En los casos de acoso sexual es mejor esperar a que la justicia dictamine si hay culpabilidad o no.
En los casos de acoso sexual es mejor esperar a que la justicia dictamine si hay culpabilidad o no.

El país entero se encuentra en medio de un debate que, valga decirlo, se le ha hecho el quite y se ha minimizado por miedo al qué dirán y a las afectaciones que trae al nombre de la empresa involucrada y al de la persona en cuestión.
Hablo de las denuncias y señalamientos por acoso sexual en los que se menciona a periodistas de gran reconocimiento en la opinión pública, quienes han desarrollado una carrera exitosa y gozan de buena credibilidad.
Este debate es molesto, especialmente para quienes rompieron el silencio y decidieron manifestar públicamente su incomodidad por sentirse víctimas de esta inadecuada forma de actuar de quienes ostentan cierto grado de poder en los medios de comunicación —un hecho que no podemos negar, por mucho que nos duela a quienes hacemos parte del universo del periodismo—, porque resulta además injusto para quienes sienten afecto por las personas involucradas.
No solo los pone a dudar, sino que también los deja bajo la mirada de los amigos de la víctima, quienes empiezan a señalarles de avalar estas prácticas.
¿En qué momento llegamos a esto? Es posible que la misma industria de la información en Colombia, al dejarse influenciar por la tendencia de poner frente a las cámaras y micrófonos a mujeres y hombres con determinadas características físicas, haya contribuido a ello.
Esto hace que los periodistas luzcan no como profesionales en el oficio, sino como si se tratara de modelos caminando en una pasarela o de un concurso de belleza. No nos digamos mentiras: esto alimenta el morbo de personas con cierto grado de poder, que se aprovechan de quienes tienen la necesidad de asegurarse un trabajo y de escalar en su nivel profesional.
Cuando esto sucede y se da a conocer públicamente de manera involuntaria e inmediata, divide a la sociedad, porque se genera una discusión entre quienes creen y quienes no creen. Es decir, pone a las personas en la incómoda situación de tener que tomar partido.
Se han conocido señalamientos en redes sociales contra periodistas que han hecho carrera en medios privados y gozan de gran reconocimiento en la opinión pública, y también contra el gerente de RTVC, Hollman Morris. Todos estos casos han desatado la conformación de dos “ejércitos”: quienes creen y quienes no creen.
Quienes creen se ponen del lado de la persona que asegura ser la víctima y juzgan con dureza al supuesto victimario. Por su parte, quienes no creen se ubican al lado de la persona señalada y la defienden con vehemencia, incluso enfrentándose verbalmente en redes sociales con la contraparte.
Ya hemos visto a quienes celebran el retiro de presentadores y periodistas de los medios privados que están inmersos en este escándalo, sin darles el beneficio de la duda y sin pensar en el daño reputacional que se les podría causar en caso de que la investigación arroje resultados a su favor.
También vemos la publicación de una carta firmada por un grupo de mujeres que piden al presidente de la República, Gustavo Petro, no retirar del cargo de gerente de RTVC a Hollman Morris hasta que haya un veredicto por parte de la justicia. “El señor Morris no ha sido sancionado, ni penal, ni disciplinaria, ni fiscalmente, por actos de acoso sexual, acoso laboral ni detrimento patrimonial del Estado”, recuerda la carta en uno de sus apartes.
Del otro lado, están quienes piden su salida inmediata y lo juzgan sin considerar que, al igual que en los casos anteriores, la justicia podría determinar su inocencia.
El acoso sexual existe, eso es cierto, es innegable. Lo digo porque lo he visto en empresas privadas donde trabajé en el área administrativa, en medios de comunicación y también en ONGs de izquierda que, irónicamente, tienen como misión la defensa de los derechos humanos.
Por lo general, las víctimas son mujeres que llegan con el ánimo de crecer profesionalmente y, a las pocas semanas de ser contratadas, se ven asediadas por hombres con poder. Vale decir también que se han visto casos de acoso hacia hombres, sin que estos puedan decir “esta boca es mía”, porque ahí no hay quien les crea.
¿Qué hacer en estos casos? Lo mejor sería informarse y preguntar por cada situación en particular, porque he visto que en ocasiones se trata de simples coqueteos o piropos que hoy en día pueden considerarse inapropiados y, en algunos casos, ser catalogados como acoso. Pero, por supuesto, también puede existir un interés real de aprovecharse de una persona en condición de vulnerabilidad; ahí es donde la justicia debe actuar.
Lo más importante es permitir que las investigaciones sigan su curso y que determinen si existe o no culpabilidad.
Nota recomendada: No mienta senadora Paloma Valencia, no mienta
Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.