Bernardo Congote

Publicado el

La responsabilidad de la Universidad

Hace algunos meses se hizo público el primer escalafón latinoamericano para la Universidad de Buenos Aires (UBA). Por entonces le escribí un mensaje al Rector. Se me ocurrió preguntarle por qué la sociedad argentina vivía en una crisis sistémica mientras, al tiempo, sus universidades eran catalogadas entre las mejores. El Rector no me ha respondido.

 

Mi condición de académico universitario me ha llevado a indagar por las relaciones existentes entre Escuela y Sociedad. He observado una cierta condición carcelaria que podría atribuírsele a la escuela implantada en la América hispana, sobre todo por el confesionalismo católico[i].

 

No sería gratuito que los conventos jesuitas y dominicos ya desde el siglo XVII se hubieran convertido en unas que, osadamente, fueron llamadas <<universidades>>. Y tampoco, que ese confesionalismo religioso – carcelario se hubiera extendido luego hacia la academia pública controlada por el Estado en la vida republicana de nuestros países.

 

Esa condición carcelaria tendría, entre otros, estos perfiles: i) Cierta  proclividad a cercenar la libertad de cátedra; (ii) Por consiguiente, la imposición de limitaciones a la cobertura científica de la investigación; (iii) De consuno, cierta tendencia a graduar profesionales de un cuestionable perfil <<humanista>> y a la par, de dudosas calidades científicas básicas; y (iv) Como producto de lo anterior, la entrega a la sociedad, tanto de  humanistas como de científicos con impedimentos para construir sociedades civilistas.

 

Ello explicaría, por una parte, que América Latina se perfile como uno de los dos continentes más pobres del planeta. Y, por la otra, que casi ningún proyecto democrático y republicano haya madurado después de casi 200 años de la llamada <<independencia>> post colonial. Todo ello contribuyendo a que el ciudadano que ha recibido formación académica superior sea, en la mayoría de los casos, una especie de testigo mudo de la política.

 

Esta suma de factores, ayudaría a entender por qué la política termina siendo ejercida, entre nosotros, por los peores ciudadanos o por ciudadanos que, formados superiormente, también se comportan como los peores[ii].

 

Ello explicaría por qué el aparato judicial del Estado se ha hecho proclive a diseñar, cuando no a doblegar la ley en los estrados frente a las presiones de de una política tendiente al autoritarismo violento[iii]. Y también explicaría por qué al Poder Ejecutivo y al Legislativo, llegan individuos que consideran al erario como una extensión de su bolsillo privado.

 

Convendría por tanto ir sumando a la mayoría de nuestras universidades más como facilitadoras que como un obstáculo del empobrecimiento, el autoritarismo, la corrupción y la violencia característica de nuestras sociedades.

 

Yendo más hacia el fondo, obligaría develar que muy probablemente en la mayoría de nuestras aulas superiores estemos formando ciudadanos para sumarse al coro de los peores. Personas víctimas del trocamiento de valores que llevó a Nietzsche a denunciar en el Occidente Cristiano el parto del Nihilismo[iv].

 

¿Tendrían la mayoría de nuestras universidades que responder por nuestros niveles de pobreza relativa? Sí. ¿Y por nuestros niveles de populismo distributivista? Sí. ¿Y por la fragilidad de nuestras instituciones políticas? Sí. ¿Y por la precariedad de los poderes judicial, ejecutivo y legislativo ? Sí. ¿Y por el ejercicio violento de la política? Sí. ¿Y por la conversión de las organizaciones sindicales en nidos de corrupción donde obreros explotan obreros? Sí. ¿ Y por el papel cómplice de los empresarios en la construcción de carteles monopólicos empobrecedores del colectivo? También.

 

¿Cuándo responderán las universidades a estas preguntas? Cuando se las hagamos, como hoy, de viva voz y cuerpo presente.

 

Politólogo, Economista y profesor universitario colombiano, miembro del Consejo Internacional de la FYL (www.federalismoylibertad.org)  y autor de La iglesia (agazapada) en la violencia política (www.amazon.com)

 

 

 

[i] Congote, B. (2011) La iglesia (agazapada) en la violencia política. Charleston (EU): disponible en www.amazon.com (Capítulo 3).

[ii] Http://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/Eligiendo-entre-peores Junio 19 2018.

[iii] Congote, B. (2003), Cultura autoritaria, impermeabilidad política y <<cultura de la violencia>>. En Revista de Estudios Socio Jurídicos, Bogotá: Universidad del Rosario, pp. 276-307.

[iv] Nietzsche, F. (1981). La voluntad de poderío. Madrid: EDAF. Aforismos 150 y siguientes.

 

Comentarios