparezca la enfermedad, hasta que no avancen otras estrategias de manera paralela.

Veamos algunas cifras de las vacunas publicados en el observatorio Our World in Data, ONS, gov.uk dashboard: en orden de regiones más vacunadas por marcas de las vacunas tenemos en primer lugar a Pfixer/Biontech, Astra Zeneca /Oxford, Moderna, Sinopharm, Sputnik V, Sinovac, Covaxin.

Hasta este punto aparecen los “nuevos expertos” opinando sobre cuál es la mejor vacuna y hablando de los eventos adversos asociados al proceso de vacunación. Todo lo anterior no hace otra cosa que generar confusión, desorientar a la población y aumentar la incertidumbre.

La disponibilidad de vacunas por  100,000 habitantes es un indicador que nos puede hacer pensar qué esta sucediendo en cada país. Veamos algunos datos y saquen sus propias conclusiones: Estados Unidos, 65,47; Australia, 7; Japón,1,99; Bélgica, 28,23; España, 29,27; Colombia, 8,12; México, 12; Brasil, 16,48; Perú, 4; Ecuador, 3,41; Argentina, 14; Venezuela, 0,88; Egipto, 0,16.  Como podemos ver hay países del primer mundo, de todos los continentes; unos son socios de los fabricantes o tienen convenios de investigación y tecnología en vacunas hace años. Así el acceso a las vacunas es muy complejo y ninguna empresa liberará en el corto plazo las patentes.

Finalmente, el observatorio de la Universidad de Washington hace una proyección basada en datos de contagios, ratas de crecimiento y comportamiento en las medidas de cada país. Para Colombia la proyección más alta probable en esta ola sería el punto de mayor mortalidad a mediados del mes de mayo.

Pero cuando vemos las discusiones internas en que estamos embebidos sobre cómo tener de manera inmediata la vacuna, el gobierno pide cautela, los gremios médicos gritan responsabilidad y medidas más fuertes frente al número creciente de muertos y contagiados. Aún así, el desempeño de nuestro sistema de salud ha sido ejemplar, valeroso y digno de sentirnos orgullosos.

Y mientras todo esto sucede, nuestro país registra hechos dignos del Récord Guines. Me refiero a la abusada y llamada protesta social. No cabe en ningún análisis racional o prudente que en semejante momento del país estemos llamando a las marchas de maestros, trasportadores y paros generales por una discusión política que debe darse en el seno del legislativo, donde estamos representados políticamente por quienes el pueblo eligió para tal fin. Ver por redes sociales que ante la solicitud de cordura del ministro de salud la respuesta fue:“¿Qué no quieren aglomeraciones de gente protestando? Entonces, es fácil: retiren la reforma tributaria.”

La vida es sagrada y por encima no pueden estar los intereses políticos o las discusiones ideológicas que se terminan midiendo como en las guerras en números de muertos y no logran nada. El llamado de los médicos es a cuidar la vida, a pedir responsabilidad a no anteponer el egoísmo por encima de quienes hoy están esperando atención en salud en medio de semejantes cifras de una pandemia que aun sigue vivita y coleando.

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