En jaque

Publicado el Luis Gabriel Rodríguez de la Rosa

El terrorismo que nos habita

Poco a poco se diluye el eco generado por los atentados sucedidos en Barranquilla, lo mediático y morboso del hecho cumplió su misión y con el transcurrir de los días el olvido llegará como todo en nuestro país, pasamos del incendio a la paquidermia en cuestión de segundos. Sin embargo, el fondo del asunto no queda claro y es el porqué del terrorismo y tampoco el contexto en el que se presenta, aunque al final lo que realmente está en juego es que nos enfrentamos a una decisión política colectiva para la cual no estamos ni preparados ni dispuestos.

Es claro que las políticas de securitización han sido eficaces electoralmente y el terrorismo es su mayor aliado, por ello, cuando se acercan las elecciones, los atentados aparecen en cuestión de minutos, y en Colombia se vuelve a sentir el mismo dolor que nos persigue desde hace décadas, el miedo, la inseguridad y la necesidad de un gobierno protector, aun cuando los problemas estructurales del país pasen a un segundo plano. Ese ciclo se repite y al final el deseo de cambio se convierte en una ilusión pasajera.

Pero cambiar tampoco es una cuestión menor, tomar una decisión colectiva para mejorar el presente y abonar el terreno para un futuro cercano próspero, es una deuda histórica y requiere un compromiso social difícil de asumir. En Colombia, el primer paso para lograrlo es confrontarnos a través de un ejercicio de autocrítica. Los colombianos hemos sido demasiado permisivos con las mentiras y la manipulación, nos quejamos y lloramos los muertos, pero nunca nos confrontamos como sociedad y entendemos que nada es fruto de la casualidad.

El terrorismo nos habita desde tiempos inmemoriales y en medio de ese juego violento, cobarde y mentiroso, se esconde un debate sustancial omitido por parte de la opinión pública. El terrorismo es un mal recurrente y plural, no solo existe el terrorismo político que tanto repudio genera por estos días y se les atribuye a las guerrillas, existe también el terrorismo de Estado tan peligroso, silencioso y solapado, pero igual de asesino, originado en el abuso del poder y en la institucionalidad puesta al servicio de unos cuantos, quienes en principio debían proteger al ciudadano y garantizar sus derechos no arrebatárselos…

El problema es que la opinión pública no ha sido consecuente con la realidad y sólo ve lo conveniente y ante ello lo delicado del asunto: lo invisible no existe. Cuando el Estado ha recurrido a prácticas para aniquilar al opositor, cuando se alía con los ilegales para asesinar, cuando utiliza sus instituciones para destruir al enemigo político o cuando descarga sus fusiles hacia civiles inocentes, cuando permite que asesinen a sus miembros observando desde la barrera, es tan criminal como cualquier terrorista. Pero ante ello, se guarda silencio o simplemente no se escucha.

Los muertos en Colombia se cuentan por centenas, pero la balanza del terrorismo se ha inclinado hacia un solo lado y ese es el gran error, por el miedo a hacer un ejercicio de introspección social vemos una sola cara de la moneda. Sin duda, a todos nos duele la muerte de los policías, también la de los soldados, guerrilleros, indígenas y campesinos – por eso le apostamos a la paz -, pero en medio de todo el sainete de victimarios sólo enfocamos el lente hacia uno de tantos actores, pero se nos olvidó el más peligroso de todos.

Desde la firma del proceso de paz con las FARC, llevamos más de 150 líderes sociales asesinados, pero eso ya es un lugar común, se ha banalizado, y con ello llega la tacha, la aniquilación mediática y política. Esa es la ausencia de autocrítica, la no confrontación como sociedad e infortunadamente el debate público se ha reducido a eso y es la razón de la polarización. Colombia tiene miedo a confrontarse y reconocer que el paramilitarismo nunca se fue, que las guerrillas hacen parte de nuestra historia y de nuestro presente, y que el terrorismo de Estado aún está latente.

Al final la fórmula es la misma, estigmatizar y anular al otro, eso también es terror y manipulación. Para construir un mejor país, se necesita construir confianza, pero el debate se lo estamos dejando a quienes no van a solucionar el problema, a los violetos y a quienes con su discurso los mantienen en el escenario público con el fin de alimentar sus campañas políticas. Pero eso es fruto de la permisión de los ciudadanos.

Para construir una Colombia distinta, se debe aceptar que el terrorismo no tiene un solo origen y es connatural a una sociedad que no se confronta, el terrorismo es una cortina de humo de una realidad aún más profunda: la manipulación, la pobreza y la desigualdad social. Mientras no veamos nuestra propia realidad, es decir, la de un país con problemas estructurales y manejada desde el miedo, la securitización será siempre la respuesta ante la ausencia del debate razonable y argumentado, de lo contrario, pasarán los años y todo seguirá igual, no solo morirán policías y campesinos, nos moriremos todos y muy lentamente ante nuestra propia ceguera.

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