Cosmopolita

Publicado el Juan Gabriel Gomez Albarello

Las fuerzas de las transparencia contra las fuerzas de la oscuridad

Como para que no se olvide, tres años después de la publicación del video Asesinato Colateral, WikiLeaks ha lanzado el Proyecto K, así llamado por el infame Secretario de Estado Henry Kissinger. Se trata de una colección de numerosos cables que documentan la actividad diplomática de Estados Unidos en el periodo 1973-1976, cables que habían sido hecho públicos en cumplimiento de la Ley acerca del Derecho a la Información (Freedom of Information Act), pero que eran de difícil acceso.

Tal y como lo explicó el vocero de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, en una entrevista con Amy Goodman en democracynow.org, el acceso difícil al material público es, de hecho, una forma de inaccesibilidad, un equivalente del secreto. En este sitio llamado la Biblioteca Pública de la Diplomacia Estadounidense, WikiLeaks nos proporciona una ventana a la actividad diplomática estadounidense en un período bastante turbulento, poniendo a nuestra disposición varias herramientas de búsqueda.

Para todos los latinoamericanos que estuvieron bajo el yugo de dictaduras militares que contaron con el apoyo de Estados Unidos, este sitio de WikiLeaks es una mina de información de una enorme utilidad. Comparado con este tema, la arqueología de la política anti-drogas puede ser algo de interés secundario, que es el asunto que con más recurrencia se menciona en los cables relacionados con Colombia. Hay desde luego información sobre otros aspectos de la vida política colombiana que bien pueden merecer más de un comentario luego de haber revisado con todo cuidado todos los cables disponibles.

Kissinger es recordado en toda Latinoamérica como uno de los promotores del golpe de estado contra el Presidente de Chile Salvador Allende. Uno los cables destacados de la colección ahora disponible en Internet da cuenta de su talante anti-democrático. En una conversación con el Ministro de Relaciones Exteriores de Turquía en 1975, Kissinger dijo, «Antes de la Ley de Libertad de Información, en reuniones yo decía, «Lo ilegal lo hacemos inmediatamente; lo inconstitucional toma más tiempo.» [Risas] Pero desde la Ley de Libertad de Información, me da temor decir cosas como esa.» Aunque lo dijo a título de broma, a la luz de lo ocurrido hace 40 años en Chile sabemos que en su manera de pensar no había nada de chiste.

Sin que esto signifique restarle importancia a lo hecho por WikiLeaks, vale la pena destacar que en este caso su esfuerzo de transparencia se apoya en batallas ganadas previamente en los mismos Estados Unidos. En la actualidad es imposible encontrar un sitio similar acerca de la diplomacia de Brasil, de China, de India o de Rusia. Los indios tienen que ir a un sitio estadounidense para enterarse que el antiguo primer ministro Rajiv Gandhi actuó como intermediario de una empresa de armas sueca que quería venderle aviones de combate a la India. Todo lo cual me ratifica en la convicción de que Estados Unidos, como nación, sufre de una división interna análoga a la del persona que algunas veces era el doctor Jekill y en otras el señor Hyde. Avatares del imperialismo democrático, algo que los atenienses del siglo V antes de la Era Común experimentaron en carne propia.

Desde luego, sería bastante inexacto dejar las cosas así. En parte bajo la influencia de ley de acceso a la información de los Estados Unidos, en parte debido a dinámicas internas de demanda de transparencia, en la última década han sido aprobadas leyes similares en Brazil, India y en Rusia, que permitirán que en el futuro podamos correr el velo que oculta muchas de las acciones de los gobiernos de esos países.

Nosotros aquí en Colombia tenemos una larga historia de lucha contra la opacidad del estado. El libro de Alberto Donadio La Llave de la Transparencia: El periodismo contra el secreto oficial (Medellín: Sílaba Editores, 2012) nos proporciona un muy buen recuento de lo que se ha ganado, pero también de todo lo que se puede perder si la Corte Constitucional decide validar varias disposiciones bastante cuestionables incluidas en la «Ley de Transparencia y de Acceso Público a la Información Pública Nacional».

Todos los días se libra una batalla en la cual los enemigos de la transparencia recurren a toda suerte de argumentos para negarnos el acceso a información que debería ser pública. Seguridad Nacional, reserva legal, etc., son algunos de los conceptos usualmente invocados para ponerle cortapisas a la demanda ciudadana de más información. Está claro que con más información tendremos más poder: poder para demandar responsabilidad, para pedir cuentas, para detener el abuso. No se trata de eliminar el derecho a la intimidad, algo en lo que parecen estar de acuerdo los gobiernos y grandes empresas como amazon.com, que quiere saber qué leemos, qué subrayamos y a qué horas. De lo que se trata es de construir una sociedad verdaderamente democrática, en vez de conformarnos con esta fachada de libertad política y totalitarismo invertido, como acertadamente lo ha definido el estudioso Sheldon Wolin en un reciente libro sobre el tema.

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