Bernardo Congote

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Germán Holguín, el vallecaucano solitario

Ha muerto Germán Holguín. Suena exótico que un gran vallecaucano muera en Bogotá. Pero no lo es en este caso. Hay algo gris en la historia. Germán Holguín puede haber sido uno de los pocos desplazados de cuello blanco que sume su nombre a nuestra penosa historia como nación.

Germán se lanzó a impulsar el pesado barco de la vallecaucanidad. Y se lanzó desde bien arriba porque invirtió en el Valle del Cauca sus notables saberes, afectos y ahorros.

Nos abrió la puerta a varios “extranjeros” en Cali. Porque entre sus saberes, contabilizó una acertada percepción de lo global, harto escasa en el enclaustramiento terrateniente vallecaucano. Uno que todavía afecta a varios de los que pasaron desde la mayordomía hacia la industria, sin pena y sin gloria.

Cierta parte de la historia del Valle del Cauca estaría dividida entre quienes se arrodillaron a la entrada del capital extranjero (que salió como entró);  quienes decidieron invertir sus ahorros para competirle (como Germán Holguín); y quienes siguen repartiendo el abundante tiempo libre de su mayordomía azucarera, entre las dulces ventiscas del Oeste caleño y las playas de Miami.

A lo que cabría añadir que, probablemente, el hecho de que Buenaventura no se haya consolidado como el primer y gran puerto que fue en Colombia, estaría explicado en que buena parte de los mayordomos vallecaucanos nunca aceptaron que ese puerto estuviera habitado y gobernado por “negros”…

Germán, en contraste, fue pionero. Y se hizo el primer caleño que le bailó a Pedro Gómez al mismo paso y compás. Y como símbolo de su talante, construyó Holguines Trade Center sobre el andén opuesto al de Unicentro Cali. Podría decirse que en esos dos hechos, Cali comenzó a escribir su nueva historia como ciudad.

Pero eso no fue todo. Germán Holguín también inspiró a los Garcés, mostrándoles que en Cali era posible hacer grandes cosas. Y sí que lo hicieron transformando a Unicentro y, a la par, urbanizando su extensa plantación del sur de Cali.

Germán, además, se llevó desde Bogotá a los exitosos hoteleros Estefan, promotores del por entonces revolucionario Bogotá Royal; y allí mismo en su Trade Center construyó el primer hotel de Cali sobre el por entonces, desconocido modelo de las inversiones privadas en suites hoteleras.

Y cuando logró de esta forma ensanchar las fronteras del “pueblito” que insistía en seguir siendo Cali hasta entrados los 80s, decidió regalarle algo grande al Valle del Cauca. Y a Colombia. Y soñó con el Lago Calima donde, a la sazón, casi que pretendió “ahogarlo” la comunidad empresarial vallecaucana.

Calima Resort, megaproyecto turístico que reunió en el Valle a los mejores profesionales colombianos y estadounidenses, se topó en su desarrollo con el presunto pecado que le endilgaron los “momios” caleños a Germán, cuando por los 90s fungía como Presidente de su Consejo Gremial: Germán Holguín fue lacerado por oponerse al defraudador gobierno de Ernesto Samper.

Y allí fue Calima. Digo ¡Troya! Las expectativas de desarrollo comercial del gran proyecto se vieron torpedeadas por las cuentas de cobro que le pasaron a Germán sus colegas, aprovechando la conseja pueblerina. Los mismos que, al dejarlo solo, mostraron escasísimo valor civil desconociendo su llamado a adoptar una  oposición política digna.

Sus cuentas no dieron. Sus deudas se hicieron impagables. Y su patrimonio quedó, como el de todo hombre de bien, en manos de sus acreedores.

Así llegó Germán a Bogotá en el cruce de los siglos XX y XXI. Y, entre sus destinos, eligió llamar a mi modesta oficina de consultoría. Allí evaluamos qué podíamos hacer juntos en Bogotá.

Nunca, como su contratista de cabecera en Cali por buenos años, ponderé tanto la inmensa dimensión de Germán Holguín como aquella mañana en la que cruzó el umbral de mi oficina localizada en El Lago bogotano.

Y todavía mejor, nunca vi grandeza de tal magnitud cuando, paso a paso, fui espectador de cómo logró durante los años 2000 abrirse las puertas de la Bogotá cosmopolita también como destacado directivo gremial.

El dignísimo y ejemplar vallecaucano solitario, Germán Holguín, murió en Bogotá hace unas horas. No fue un error. Porque como nos lo enseñaron Ana y Jaime por los años 70s,  no se es de donde se nace sino de donde se lucha. ¡Honores en su tumba!

Congótica. Los hechos aquí descritos son versión responsable del bloguero. Dueños de otros hechos podrán confirmarlos o falsearlos. Pero deberán presentar hechos, no consejas.

Congótica 2. Germán fue, para el suscrito, pater et magister. En vida le dije Gracias. Hoy se las renuevo.

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