Cosmopolita

Publicado el Juan Gabriel Gomez Albarello

Después de WikiLeaks, PrankyLeaks

Muchos hemos tenido la atención concentrada en una sección del llamado “Tercer Mundo”. El proceso de cambio político desatado en el Mundo Árabe ha sido algo extraordinario, admirable de ver primero (en Túnez y en Egipto) y ahora doloroso (en Libia). Pero lo que está sucediendo en el “Primer Mundo” no es menos interesante. Lo que ocurrió esta semana que ya termina en el estado de Wisconsin es digno de relatar. Un periodista, Ian Murphy, se hizo pasar por un millonario que dona dinero a las campañas electorales de los republicanos. Le hizo una llamada al gobernador de Wisconsin y logro que éste le dijera cuál era el verdadero propósito de una reforma legal que quiere que le apruebe el congreso de ese estado: aplastar a los sindicatos.


Muchos estados en los Estados Unidos están en una situación fiscal infortunada. Algunos parecen estar al borde de la quiebra. Tan angustiosa es la situación que el tema ya incluso ha empezado a ventilarse públicamente en el Congreso federal. Si una empresa como General Motors puede declararse en quiebra, quizá una declaración similar le podría permitir a los estados dejar de pagar deudas imposibles de asumir para concentrarse en el mantenimiento de servicios básicos. Tal es el argumento. La deuda insostenible, la que los hace insolventes, es principalmente su pasivo social: lo que se le paga a los servidores públicos en salud y pensiones.


A juicio de Jeffrey Sachs, profesor de economía en la Universidad de Columbia en Nueva York, el problema tiene una raíz más profunda. La tendencia a bajarle los impuestos a los ricos desde la época de Ronald Reagan ha dejado el cofre del gobierno central y el de los estados vacío. Sencillamente no hay plata para pagar por los servicios sociales establecidos desde mucho antes. La solución que proponen muchos neoliberales no es aumentar los impuestos sino desmontar esos servicios con el argumento de tener una política fiscal sana. (Presten atención al segundo segmento de este programa. Por si las dudas, échenle una mirada a estos cuadros y figuras.)


A nadie le debería sorprender entonces que los trabajadores públicos protesten. Mucho menos debería sorprender cuando esos trabajadores protestan para que no les quiten su derecho a negociar colectivamente. Porque eso es lo que quiere hacer el gobernador Walker en Wisconsin: suprimir el derecho a la negociación colectiva con el fin de reducir a su mínima expresión la prestación de servicios sociales que su estado ha asumido desde largo tiempo atrás con su población.


Los trabajadores respondieron a la propuesta del gobernador Walker diciendo que estaban dispuestos a aumentar el monto de su contribución a los fondos de salud y de pensiones pero que no estaban dispuestos a renunciar a su derecho a negociar colectivamente. Walker, sin embargo, no tiene interés en ninguna clase de compromiso. Él mismo hace una diferencia muy clara entre “conservadores” y “pragmáticos.” En el léxico de Walker, el pragmático es quien está dispuesto revisar la manera como se garantizan ciertos derechos y a hacer concesiones; el conservador es quien la única concesión que quiere es que desaparezcan los derechos.


¿Cómo hemos llegado a saber que eso es lo que piensa el gobernador Walker? Gracias a él mismo. Ian Murphy, periodista del periódico en internet (on line) Buffalo Beast, se hizo pasar por el millonario David Koch, alguien quien había hecho la contribución máxima que la ley permite a la campaña electoral de Walker: 46 mil dólares. Walker se había negado persistentemente a aceptar cualquier llamada de los demócratas acerca de la situación, pero apenas llamó Koch, solícitamente pasó al teléfono. Tan solícita fue su actitud que ni él ni nadie de su entorno se tomó el trabajo de verificar si era Koch quien estaba llamando. Nada, cuando el “boss” llama, hay que contestarle de una. (La transcripción de toda la conversación ya está disponible en internet.)


Cándido, en todo el sentido de la palabra, el gobernador Walker admitió que lo que está haciendo no es procurar que el presupuesto del estado hacia futuro esté equilibrado. Lo que él quiere es aplastar los sindicatos. Pero no solamente eso. El gobernador Walker también reveló que su estrategia para lograrlo era recurrir a la estrategia mañosa y retrechera de engañar a los demócratas. Ya lo había hecho una vez. En la Asamblea, los republicanos convinieron una sesión a las 3 pm, después de decirle a los demócratas que se iban a reunir a las 5 pm para poder aprobar su proyecto. Para evitar que la cosa prosperara y fuera finalmente aprobada, los demócratas en el Senado se fueron al estado vecino, Illinois, donde van a permanecer hasta que el proyecto se hunda. Para lograr que los demócratas vuelvan a Wisconsin, Walker ha prometido escucharlos. Sin embargo, como le dijo al supuesto Koch, su finalidad era convenir la sesión del Senado, tener a los demócratas hablando por un rato, para que los republicanos aprobasen definitivamente el proyecto.


Ian Murphy también hizo hablar a Walker acerca de lo que es una estrategia nacional de los conservadores de Estados Unidos para acabar con los sindicatos. Lo de Walker es pues la punta de lanza de un proyecto muy fuerte destinado a desmontar lo poco que queda de garantías sociales para los trabajadores. También quedó claro en la conversación entre Walker y el supuesto Koch que para lograr este objetivo, uno de los medios son los medios: la publicación de historias que fomentan el resentimiento y la envidia. La idea es motivar a los desempleados y trabajadores del sector privado que están en peores condiciones que los trabajadores públicos a que se vuelquen contra “privilegios” de los profesores y otros empleados del estado. Esta historia ¿les suena familiar?


La broma de Murphy, este extraordinario prank, ha sido muy efectivo para filtrar, to leak, lo que verdaderamente piensa el gobernador Walker. Después de WikiLeaks, ahora el turno es para PrankyLeaks. Esta revelación hará más difícil que el proyecto de Walker y de muchos otros gobernadores republicanos prospere.


Ahora díganme que los “gringos” no tienen buen sentido del humor.

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