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Hidroeléctricas: Una amenaza para las comunidades y para el Parque Nacional Madidi en Bolivia

La posible construcción de dos hidroeléctricas podría cambiarle la vida a los pobladores de las comunidades indígenas y alterar drásticamente la dinámica del ecosistema andino-amazónico de Bolivia.

El parque Madidi tiene una poblacion de 300 jaguares

(Mongabay Latam / Eduardo Franco) Waldo Valer Salas, guía de nuestra expedición, lanza dos petardos al aire y el estallido produce un ruidoso eco que retumba en la selva. Es la única manera de anunciar nuestra llegada. Al cabo de unos minutos una canoa, o peque, motorizada se aproxima hacia nosotros a toda velocidad sobre un rebalse del río Beni. Vienen a buscarnos. Mientras tanto, un grupo de guacamayos macao pasan volando por encima de nosotros y una docena de monos ardilla nos observan atentamente desde los árboles. Subimos a la canoa y a los cinco minutos de navegación aparece un grupo grande de hombres,  mujeres y niños, son los indígenas Tsimanes y Mosetenes de la comunidad Torewa. Vienen a darnos la bienvenida.

“Hola gringos. ¡Llegaron los gringos!”, grita un niño de unos cinco años a sus amiguitos que vienen corriendo descalzos sobre el pasto húmedo, vestidos con camisetas de fútbol que les llegan hasta las rodillas.

-¿Hola, cómo se llaman? – les pregunto.

-¡Yo soy Van Damme! ¡Yo me llamo Rambo!- me responden entre carcajadas antes de salir corriendo.

Demetrio Arce transportando sus plátanos. Foto: Eduardo Franco.
Demetrio Arce transportando sus plátanos. Foto: Eduardo Franco.

 

Torewa en la lengua Tsimane` o Chimane significa lugar de encanto. Esta es una comunidad de 46 familias conformada por grupos indígenas Tsimanes y Mosetenes, asentada en un área de 300 hectáreas dentro de los bosques del Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) y Parque Nacional Madidi, cuya superficie total es de 1 895 750 hectáreas. Torewa es una de las 17 comunidades que podrían ser afectadas por la construcción de las represas proyectadas en el cañón de El Bala y El Beu, sobre el río Beni.

La supervivencia de esta comunidad se basa en el consumo de carne de monte proveniente de la cacería de subsistencia, que es permitida a los pueblos indígenas de Bolivia de acuerdo a sus usos y costumbres. Su alimentación varía entre carne de pava, mono aullador, chancho tropero, peta, taitetú y anta. Pero también consumen pescados del río, como el bagre y el pintado. La comunidad también siembra plátano, yuca y frutas, el plátano que cosechan lo transportan en canoas hasta el Municipio de Rurrenabaque donde venden cada racimo a 25 o 35 bolivianos (entre 4 y 5 dólares americanos), dependiendo del tamaño. Con este dinero compran algo de víveres para la comunidad.

Domingo Ocampo, de 60 años, tiene los cabellos blancos, la mirada penetrante y una voz apacible. Viste una camisa blanca y unas sandalias de suela de neumático. “Gracias por su visita, nos sentimos felices porque vemos que alguien se acuerda de nosotros”, nos dice al recibirnos. Domingo es de origen Mosetén, es uno de los dirigentes de Torewa y con voz entrecortada nos relata el temor que persiste entre los miembros de la comunidad al enterarse de las intenciones que tiene el Gobierno Boliviano de construir las dos hidroeléctricas. “Nosotros no atacamos las buenas intenciones que pueda tener el Gobierno, pero debe tener en cuenta que está de por medio nuestra existencia, nosotros vivimos acá (…) y no solo es Torewa, son alrededor de casi 20 comunidades que serían afectadas por las represas”, narra con preocupación Ocampo.

Mujer Tsimane e hijos reposan a orillas de Torewa sobre el rebalse del río Beni. Foto: Eduardo Franco.
Mujer Tsimane e hijos reposan a orillas de Torewa sobre el rebalse del río Beni. Foto: Eduardo Franco.

 

Madidi, rumbo a ser el más biodiverso

Celso Apo es un hombre bastante delgado, padre de siete hijos y uno de los cazadores más hábiles de la comunidad. “Este es nuestro territorio, aquí nacimos, aquí vivieron y murieron nuestros ancestros, no hemos comprado estas tierras a nadie, sino que las hemos heredado de nuestros abuelos”, cuenta  mientras se interna en la selva en búsqueda de la pava jaspeada.

