Bernardo Congote

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¿De familias tradicionales a empresas criminales?

Son muchos los discursos defendiendo la familia. Los discurseros la llaman célula de la sociedad, bastión de la moral cristiana, hornilla del cuidado infantil y hasta esencia del amor sagrado. En fin.

Pero pasando de la teoría a la práctica, nos encontramos con una realidad que atropella. Sobre todo, cuando ciertas familias han logrado, mediante todas las formas de lucha, combinar el dinero con la política, particularmente en la Costa Atlántica colombiana.

Un balance que acabo de hacer por no más de diez minutos en la web muestra que particularmente en esa región, durante los últimos 30 o 40 años, familias buscando notoriedad o emergentes aspirantes a notables, se apoderaron de su economía y su política. Y en otros casos las que, apoderándose de la política, crecieron económicamente.

La mecánica que se discute y acuerda en muy cristianos almuerzos familiares, consiste en invertir las ganancias de algunos negocios para corromper la política. Sea mediante la compra de votos, la compra de contratos, la compra de puestos públicos o todas las anteriores, las ganancias suelen pasar olímpicamente de dinero en blanco (léase: visible) a dinero en negro (léase: invisible).

El rápido balance destaca una familia en la Guajira asociada al paramilitarismo; otra originaria de Caldas que se asentó en Cesar y Bolívar apropiándose de haciendas marcadas por la belleza y la cruz.

Hubo otra que naciendo corruptamente en el Atlántico exportó sus herederos para Bogotá, no sin antes educarlos muy javerianamente, buscando superar la dudosa herencia de sus mayores por los lados de la Calle 26.

También existen relaciones interdepartamentales. Entre Bolívar y Atlántico, dos familias muy cristianas y exitosas se apoderaron por décadas del poder (y de  los contratos) públicos. Hasta que no hace mucho, una advenediza de perfil operático los puso al desnudo. Ni más ni menos, la querían (¿y quieren?) matar.

En Bolívar ha habido otra familia que encajó a un robusto pater con una azucarada mater. El primero se encuentra tras las rejas. La segunda, de pronto padeciendo en Miami. No sólo se hicieron a las mejores tierras cartageneras, sino que, hartos de «hacer plata», ascendieron en Bogotá a los mayores cargos del Congreso. ¡Y todo bien!

En el Magdalena hay una familia multifuncional. Años atrás aprendió a tocar marimba. Y sus herederos han progresado hurtando multimillonariamente el suministro y pago de los servicios públicos; despojando al Estado de sus playas para explotaciones mineras ilegítimas y haciéndose beneficiaria de Agroingreso Seguro (¡seguro porque algunos están presos!). Y de pronto tienen una que otra hacienda en tierras despojadas a sangre y fuego paramilitar.

En Córdoba, estimulados por las efervescencias que nacen desde el ubérrimo, varias familias conformaron el clan de “los ñoños”. Los mismos que, sin vergüenza, han pedido que la JEP los cobije  “porque saben muchas verdades”. (No lo dudamos).

Bajando por Sucre, nos topamos con otras familias en un tristemente célebre municipio llamado Sahagún. También exportaron hacia Bogotá todo tipo  de abogados y contratistas que llegaron a enseñarnos “cómo es la cosa por allá”.

Sin rodeo alguno, los siete departamentos de la Costa Atlántica parecen como un pesebre en el que la familia cristiana colombiana ha probado ser eficaz defensora de sus derechos humanos… Efecto para el cual  hicieron metástasis, impunemente, hacia empresas criminales.

Empresas cuya criminalidad es de alto calibre porque se habrían hecho a grandes capitales y patrimonios convirtiendo en privados los, de suyo escasos, dineros de los contribuyentes.

Pero el problema costeño se ha vuelto nacional. Hacia los años 2.000, con plata de todos los colombianos, les pagamos a los españoles para que “salvaran” a las empresas eléctricas de la Costa, muy bien saqueadas por los padres de las familias actuales.

Y ahora, un ubérrimo representante a la Cámara logró que todos los colombianos estemos pagando, mes a mes, una sobre tasa eléctrica para ayudar ¡por tercera vez! a que esas empresas criminales puedan seguir haciendo de las suyas sin rendirle cuentas a alguien.

Alguna vez comenté en mi familia, una en la que se habla poco de plata, pero mucho de política, que si en Colombia no existiera la Costa Atlántica hace tiempo nos habríamos matado. Pues bien. Estaba equivocado.

Primero, porque con Costa y todo, nos hemos matado desde mediados del siglo XIX. Segundo, porque buena parte del paramilitarismo matón, creció y sigue vivo en la Costa Atlántica. Y tercero, porque algunas familias regionales nos han enseñado que los más caros valores pueden convertirse, sin verguenza alguna, en portentosas empresas criminales.

Congótica. ¿Por qué El Innombrable eligió comprar su hacienda, precisamente en la Costa?

Congótica 1. No escuchamos aún que la agraciada viuda del Ñeñe se encuentre investigada por testaferrato.

Congótica 2. “Ellos hacen aquí lo que quieren, como tienen dinero, se creen los dueños de todo, … y si alguna autoridad les hace un llamado de atención, la ignoran y siguen infringiendo…”[i]

El autor es Subdirector del Grupo SERVIPÚBLICOS (Colciencias B),  Profesor Universitario e Investigador Junior (Colciencias), miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (Argentina – www.federalismoylibertad.org) y escribe el blog argentino: www.federalismoylibertad.org/agenda/artículos

[i] “Poderosa familia del Magdalena no solo robó luz, también desvió ríos y se adueñó de vía”. Extracto de crónica del Diario El Tiempo, Marzo 8 Pg. 1.16.

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