Templo ‘Sakroakuarios’
Templo ‘Sakroakuarios’

Por: Juan Diego Perdomo Alaba – @perdomoalaba

La Selección Colombia jugaba la fase de grupos del mundial de Italia 90. Yo estaba en primero de primaria y recién salía de vacaciones de mitad de año.  Mi mamá, en ese época tan inquieta por buscar refugio espiritual tras su separación de mi padre, se unió a un grupo taoísta que lideraba en Cartagena una señora de nombre Gloria, de estatura pequeña, charlatana pero buena gente.

En vacaciones siempre acostumbrábamos viajar al interior del país a visitar a la familia. Pero en esta ocasión mamá me sorprendió:

–Diego, nos vamos para el paraíso.

– ¿Hay piscina mami?

–De todo: columpios, animales, comida en abundancia.  Es una finca donde conocerás a Jesús.

La idea no me cuadró mucho; me causó escozor y miedo.  A pesar de mis siete años, era bastante perspicaz. Algo tenía que ver con la secta a la que asistía, pensé.  Un día de junio nos montamos Gloria, mi mamá y yo, en un Brasilia que tomamos en el Pie de la Popa. Después 12 horas de viaje, nos bajamos en la vía que une a Charalá, Santander, con Duitama en Boyacá, muy cerca de la reserva forestal Santuario de Flora y Fauna de Virolín.

Nos recibieron unos personajes de barba poblada, pelo largo y túnicas blancas. Olían a humo de leña. Muy amables, nos guiaron a una maloca, una especie de barraca maloliente con piso de barro. No había camas sino esteras con frazadas de lana de oveja. Todo muy rústico en un ambiente bastante rupestre.

No había piscina, ni columpios, ni comida en abundancia. Estábamos en el Templo Vegetal Sakroakuarius, en la finca Bogotacito, en Gámbita, Santander. Más de 500 hectáreas de misterio y secretismo. Todo el que llegaba quería conocer a la reencarnación de Jesús o Samael Johav Bahtorh, como se hacía llamar ese enigmático personaje hijo del líder del templo, a quien se le atribuían poderes sobrenaturales de sanación corporal y espiritual.

Templo ‘Sakroakuarios’ adentro, una de sus barracas.
Templo ‘Sakroakuarios’ adentro, una de sus barracas.

Efectivamente eran los Taos, una misteriosa iglesia que dice tener contacto con los extraterrestres.  Allí viven cerca de 4 mil monjes, hombres y mujeres que buscan acercarse a la perfección a través de la meditación y las escrituras. Hacen parte de la ‘Sacra iglesia Tao Crística universal’,  liderada por Kelium Zeus Induseus, el “mesías extraterrestre”, un longevo personaje de estatura media que nunca hablaba, la razón que daban era que se encontraba en “ayuno verbal”: “es que tiene tanto poder al hablar, que cuando lo hace ocurren tragedias en el mundo”, decía un monje con rasgos indígenas.

Luis Gustavo Morales Sierra, 'Kelium Zeus Induseus' líder de los Taos
Luis Gustavo Morales Sierra, ‘Kelium Zeus Induseus’ líder de los Taos

Cayó la noche. Nos ofrecieron una colada insípida con pan integral sin levadura. Los Taos son vegetarianos. No había televisor ni radio. Tampoco luz. Me acurruqué con mi mamá en una estera fría. No podíamos dormir por los turupes del suelo arcilloso, era incómodo. Amaneció. A las 4 de la mañana nos levantaron, hacía un frío soportable. Nos invitaron a participar en ejercicios de artes marciales. Nos bañamos sin jabón en unas regaderas colectivas y para defecar tocaba en unas letrinas improvisadas. Ya estaba fastidiado y mi mamá le reprochaba a Gloria a dónde putas nos había traído. Desayunamos patilla.

