Bernardo Congote

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Bogotá: Ciudad sin Dios, pero con Alcaldesa

No había seguido el proceso post electoral de alcalde alguno. Y lo he hecho con Claudia López desde el 27 de octubre. No he hallado alguna señal disonante. Aparece armónica, autocrítica, empática. Humana[i].

 

Tampoco sé desde cuándo en las posesiones de alcalde en Colombia se omite mencionar el nombre de Dios en los juramentos públicos. Es probable que esa práctica aplicada en Bogotá sea excepcional.

 

No hace mucho fracasé impugnando el hecho de que, por ejemplo, en la Sala Plena de la Corte Constitucional, dominara el paisaje un crucifijo de la confesión católica[ii]/[iii]. Y despertando del año viejo, nos topamos con que, el primer acto de gobierno de cierto alcalde, fue establecer por decreto que “el señor Jesucristo será a partir de hoy, el rey y señor del territorio”(¡)[iv].

 

No obstante, este primero de enero 2020 fuimos testigos, con satisfacción civilista, de lo contrario. En la posesión juramentada, tanto de la alcaldesa como de sus secretarias(os), y más tarde, de los concejales de Bogotá, se omitió la referencia a dios como “testigo” válido del acto.

 

Son abundantes los argumentos probatorios de la forma en que los credos religiosos se han opuesto, sobre todo los católicos en Colombia, a la construcción de Estado, primero y, luego, de Estado civilista[v].

 

Lo que explica el regocijo que produce verificar que ya en la capital de Colombia, la que alberga 1/5 de la población y produce 1/3 del PIB, los aparatos Ejecutivo y Legislativo del poder público acaban de comprometerse a cumplir con sus deberes acudiendo, única y exclusivamente, a la vigilancia de las instituciones republicanas aparejada de veedurías ciudadanas[vi].

 

Ello explicaría la bella paradoja de que Bogotá prometa ser una ciudad sin dios, pero con alcaldesa. Bloqueando así la interferencia de las creencias religiosas en la política que ha logrado que, en particular, la iglesia católica cogobierne agazapada en defensa de sus intereses y privilegios.

 

Es claro que si de esta forma en Bogotá ya impera la Constitución Política, se garantice que las relaciones entre gobernantes y gobernados opere con base en reglas de juego comunes y transparentes. Y, por tanto, es viable que Claudia no ordene abrir la Catedral para que los bogotanos denunciemos sus tropelías ante Dios Jesucristo ( ).

 

Sin embargo otra parte del país sigue arrodillada al corazón sangrante. No es gratuito que el alcalde de marras haya emitido un decreto que “consagra a Dios como ‘único amor y señor’”.  El individuo no está improvisando porque, al menos desde 1810, la Iglesia Católica ha proclamado (a sangre y fuego) que, para ella “lo que vale es la ley de Dios”.

 

Estratagema que ha sido cómplice de la comisión de todo tipo de atropellos. ¡La guerra misma! Para no ir tan lejos, a ese ritmo se desarrolló la perversa gestión de un ciudadano hoy expatriado que, apellidado Ordóñez, se hizo nada menos que Procurador (no sin antes haber comprado los votos de las altas cortes).

 

Conviene recordar que aquel nefasto ciudadano no tuvo límites para atropellar o vejar a quienes se arroparon en la Constitución para defender múltiples derechos de las minorías (abortistas, negritudes, comunidades de género diverso, ambientalistas, etc.).

 

Pero al fin de cuentas y para todos los bienes, a partir de este primero de enero en Bogotá DC, capital de la República de Colombia, gracias a la posesión de una ciudadana profundamente civilista y demócrata como Alcaldesa, Claudia López, contra viento, marea y el centro democrático siguen tomando forma los principios básicos de la democracia[vii].

 

¡Enhorabuena!

 

Congótica. El alcalde de San Vicente, muy “centrodemocrático” él, le ha entregado las llaves del pueblo a “Dios Jesucristo”[viii]. Seguramente pretendiendo que, cuando defraude las expectativas de sus electores, le ordene al cura abrir la iglesia para que el pueblo lo demande ante Dios Jesucristo (no ante la Procuraduría, la Fiscalía o la Contraloría). ¡Y todo bien!

Congótica 2. “Buena parte de las guerras civiles que, desde mediados del siglo XIX, contaron con el combustible derramado desde los púlpitos, se podría explicar ‘en razón a su defensa… de los privilegios eclesiásticos (pues) cuando la Iglesia se sintió amenazada…echó todo el peso de su influencia a favor de las viejas oligarquías terratenientes’ (de las que ella misma formaba parte)[ix].

 

 

El autor es Subdirector del Grupo SERVIPÚBLICOS (Colciencias B),  Investigador Junior (Colciencias), miembro del Consejo Internacional de la Fundación Federalismo y Libertad (Argentina – www.federalismoylibertad.org) y escribe el blog argentino: www.federalismoylibertad.org/agenda/artículos

[i] https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/alerta-la-alcaldesa-fue-besada-publico

29 de octubre 2019

[ii] Impugnación de 23-05-2016, ante la entonces presidente de la HH CC, María Victoria Calle-10-2016.

[iii] Solicitud de declaratoria de impedimento en cabeza de tres magistrados de la HH CC, confesamente católicos, ante la misma Presidente, fechada 25-09-2016, respondida negativamente en 20-10-2016.

[iv] https://www.elespectador.com/noticias/politica/alcalde-de-san-vicente-del-caguan-designa-jesucristo-rey-y-senor-de-su-territorio-articulo-898357 consulta de enero 3 20

 

[v] Congote, B. (2011). La iglesia (agazapada) en la violencia política, págs. 98-185. Disponible en www.amazon.com.

[vi] En buena hora el Veedor Distrital será el libérrimo, más que liberal, Guillermo Rivera.

[vii] Quedaría pendiente valorar si al respecto existe una brecha entre la capital y el resto del país en un tema tan delicado para la salud republicana.

[viii] https://www.elespectador.com/noticias/politica/alcalde-de-san-vicente-del-caguan-designa-jesucristo-rey-y-senor-de-su-territorio-articulo-898357 consulta de enero 3 20

[ix] Congote, B., Cit. Pág. 141.

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