A dos horas de haber iniciado la caminata escuchamos un aleteo en medio de los arbustos, Celso nos pide acostarnos sobre el suelo y permanecer en silencio. Mientras, debemos soportar las picaduras de decenas de mosquitos y algunas hormigas. Delante de nosotros, una pava jaspeada Ortalis guttata come gustosamente los restos putrefactos de un racimo de plátanos, una enseñanza de que en la selva nada se desperdicia. Celso nos susurra la importancia que tiene esta ave en la alimentación y cultura del pueblo Tsimane y Mosetén. Tanto así, que uno de sus bailes típicos está dedicado al ave.

Desde el año 2015 el proyecto Identidad Madidi de Wildlife Conservation Society (WCS) busca incrementar el conocimiento general de la biodiversidad del Madidi y demostrar que es el Parque más biodiverso del mundo. Y están cerca de lograrlo.  Esta área representa apenas el 0,0037 % de la superficie total del planeta y sin embargo, alberga el 3 % de las plantas superiores, el 3,75 % de los vertebrados (1466 especies) y el 11 % de las aves que existen en el mundo.

Pava jaspeada comiendo plátanos en la selva. Foto: Eduardo Franco.
Pava jaspeada comiendo plátanos en la selva. Foto: Eduardo Franco.

 

Recientemente los científicos de la WCS registraron la presencia de más de 1000 especies de aves, equivalente al 70 % de las especies que alberga Bolivia. Así también, identificaron 1000 especies de mariposas y una población estimada de 300 jaguares. Para la WCS, estas cifras colocan al Parque Madidi como uno de los baluartes de vida silvestre en América Latina y el mundo entero.

El área alberga sabanas prístinas y tiene los bosques montanos más extensos y mejor conservados de Bolivia. Su variedad de pisos ecológicos van desde picos nevados de 6000 metros de altura y glaciares, hasta la llanura amazónica, haciendo del área un lugar de confluencia de la región Andina y la Amazonia, lo que ha llevado a influencias culturales mutuas. Incluso, dentro de la zona de protección estricta es probable la presencia de grupos indígenas en aislamiento voluntario como los Toromona. Fue así, que en el año 2000 la National Geographic Society la describió como uno de los 20 lugares de mayor interés turístico en el mundo.

“Si construyen la represa todos nos vamos a hundir”

Demetrio Arce es un hombre bastante robusto, en la comunidad su apodo es mascota. Él nos relata con pasión la leyenda sobre los orígenes del cañón de El Bala. Cuenta la historia que un mono manechi aullaba con toda sus fuerzas cuando Dojity (el creador del mundo Tsimane`) lo vió, el mono saltó gritando mientras alarmaba a las demás fieras que habitaban el cañón, pero antes de que continuase Dojity lo convirtió en una piedra gigantesca y dejó marcado el rostro del mono aullador en el perfil del cañón, como un símbolo sagrado de su paso por este sector. Por eso, El Bala es bastante respetado en la cultura del pueblo Tsimane y Mosetén.

Demetrio no puede ocultar su preocupación, teme que su pueblo pueda perder todo lo que tiene. “Estamos viviendo bajo una gran amenaza, nos han informado que planean construir las dos represas. Si eso sucede, todos nos vamos a hundir y lo perderemos todo: nuestras plantas, animales y hogares.”

Siguiendo lo establecido en la Agenda Patriótica 2025, el Gobierno del presidente Evo Morales busca convertir al país en el centro energético de América del Sur. Esta meta lo ha llevado a suscribir acuerdos energéticos con países como Brasil para exportar energía eléctrica. Es así, que además de la venta de Gas Licuado de Petróleo al Brasil, se ha aprobado un requerimiento de 8000 mega watts de energía del vecino país.

Demetrio Arce observa la construcción de una canoa el transporte principal de los Tsimanes de Torewa. Foto: Eduardo Franco.
Demetrio Arce observa la construcción de una canoa el transporte principal de los Tsimanes de Torewa. Foto: Eduardo Franco.

 

Por su parte, el 13 de julio de 2016 el Gobierno Boliviano promulgó el decreto supremo N° 2837 que aprueba el estudio del diseño final de la construcción de las hidroeléctricas en el Cañón de El Bala y El Beu, por medio de un acuerdo entre el Gobierno y la empresa italiana Geodata. Se prevé que ambas hidroeléctricas generen 3676 MW de energía que será exportada. La inversión prevista es de 6000 millones de dólares y es considerado uno de los proyectos de mayor inversión en la historia de Bolivia, y la cuarta obra hidroeléctrica más grande de Sudamérica.

Los datos de la Agencia de Noticias Fides (ANF) indican que según el Gobierno, ambas represas generarían 1250 millones de dólares en ingreso anual si esa energía fuera exportada. También, el ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, ha mencionado que el proyecto solo afectaría al 2 % del Parque Madidi.

“Inundándolo esto van a morir no solo plantas, animales y todo lo que haya de vida en esta región, y desapareceremos las comunidades”, se lamenta Domingo Ocampo, dirigente de la comunidad Torewa. La ANF también menciona que en mayo de 2015 las 17 comunidades a ser afectadas, que viven en los ríos Beni y Quiquibey, hicieron llegar al Defensor del Pueblo una resolución con su rechazo al proyecto para que pueda interceder por sus derechos.

