Bernardo Congote

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¿Mientras más Contagiados haya, Mejor?

Fernando Vallejo y El Espectador, han logrado sus objetivos. El primero, desahogarse en público. Y el segundo, abrirle las puertas no sólo a uno de los literatos vivos más nombrados, sino a uno diverso, retador, provocador. Uno que no pertenece al club de los “correctos políticamente”.

 

Vallejo, en primer lugar, no es un aparecido en el manejo de temas científicos. Varias de sus obras, han sido tareas retadoras poniendo en duda los conceptos clásicos de la biología y la física[i].

 

Si algo le ha faltado a la humanidad, ha sido, precisamente el debate científico. Uno que, en buena hora está reverdeciendo laureles. Al respecto, Vallejo ha dedicado buena parte de sus notas en EE a exponer sus dudas sobre el valor real de la cuarentena. Porque, en su concepto, mientras más rápido haya más contagios, mejor.

 

Se oponen, parcialmente a él, buena parte de los doctos en virología y epidemiología. Cuyas tesis, además, se han impuesto apoyando las decisiones que nos tienen a varios millones, guardados en casa.

 

La hipótesis a primera vista es defendible (precisando que mi “primera vista” puede estar equivocada). El virus sería violento al comienzo cuando pocos contagiados tienen, por ser pocos, la posibilidad de contagiar a muchos. Y, además, contagiar a velocidades exponenciales. Es lo que hemos visto estas semanas previas en todo el mundo.

 

Se dice del covid 19 que cada infectado puede contagiar a otros 3 directamente. Calcule Ud. lo que eso significa en una población de millones de personas. A estas alturas, lo que hemos vivido es poco y lento, lo que le daría la razón a Vallejo.

 

De allí que, como lo sugiere provocadoramente,  cuando el número de contagios supere, digamos al 50% de una población, la probabilidad de nuevos contagiados comience a ser menor y, por tanto, disminuya la probabilidad de muerte.

 

El instrumento para saber, por ejemplo, en Bogotá, cuándo llegaríamos (¿habríamos llegado?) a ese 50%, consistiría en aplicar una herramienta en la que tanto Vallejo como sus críticos concuerdan: una encuesta serológica.

 

O sea, en preguntarle a una muestra poblacional representativas de, digamos 50 habitantes de cada una de las 19 localidades de Bogotá, elegidos al azar, por grupos de edad y género uniformes y en mismo día, cuáles son sus síntomas vitales. (No excluiría aplicarles, para chequeo de control estadístico, una prueba de infección).

 

Si de esa encuesta, confirmada por las pruebas de laboratorio, resultare que 1 de cada 100 encuestados diera positivo (o sea el 1%), eso significaría que en Bogotá habría sólo 80.000 contagiados (A esta hora en Colombia, van, apenas 2.800 (…)). ¿Qué decisión convendría tomarse con ese resultado? Flexibilizar el contacto social aumentando el riesgo de contagio. Pero estamos haciendo lo contrario.

 

Ahora, si la encuesta confirmara  que el 50% de la muestra estuviera contagiado, en Bogotá unos 4 millones de personas estarían ya inmunes y podrían salir a la calle con un menor riesgo de contagiar a la otra mitad.

 

La encuesta también nos diría, por ejemplo, si los niños están más contagiados que los adultos. Y por tanto, podrían reabrirse las escuelas. O que, si las mujeres están más contagiadas que los hombres, podría permitírseles salir a trabajar a ellas, no a ellos. Y así sucesivamente por sub grupos poblacionales.

 

Por supuesto que a esto sí se le podría llamar “cuarentena inteligente”. Y no a lo que los gobernantes, Duque, López o como se llamen, han llamado como tal.

 

Aclarando que, sin duda, habría sido más inteligente López, con datos conservadores de preparación hospitalaria y decisiones concomitantes, que Duque, sin dato alguno confiable ni, por tanto, decisión digna de ser destacada.

 

Pero si la fórmula de la encuesta serológica tiene esta lógica, ¿por qué no se ha aplicado? Porque el pánico no deja pensar. Y porque ha invadido a quienes deciden, comenzando por el “valiente” Trump, a quien ya no solo le tiemblan “las bolas de Cavendish” sino su propia voz.

 

Congótica. Otro enemigo de la encuesta serológica es la fobia a las encuestas, sobre todo entre quienes más las usan: ¡los políticos! Miedo que, con otras palabras, equivale temerle a que el termómetro muestre que el paciente está con 40 de fiebre.

Congótica 2. ¿Qué habría sido de esta “moderna” humanidad pandémicasin el termómetro? (¿Y sin las encuestas serológicas?)

Congótica 3. Esta fobia se explica por la ignorancia estadística que acosa, sobre todo a ilustres profesionales de cartón, en cuyas universidades habrían dedicado sus clases de Estadística a fumar marihuana.

Congótica 4. ¿Vieron en Cosmos (natgeola.com), el papel de Mendel y Darwin en el diseño de la Ciencia Genética? (¡Sigan perdiendo el tiempo viendo Netflix!)

(Lo que acabo de escribir, contradice de forma o de fondo algo de lo escrito en mis recientes blog. Acuso la posibilidad de haber errado por acción u omisión y confirmo mi disposición a la auto crítica y a la crítica).

 

El autor es Subdirector del Grupo SERVIPÚBLICOS (Minciencias B),  Profesor universitario e Investigador Junior (Minciencias), miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (Argentina – www.federalismoylibertad.org) y escribe el blog argentino: www.federalismoylibertad.org/agenda/artículos

[i] “Las bolas de Cavendish”, “El don de la vida” y, sobre todo, “Manualito de Imposturología Física”.

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