Estoy de acuerdo con quienes opinan que la única manera de sacar a Nicolás Maduro del poder en Venezuela era a través de una intervención militar, porque las vías de diálogo ya estaban agotadas y era claro que el dictador no saldría del Palacio de Miraflores por voluntad propia.

La pregunta del millón es si el gobierno de los Estados Unidos era el indicado para hacer esa tarea.

Nicolás Maduro tendrá que responder judicialmente en los Estados Unidos por el delito de narcotráfico y pare de contar; de modo que a las víctimas del régimen no habrá quien las repare, entre otras cosas porque a Donald Trump le importan poco las personas que resultaron afectadas por los años de dictadura en Venezuela.

Sí, señores: a Donald Trump no le importan las víctimas de Nicolás Maduro. De ser así, habría entregado al dictador en manos de la Corte Penal Internacional y no a un tribunal de los Estados Unidos.

Tampoco le importa la democracia, porque ¿cómo se explica que no haga nada por Haití, Nicaragua y Cuba, y además por El Salvador, donde Nayib Bukele está incubando una dictadura, aunque sea de derecha?

Lo que le importa a Donald Trump es el petróleo y, para hacerse a los petrodólares, hará todo lo que esté en sus manos para controlar su compra y venta.

De modo que quienes se alegraron en Colombia —hablo de los políticos de la derecha que deliran cuando se les pone una cámara y un micrófono de algún medio de comunicación, y que se valen de las redes sociales para expresar cuanta tontería se les ocurre y demostrar la mediocridad con la que se ha abordado la oposición a Gustavo Petro— pueden ir haciendo nuevas cuentas, pensar mejor y analizar qué tan bueno para nuestro país es tener a Donald Trump de vecino.

Por supuesto, no faltó tampoco quien, en medio de la euforia y el fanatismo desmedido, se le ocurriera proponer una intervención militar de los Estados Unidos en nuestro país, sin pensar primero que, si Trump entra en Colombia, de aquí no lo saca nadie, y que el próximo presidente se vería obligado a ser una especie de peón del mandatario norteamericano.

Así mismo sucederá en Venezuela. Dudo que ese supuesto período de transición sea corto; esto durará años, por lo menos mientras Donald Trump permanezca en la Casa Blanca.

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Algo similar podría ocurrir en nuestro país en caso de que, tras un ataque a campamentos del ELN, de las disidencias o del Clan del Golfo en territorio venezolano, se dé una persecución en caliente y los militares estadounidenses se vean obligados a ingresar a territorio colombiano. De aquí no los saca nadie, y ahí sí los calenturientos de la extrema derecha, como Abelardo de la Espriella y Lina Garrido, podrán entender un refrán que dice, a la letra:
“Cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir.”

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