Por su parte, el primero de agosto de 2016 el presidente Morales afirmó en el Palacio de Gobierno durante un acto: “No va a faltar algunas hermanos y hermanas que viven bien, pero a veces a grandes proyectos se oponen (…) so pretexto del medio ambiente. Tenemos que cuidar el medio ambiente, es nuestra obligación; pero también tenemos la obligación de cómo buscar o planificar, planificando invertir para que otros rubros nos den plata”.

Guacamayos aliverde Ara chloroptera en el Parque Madidi. Foto: Eduardo Franco.
Guacamayos aliverde Ara chloroptera en el Parque Madidi. Foto: Eduardo Franco.

 

Impactos socioambientales de las represas

Según Damián Rumiz, doctor en vida silvestre de la Universidad de Florida, cuando se llenan las represas toda la fauna terrestre pierde de golpe el sustrato natural y las áreas inundadas generan una alta mortalidad de animales silvestres. Esto ocurre por medios violentos y rápidos como ahogamientos, y otros por medios más lentos causados por las enfermedades que aparecen y la alteración de los ciclos naturales de alimentación de la fauna.

Damián también afirma que la inundación de enormes extensiones de bosque en la Amazonia a causa de estas obras produce un tremendo impacto por la emisión de gas metano (CH4), un gas de efecto invernadero que contribuye al cambio climático y es 25 veces más potente que el dióxido de carbono (CO2). Esto es debido a la extensa masa boscosa que queda sumergida debajo del agua y va pudriéndose por años.

Igualmente, un estudio de la organización International Rivers ha determinado que las mega represas en el Amazonas generan en promedio el doble de emisiones que las centrales convencionales de carbón, esto debido al gas metano que emiten.

Por su parte, los documentos técnicos de la empresa italiana Geodata, publicados recientemente por la Fundación Solón, señalan que el proyecto tendría dos componentes que deben ser desarrollados atemporalmente. En el primero se construiría una represa en el cañón del Beu o Chepete, con un embalse máximo extraordinario de 400 m.s.n.m. que inundaría una superficie de 679.98 Km2 para cubrir una demanda de 3300 MW. Posteriormente, entre 10 a 15 años después, se construiría una segunda represa en el cañón de El Bala con un nivel de inundación de 220 m.s.n.m. para generar 352 MW.

El cañón del Beu Reserva de la Biósfera Pilón Lajas. Foto: Eduardo Franco.
El cañón del Beu Reserva de la Biósfera Pilón Lajas. Foto: Eduardo Franco.

 

Estos documentos también indican que existen 2314 habitantes dentro del área a ser inundada y 1660 personas colindantes al área del Estudio de Identificación, haciendo un total de casi cuatro mil personas afectadas por este proyecto.

También, los documentos anexos a la ficha ambiental del proyecto obtenidos por la ANF y la Fundación Solón, manifiestan que en la región de El Bala y El Beu existen petroglifos grabados en piedra de pueblos milenarios que habitaron la zona hace más de dos mil años.

El estudio realizado por la empresa Geodata afirma textualmente que: “serían 54 los sitios arqueológicos contabilizados en la cuenca media del río Beni, las serranías de Ixiamas y las áreas naturales protegidas Madidi y Pilón Lajas”. Asimismo, Geodata afirma que: “con el cabal entendimiento del panorama arqueológico de la zona se pudo determinar que es de alta sensibilidad arqueológica”.

Las comunidades exigen ser informadas de los detalles del proyecto y que se realice la consulta previa que está respaldada por la Constitución Política del Estado y el Convenio N° 169 de la OIT. Asimismo, debido al alto costo de inversión de la obra, el presidente Evo Morales dejará en manos de la población del Departamento de La Paz la decisión de emprender o no este proyecto. Para ello, serán consultados más adelante por medio de un referéndum.

El peque está listo para regresar a la playa donde dejamos amarrado nuestro bote. El invierno hace bajar las aguas, al frente de la canoa uno de los Tsimanes va removiendo algunas rocas para evitar que dañen la hélice del motor. A nuestro lado pasa la canoa de Demetrio Arce cargada con varios racimos de plátano para vender en los mercados de Rurrenabaque. De repente, su canoa se atasca en un desnivel del rebalse y comienza a inundarse,  todos nos lanzamos desesperados al agua en un intento apresurado para evitar la pérdida de su producción de plátanos. Demetrio sonríe con naturalidad, el hecho parece ser una cotidianidad más para él. Una vez que ingresa al cauce del río Beni, vemos su canoa desaparecer en el horizonte mientras atraviesa por el cañón de El Bala.

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