Cosmopolita

Publicado el Juan Gabriel Gomez Albarello

Entre la tiranía y el desorden

¿Qué alternativas nos ofrecen a los colombianos nuestras élites políticas? La tiranía y el desorden.


No exagero. El desorden era la regla en lo que se refería a la manera como se hacían las listas de candidatos para las corporaciones públicas. Bajo el régimen de la Constitución de 1991 cualquiera podía armar una lista y lanzarse a disputar un escaño a punta de residuos.


De ese sistema pasamos a otro tipo de desorden: el del voto preferente. A mí no dejan de fastidiarme las vallas de todos los candidatos que dicen “vote por mí”. No importa de qué partido sean. Todos hacen la campaña de la misma manera. No hay una sola frase inteligente ni profunda en esas vallas de fotos de gente insulsa.


El voto preferente es funesto para la democracia colombiana: favorece la corrupción y la indisciplina legislativa. En cuanto a esto último, miren el registro de las votaciones para saber como se comportan los elegidos que se creen los dueños de su curul.


Y es que son dueños. Para ser elegidos han tenido que invertir un montón de recursos. Si no lo hubiesen hecho, algún otro candidato del mismo partido los habría desbancado, algún otro con más votos preferentes. Y cuando hay que invertir tantos recursos, la frontera entre lo que es legal y lo que es ilegal se hace bastante difusa.


Por eso he abogado por la eliminación del voto preferente. Pero lo que he visto en la campaña para el Concejo de Bogotá me ha hecho ver bien el punto de vista de sus defensores. Ellos dicen que es la mejor alternativa contra la tiranía del bolígrafo.


Las decisiones del partido liberal para las elecciones al Senado, la Cámara de Bogotá y el Concejo de Bogotá constituyen el mejor ejemplo. Fíjense. Hoy el partido liberal es el partido de los delfines: Galán, Senado; Gaviria, Cámara y, ahora, ¿Serpa para el Concejo? ¿Pero qué piensan en el partido liberal? ¿Que en este país los cargos son hereditarios, que solo basta un apellido y una mediana inteligencia para ganarse un puesto de liderazgo político?


Yo creo que Horacio José Serpa ha de ser inteligente. Si fuera un bobo, no lo habrían puesto de cabeza de lista. En el partido liberal no son tan pendejos. Pero sí nos creen pendejos a nosotros. Horacio José Serpa no tiene una inteligencia ni un carisma especial que justifique que lo hayan impuesto como cabeza de lista para el Concejo de Bogotá.


Puede ser que me equivoque. Propongo una manera para evaluar el desempeño del Delfín Serpa. Si es tan bueno como para que lo hayan puesto de cabeza de lista, el partido liberal debería obtener un incremento significativo en las elecciones para el Concejo de Bogotá. Pónganle un número a la cosa: 30%, 25%, 20% más con respecto a la elección anterior.


O pongamos la cosa diferente. Si Horacio José Serpa tiene tanto carisma, debería obtener votos en localidades donde el partido liberal no ha ganado nunca adeptos o donde los que tiene son muy pocos.


Yo no creo que el Delfín Serpa tenga los cinco centavos que le faltan para el peso. Creo que está donde está por la tiranía del bolígrafo. Ojalá en estas elecciones los bogotanos castiguen esa tiranía.


Y si por aquí llueve, por acá no escampa. ¿Qué puede decir uno de los “Progresistas” de Petro? ¿No es una bofetada a la idea misma de pluralismo e inclusión que en esa lista nos inviten a votar por el hermano de Antonio Navarro Wolf o por la nieta de Jorge Eliécer Gaitán sin que esté claro qué meritos han hecho para estar ahí? Me temo que ellos sean candidatos que crean en la igualdad de oportunidades, siempre y cuando les den el turno de jugar primero.


No obstante, voy a votar por la lista de los Progresistas y voy a expresar mi preferencia por Roberto Sáenz, quien tiene una trayectoria pulcra como Concejal y ha hecho de lo ambiental el eje de su campaña. Votar por Roberto Sáenz es darle continuidad a un compromiso con Bogotá y con la construcción de una alternativa política democrática seria. Por si acaso, Roberto Sáenz es el 45 en la lista de los Progresistas.

Comentarios