Mi mamá, en ocasiones ingenua pero con un don de percepción desarrollado, intuyó que algo andaba mal, entonces se afanó a descubrir qué pasaba. Me dio libertad para ir a jugar y así iniciar sus pesquisas. Me fui a la maloca principal a conocer al tal Samael, que decían, era físicamente parecido al Jesús de las películas. Entré, me robé un trozo de patilla y un gajo de uvas frescas, cuando de repente salió, lo vi, me sorprendí, constaté lo que se rumoraba. Lo seguía una horda ávida de un roce suyo, una mirada, una palabra.

Escuché el grito de mi mamá llamándome, desesperada, con una totuma llena de frijoles verdes cocidos. “Diego toma, come bien que nos vamos de aquí esta noche” me dijo al oído. –Qué pasó má –le contesté-. Me contó que nos iban a secuestrar, que ya estaban indagando qué bienes tenía para someterla, robarlos y desaparecernos.  Se me aceleró el corazón pero confíe en ella, no era la primera vez que escapábamos del peligro.

Catorce años después, en 2004, tras denuncias de habitantes del pueblo de Charalá, un centenar de funcionarios de Fiscalía, Policía, DAS y Ejército ingresó al templo Sakroakuarius con una orden de allanamiento. Pero Kelium Zeus se voló, según versiones a Venezuela. En 2005, la Fiscalía ordenó la detención de Luis Gustavo Morales Sierra (Kelium Zeus) y de a otros siete integrantes, a los que sindica de concierto para delinquir. Ex miembros de la secta, que posteriormente fueron asesinados, la acusaron de asesinatos, secuestros y porte de armas. Las autoridades en el allanamiento descubrieron granadas y municiones de diversos calibres. Según testigos, hubo también abuso sexual a menores.

'Kelium Zeus Induseus' y su hijo Samael
‘Kelium Zeus Induseus’ y su hijo Samael

Pasada las 8 de la noche, mi mamá me tomó de la mano y sin más, llegamos a un parqueadero donde nos esperaba un campero Toyota color beige. Al volante iba una señora de cabello corto de unos 45 años. “Móntense rápido y ocúltense bien que ya nos vamos”, dijo la doña con acento rolo. Nos acompañaban tres personas más. Me oculté como pude. Cuando llegamos al portón nos pararon. –Doña Rosa déjeme ver qué hay atrás –dijo alguien-. –Mire no me joda que tengo prisa, llevo a un niño enfermo –ripostó Rosa-. Salimos a gran velocidad. Pude respirar cuando llegamos a Socorro, Santander, a comprar algo de comida. Estábamos hambrientos todos.

A finales de marzo de 2007, se rumoró en internet que Kelium Zeus y su hijo Samael habían sido asesinados en octubre de 2006 por grupo armado colombiano. Al parecer Kelium fue delatado por un seguidor suyo por los asesinatos, abusos sexuales, robos, estafas y secuestros que cometieron durante años profanando “la verdadera enseñanza gnóstica”.

Llegamos a Bogotá al día siguiente un 18 de junio de 1990. Rosa Pacheco nos invitó a su casa en el barrio Chapinero. En las ventanas de las casas, edificios y negocios había banderas de Colombia. El frío afectó mis bronquios y tosía mucho. Mamá llamó a mi papá para que por favor nos auxiliara porque no teníamos dinero ni ropa, todo lo habíamos dejado en ese lugar. En esa casa me vi el mítico partido Colombia – Alemania que me hizo llorar. Un par de días después llegó mi papá. Rosa nos salvó la vida, pero al día de hoy no sabemos nada de la suya. A Gloria la volvimos a ver en Cartagena y nos contó que ninguna de las fotos que al escondido tomó en el templo Tao salieron.

Mis recuerdos de ese episodio llegan hasta la imagen de un Rene Higuita vencido, trastabillando, impotente tratando de alcanzar al animal de Roger Milla que nos cercenó una alegría que por esos tiempos macabros para el país, necesitábamos. Ese día ya estábamos en Gigante, Huila, el pueblo de mi padre. El templo Sakroakuarius aún existe en Santander.

Camerún  - Colombia, mundial de Italia 90
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