Con los pies en la tierra

Publicado el Observatorio de Tierras

Rodolfo, el campeón de la paz, la reconciliación, y el ajedrez

Por: Michael Soto*
*Estudiante de Doctorado en Sociología Universidad de Minnesota (EEUU), columnista invitado

Cuando uno ve una noticia sobre alguien recién fallecido, se imagina la estructura del artículo: cómo murió y quién fue como persona. Con eso, se trata de humanizar a quien de otra manera sólo sería un número en una suma de tragedias nacionales. Este no fue el caso con Rodolfo Fierro, cuyo nombre legal era Alexander Parra, y quien fue asesinado el 24 de octubre del año pasado en Mesetas, Meta.

Conocí a Rodolfo por medio de mi investigación doctoral y, por medio de este artículo, busco complementar la cobertura de la prensa nacional e internacional con mi experiencia personal.

La noche que mataron a Rodolfo me llamaron de las Naciones Unidas para confirmar que yo estaba a salvo. Tan solo 48 horas atrás me había despedido de Rodolfo. Leí muchas noticias del caso, pero ninguna de ellas describió al señor que yo conocía. Lo más común era enfatizar que era el primer ex combatiente de la FARC asesinado en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR), donde Rodolfo y sus compañeros se encontraban bajo la protección del gobierno. Algunos artículos mencionan que lideraba proyectos de paz y medio ambiente, pero hasta allí llegaban las descripciones personales, ningún artículo mencionaba que era jugador apasionado del ajedrez, ni que estaba jugando al frente de su casa cuando lo mataron. La única excepción fue una entrevista que le hicieron a su pareja.

¿Cuál es el significado de algo tan banal? Haberlo dicho hubiera sido un paso hacia mostrarlo como un ser humano más, con gustos como los de cualquiera, no solo como el excombatiente número X asesinado desde la firma del Acuerdo de Paz.

Conocí a Rodolfo en julio del 2018 durante mi primera visita a un ETCR. Salí de Villavicencio a la madrugada para llegar a Mariana Páez cerca de las 4 de la tarde (este video aéreo muestra el camino y una breve charla con Rodolfo). No estaba seguro de qué encontraría mientras caminaba alrededor de las construcciones «temporales» que aún siguen ahí, cuatro años después de la firma del Acuerdo de Paz. Al entrar a su hogar lo vi ahí: jugando ajedrez en una mesa plástica verde. Me parece absurdo decirlo ahora, pero cuando lo vi jugando ajedrez inmediatamente sentí alivio y comencé a imaginarme un terreno común en el cual podríamos empezar a conocernos.

Él tenía un estilo único para jugar, comenzaba moviendo ambos peones laterales y no intentaba posicionar sus fichas en el medio. Cuando se le capturaba una ficha repetía su refrán lentamente “no, eso no se le hace a un amigo. ¿Por qué le haces eso a un amigo?” A pesar de no seguir las indicaciones básicas que se les da a los principiantes en el ajedrez, lograba ganar una y otra vez. Nunca quiso divulgar sus secretos, pero me contaba que durante el conflicto marchaba con un tablero bajo el brazo. Fue mucho después, que un amigo me hizo caer en cuenta que tal vez la manera de jugar ajedrez de Rodolfo tenía afinidades con la estrategia guerrillera de evitar la confrontación de frente y atacar por las flancos.

Una de las conversaciones con Rodolfo que más recuerdo es cuando él me dijo que había hablado con muchas personas que habían ido a Mariana Páez (esto incluye al Príncipe Heredero de Noruega) pero que no le preguntaban nunca por qué había ingresado a las filas de las FARC. Desde ese momento, esa se convirtió en la pregunta obligatoria cada vez que yo entrevistaba a alguien.

La necesidad de hacer esta pregunta se reforzó al escuchar una persona del Centro Democrático decir que había dejado de hablar de víctimas y victimarios tras familiarizarse con tantas historias victimizantes de personas a las que él previamente sólo denominaba victimarios.

Un Fariano a quien entrevisté me dijo que muchas entrevistas previas lo habían deshumanizado porque solo le preguntaban cosas como si había matado o se sentía arrepentido de sus acciones, cosa que ilustra cómo los prejuicios del entrevistador y su manera de abordar al entrevistado puede abrir diferentes dinámicas de la conversación.

En Colombia hay muchas perspectivas sobre el conflicto armado y sus distintos actores. Cada quien forma sus opiniones por medio de sus interacciones cotidianas y el acceso a información por medio de la prensa y redes sociales. Y, aunque hay opiniones muy fuertes sobre quiénes son ‘los de las FARC,’ somos relativamente pocos los colombianos que hemos ido a espacios como los ETCR o que hemos hablado con alguno de los miles de excombatientes que viven a lo largo y ancho del país.

A pesar de que se supone que ya se conoce la realidad del conflicto armado, faltan por escuchar muchas historias como la de Rodolfo, el campeón de la paz, la reconciliación, y el ajedrez.

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