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Publicado el Hernando Llano Ángel

¿UN PLAN DE DESARROLLO PARA LA INTEGRACIÓN NACIONAL?

¿UN PLAN DE DESARROLLO PARA LA INTEGRACIÓN NACIONAL?

Hernando Llano Ángel

La metodología propuesta por el presidente Gustavo Petro para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo es audaz y desafiante. Se trata de dar la palabra a la ciudadanía, desde las regiones, para que en 50 encuentros exprese al gobierno nacional aquellas propuestas y reivindicaciones que aspira se plasmen en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 y realice durante este cuatrienio el Pacto Histórico. De allí su nombre de Diálogos Regionales Vinculantes. De entrada, hay que reconocer su espíritu profundamente democrático, pues una Nación se construye desde abajo y las regiones, no desde arriba y el centro, como durante casi doscientos años se ha intentado infructuosamente. Sin duda, un Estado democrático se induce, no se deduce. Se induce desde la ciudadanía popular, sus dinámicas locales y regionales, no se deduce desde un centro de representantes políticos, supuestamente iluminados, que pretenden irradiar a todo el territorio sus decisiones y para ello apelan a procesos y Asambleas Constituyentes. Procesos que no logran convocar y menos representar al conjunto de la población y sus territorios. Vale la pena recordar que los delegatarios electos para la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 apenas representaron el 27.1% del censo electoral, lo que significa que cerca del 63% del País Nacional no participó ni votó por ellos. Y fue un proceso que contó con una metodología parecida a la propuesta por este gobierno, pues el entonces presidente César Gaviria impulsó las llamadas Mesas Regionales de Trabajo Constituyente que se conformaron social y territorialmente en universidades, sindicatos, organizaciones populares y barriales. Incluso se sistematizaron sus propuestas en formatos especiales y luego enviaron a Bogotá, para que la Asamblea y lo delegatarios las tuvieran en cuenta en sus deliberaciones y se plasmaran en el articulado de la Constitución. Se presentaron cerca de 201.296 propuestas, correspondiendo a la educación el mayor número de ellas, como con rigor se puede leer en la investigación “La participación ciudadana en el proceso constituyente de Colombia de 1991. El derecho a la educación”, realizada por Milton Andrés Rojas Betancur, Mauricio Bocanument Arbeláez, Olga Cecilia Restrepo Yepes y Carlos Mario Molina, publicada en el 2019 en el número 20 de la Revista Historia Constitucional de Colombia.

Del dicho al hecho

Por ello, este empeño de convocar y escuchar las voces y gritos de una ciudadanía impaciente, cansada de ser defraudada gobierno tras gobierno, es una apuesta muy desafiante. Fácilmente puede convertirse en una caja de Pandora de donde salgan sin control todos los males que centenariamente aquejan y diezman al pueblo colombiano, a esa mayoría de las y los nadies que integran el País Nacional, sin que el gobierno del Pacto Histórico tenga la capacidad de encauzarlas y materializarlas en políticas públicas efectivas para su bienestar. Esos diálogos regionales vinculantes tienen, pues, el enorme desafío de pasar del dicho de la participación ciudadana al hecho de la ejecución gubernamental. Y ese divorcio entre lo popularmente demandado y lo institucionalmente ejecutado puede convertirse en un peligroso búmeran para la gobernabilidad democrática del Pacto Histórico. Los 50 diálogos regionales, realizados en un contexto de fuertes tensiones sociales en torno a la propiedad, posesión y uso de la tierra, sumada a la violencia degradada y ubicua desatada por numerosas organizaciones criminales por el control de las economías ilícitas, constituyen el escenario más adverso y a la vez incierto para el gobierno nacional. Pero también puede ser la oportunidad histórica para que el País Político por fin atienda y cumpla con las justas demandas del País Nacional. Por eso se trata de Diálogos Vinculantes. Vinculantes para forjar una paz total, como la denomina el presidente Petro, sobre los pilares de la justicia social, la tributaria y la ambiental.  Lo grave es que la dinámica de la economía mundial y la nacional parecen ir en contravía de la provisión de recursos fiscales para que el Estado cumpla con tan justas e inaplazables metas. Por todo ello, en la forma como discurran los 50 diálogos regionales vinculantes y las metas allí concertadas entre los delegados del Gobierno Nacional y la ciudadanía, conviene que el Pacto Histórico y el presidente Petro tengan en cuenta la siguiente advertencia de Giovanni Sartori en su libro “La democracia en 30 lecciones”:

El problema es que existe una relación inversa entre la eficacia de la participación y el número de participantes. Esta relación viene expresada por una fracción en la que el numerador es 1 (el participante individual) y el denominador registra el número de los demás participantes. Por ejemplo, en un contexto de 10 participantes, yo soy influyente por valor de una décima parte. Lo que está muy bien. Pero si los participantes son 1.000, ya no está tan bien. En ese contexto, mi peso como participante es de una milésima. Y si el universo de los participantes es, por ejemplo, 10 millones, la noción de <formar parte> se esfuma en la nada. Ser participante de la diezmillonésima parte de una decisión ya no tiene sentido. El hecho es, por tanto, que la participación verdadera tiene las piernas cortas, es decir, se circunscribe a las cifras pequeñas”.

Es el divorcio entre la participación política y la representación política, donde ésta última es la que toma las decisiones finales y ahora tiene que ser vinculante, pues es la única forma en que el presidente Petro puede afianzar su legitimidad política y gobernabilidad democrática, sin las cuales no será posible la paz total y mucho menos la integración nacional. Estamos, pues, ante la Caja Pandora del Pacto Histórico, en cuyo fondo reposa todavía la esperanza popular y no puede defraudar, pues entonces correríamos el riesgo de la desintegración nacional.

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