Coyuntura Política

Publicado el Renny Rueda Castañeda

Álvaro Uribe y la política exterior. Una breve reflexión.

Al final de 8 años de gobierno, es difícil sintetizar de forma justa las principales lecciones que le quedan a Colombia de la era Uribe, más aún cuando sus periodos pasan a la historia como una época de resaltar, histórica, para bien o para mal. A modo de reflexión es importante pensar en la complejidad del ejercicio la política, entendida esta como el uso del poder en procura de un ideal de sociedad. En la década actual, dos grandes vertientes ideológicas, enrarecidas por acontecimientos previos singulares, tales como la ocupación a Irak y la llegada de Hugo Chávez al Poder, se convirtieron en fronteras a partir de la cuales, un gobierno de claro apoyo popular, inició labores esquivando en la medida de lo posible patrones foráneos que le impidieran ver y obrar con objetividad en el desempeño de la administración de un país asolado por la violencia. Por una condición aparentemente razonable, el gobierno Colombiano se alineó a las posturas defendidas en el plano internacional y nacional por los Estados Unidos, y con ese país como azimut y financiador de su política interna, continuó transitando una compleja senda de decisiones que paulatinamente se fueron conciliando con la visión norteamericana en lo que a justicia y desempeño público se refiere.

Lo que se avizoraba como un proceso político independiente y autónomo, con el tiempo se convirtió en un proceso ligado a círculos de poder de difícil visualización, que luego de dos periodos presidenciales deja legados ambivalentes para el país. En primer lugar, la visión de la justicia  de los Estados Unidos, no se concilió con la visión de la justicia de Colombia. Durante años, criminales despreciables, capturados por las autoridades colombianas, limpiaban su prontuario en cortes de los Estados Unidos que a cambio de información y dinero, otorgaban condonaciones de pena y permisos de residencia para victimarios de miles y miles de seres humanos que cometieron el “error” de haber nacido en Colombia. Como consecuencia, se evidenció como la habilidad de un gobernante popular como Álvaro Uribe, fue ínfima respecto a la capacidad de negociación, presión e influencia de la administración de George Bush II, al alinear decisiones de ética jurídica a los intereses de Washington. En segundo lugar, y aún cuando muchos colombianos para la época condenaron el execrable acto de brutalidad que se cometió contra el corazón económico de los Estados Unidos, en los sucesos del 11 de septiembre del año 2001, siguiendo una lógica de errado pragmatismo, la administración colombiana, apoyó política y militarmente el proceso sistemático de violaciones al derecho internacional, degradadas a violaciones a derechos humanos del ejército del país del norte en el medio oriente, casos que con ocasión de la publicación en internet, de información filtrada sobre las operaciones en Afganistán, durante el periodo 2004-2010, junto con el triste legado y antecedentes de Irak, se convirtieron en la peor carta de presentación de la administración Bush II (probablemente la administración norteamericana con la peor favorabilidad del siglo pasado), y en el detonante de un proceso de transformación moral de la sociedad estadounidense, corporeizado en la figura de Barack Obama.

Hoy quedan distintas lecciones acerca de la capacidad de Álvaro Uribe para haber afrontado con independencia sus 8 años de gobierno. En el aire, ensombreciendo logros parciales, queda la impresión de que pudo haber llegado más lejos en su obra, más aún con el sinsabor, a pesar de que la mayoría aprobó su proyecto eligiendo a Juan Manuel Santos, de que el implacable juicio de la historia se acordará de las tareas que le faltaron por realizar, o que al menos en materia de política exterior, ante la aceptación de la injerencia del gobierno de los Estados Unidos en las decisiones a tomar en casos de aplicación  de justicia en Colombia, hizo abiertamente mal.

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Renny Rueda Castañeda

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