Bernardo Congote

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La educación y sus engaños

El actual debate educativo superior, arriesga perderse en múltiples distracciones. Presupuestalmente, distrae en relación con que el monto deseado para la educación (aprx. $80.000 millones) duplicaría la asignación programada actual (aprx. $41.000  millones); distrae porque se critica como escasa a la mayor asignación presupuestal del Estado colombiano, (por rubros le sigue Defensa con aprx. $33.000 millones); y, por lo tanto, distrae porque el fijar la duplicación de lo asignado como condición para negociar, reduciría toda discusión a un espejismo. Algo indigno de un proceso que cuenta con intelectuales que, se supone, articulan la esencia del sector educativo superior.

Administrativamente, distrae porque nadie toca este aspecto. Los presupuestos no se basan en deseos. No conocemos públicamente que el presupuesto educativo obedezca a determinado criterio gerencial. Un mecanismo adecuado consistiría en pedirles a las universidades públicas que calcularan sus presupuestos, por ejemplo, bajo el método con base en cero. De esta forma, cada dependencia estimaría sus ingresos-gastos partiendo del supuesto de que no hay recursos. Lo que fuerza a aplicar criterios rigurosos de planeación que produce estimaciones realistas. Así se disolvería la actual logorrea profesoral y estudiantil, a la que se sumaría la de un gobierno demagogo que. de la noche a la mañana. se encuentra $ 500.000 millones nuevos dentro de algún orificio.

También distrae conceptualmente porque, bajo un criterio riguroso educativo, el presupuesto debería ser producto, no causa de la misión y visión educativa. Porque ¿cuáles son estas misión y visión? ¿Las conocemos en medio de pedradas, guitarras y discursos lastimeros de los rectores? No. ¿Se ha preguntado alguien acerca del abordaje que está haciendo la educación superior pública sobre la moderna forma de conocer cuántica?  Tal vez no. Y, por tanto, ¿se ha preguntado acerca del cambio de paradigmas de enseñanza y aprendizaje hacia la incertidumbre, la probabilística y la inestabilidad de procesos y resultados? Tampoco.

Estructuralmente, distrae porque no se ha expuesto en el debate que la educación superior colombiana puede ser, hoy, la caneca de desechos emitidos por la educación media y pre – escolar. Que los colegios privados y públicos, con algunas excepciones que confirman la regla, están entrenando por fuera de paradigmas modernos que lanzan educandos hacia la educación superior víctimas de carencias notables en lógica matemática, metodología, filosofía, lecto-escritura y ¡quién lo creyera! en comprensión y operacionalidad aritmética. Sinrazones por las cuales, buena parte de la primera energía educativa superior se dedicaría hoy a suplir (sin éxito, ni obligación y con altos costos) estas falencias de la educación básica.

 

Y funcionalmente, distrae porque este cuadro devela la probabilidad de que estemos graduando estudiantes condenados a la frustración profesional. Porque las empresas, ellas sí obligadas a transformaciones de fondo que exigen pensamiento crítico y capacidad de análisis en el profesional, se topan con graduados que, difícilmente, han salido del analfabetismo literal y, probablemente, han caído en otro peor: el funcional.

A manera de balance, este panorama sería de extrema gravedad. Existiría la posibilidad de que el aparato educativo del Estado colombiano sea, todo él, víctima y propiciador de múltiples distracciones que esconden el fondo de las responsabilidades. Las mismas que le abrirían espacio a múltiples engaños.

Estaríamos enfrentados por tanto a que, por un lado, algunos estudiantes y profesores pretendieran engañar al Estado (a todos nosotros) para que hagamos realidad sus infinitos deseos. A que, en paralelo, el Gobierno también engañe a los primeros porque, denunciando que no tiene recursos, de un momento a otro los encuentra por aquí o por allá. También a que algunos rectores pretendan engañar agravando el panorama, cuando exigen recursos que, por un lado aparecen siempre escasos pero, por el otro, sin explicar el grado de rigor gerencial con el que los administran. Y, peor, porque buena parte del cimiento educativo pre escolar y básico, estaría fallando al promover hacia la educación superior a decenas de analfabetos aparentemente ilustrados.

Fenómeno éste al que convendría agregarle la corresponsabilidad de ciertas comunidades religiosas cristianas que, tradicionalmente, han monopolizado la instrucción copando todos los niveles educativos. Energéticamente concentradas sólo en retransmitirles su fe a niños y jóvenes, por necesidad se ven obligadas a dejar en segundos planos la formación científica y metodológica de sus educandos.Y este sería el peor de los engaños.

 

Nietzscheana. Si la sociedad inviertiera en educación lo que se ha gastado en iglesias, otro sería el panorama.

Congótica: Los profesores universitarios invertimos buena parte de nuestra energía en resolver los huecos que abren tanto la educación básica como la pre escolar.

 

Bernardo Congote es profesor universitario colombiano y miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (Argentina). www.federalismoylibertad.org

 

Categorías Política

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