Coyuntura Política

Publicado el Renny Rueda Castañeda

Minería o desarrollo en Colombia. Observación a editorial de marzo primero del 2013.

El editorial del periódico El Espectador del día primero de Marzo debe ser un llamado serio de atención al gobierno central y a la nación. Si la minería fuese una locomotora contemporánea de desarrollo como lo pretende mostrar el presidente, los países escandinavos habrían de ser los territorios más atrasados del mundo. La pregunta de fondo es: que entiende por desarrollo el gobierno central?

Destruir el medio ambiente no es propio de una nación desarrollada. Al contrario, en la actualidad es la muestra más tangible de un sistema político que hace agua tratando de controlar la presión de actores y dinámicas externas sobre la vida nacional.

Un diagnóstico riguroso de los efectos de la deforestación sobre la riqueza biológica, ecosistemica, hídrica o cultural de los bosques húmedos y zonas de reserva natural estratégica en Colombia, es un proyecto que escapa a los recursos y capacidades nacionales actuales. No existe sin embargo duda respecto al balance negativo. En un mundo que requiere constantemente contener la emisión de gases invernadero que alteran el equilibrio geotérmico, la conservación de la Amazonía no solo es una necesidad, sino a su vez un activo que conforma la autoridad moral latinoamericana en la construcción de un modelo de desarrollo global sostenible. No solo en la retórica de muchas naciones industrializadas, sino en la práctica vital de economías de periferia.

Pretender convertir a Colombia en un nodo global de explotación de materias primas como Canadá, Rusia, los Estados Unidos, China o algunos países del África, cuyos territorios han sido reventados con inquina; no solo es un error. En pleno siglo 21 es sobre todo un acto de ignorancia.

La ubicación geográfica de la nación y sus características ecosistémicas, lo hacen el segundo (2do) país con mayor biodiversidad del mundo. Poseedora de más de la mitad de la superficie mundial de páramos, cubierta en más de un 40% de todo su territorio por la Amazonía, con el mayor número de especies vertebradas por área del globo (3,376 especies registradas). Con la mayor diversidad ornitológica del planeta -el número de especies de aves que habita la geografía supera las 1,880-. Después del Brasil, con el mayor número de especies de plantas del mundo. Muchas de ellas aún sin ser registradas y en claro peligro de extinción.

La geografía nacional se localiza en la región mundial de mayor precipitación de agua, cuyos efectos sobre el desarrollo de una biomasa densa y excepcional son estratégicos para la formación de vida. Junto con China, Indonesia (estos dos países con unas de las mayores tasas de destrucción del medioambiente y deforestación contemporánea), Kenia, Brasil, Congo, Nueva Guinea y Australia, entre otros; Colombia es uno de los 15 países considerados megadiversos por la riqueza y excepcionalidad de su ecosistema. Parte de la lista del centro de monitoreo de conservación del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente.

Con apenas 1,1 millones de kilómetros cuadrados, a pesar de sus reducidas dimensiones en comparación con Rusia (17,1 mill.), Canadá (10 mill.) y Brasil (8,5 mill.), el país ocupaba hasta 1990 el cuarto lugar en riqueza hídrica. Una potencia. La deforestación la ha hecho rezagarse aceleradamente con cada año que pasa. La desaparición de los ríos es uno de los problemas de mayor impacto medioambiental, sanitario, agrícola y sistémico. La causa fundamental es la tala indiscriminada de los bosques del territorio, que ocasiona la disminución de la capacidad de absorción de precipitación de la tierra, y con ello el incremento de las inundaciones o en su defecto la sequía; una de las razones por las cuales grandes extensiones de África han perdido su capacidad de resistir el cambio climático. En los últimos 5 años, en toda Colombia la cifra de deforestación de bosques puede ascender a 800 kilómetros cuadrados por año. De entre todos los países del mundo, en donde la gran mayoría cuenta con medios ambientes áridos en comparación con el territorio nacional, Colombia tiene una de las mayores cinco tasas de deforestación de bosque húmedo tropical del mundo. Las cifras parecen empeorar con cada día que pasa.

Minería, contrariamente a lo que parece querer proyectar el gobierno central, no es sinónimo de desarrollo. En la actualidad el debate sobre lo que significa el desarrollo de una sociedad es aun parte de un dilema que solo contados esquemas de democracia moderna pueden encarar. Si la actual administración no tiene intención, o no esta en la capacidad de abordar este punto; debe al menos recordar que a través de los últimos años aún el país se ha mantenido rezagado en materia de crecimiento económico en Latinoamérica; no precisamente por no prestarse a los intereses de quienes pretender mostrar la minería como la solución, sino por desconocer la realidad de los tiempos. Una que demanda formar una sociedad capaz de encarar un futuro complejo, con mayores dificultades que definir si se convierte a un país único como Colombia en un nodo de industrias extractivas. No le corresponde a la actual administración en solitario tomar esa decisión. Eso debe quedar claro.

El autor contesta inquietudes o sugerencias en el correo [email protected]

Renny Rueda Castañeda

www.ecodemocracia.org

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