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Corredores biológicos: ¿Una estrategia contra la deforestación en Colombia?

  • Más de 65 000 árboles se han sembrado en Caquetá como parte de un proyecto que busca conectar fragmentos de bosque nativo y contrarrestar el efecto de la deforestación.

(Mongabay Latam)

Un poco más de la mitad (51,75 %) de Colombia está cubierta por bosques (correspondiente a 59 millones de hectáreas del territorio colombiano), lo que la convierte en el tercer país con mayor superficie de bosques en América del Sur (luego de Brasil y Perú). Pero en los últimos 25 años se han perdido al menos 5 millones 915 300 de hectáreas de bosque, particularmente en el norte de la cordillera de los Andes, la región Caribe y la Amazonía según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM).

El escenario de las últimas décadas en Colombia, caracterizado por la expansión de la frontera agropecuaria, la emergencia de cultivos ilícitos, la minería ilegal y el uso insostenible de los recursos madereros ha contribuido enormemente con la deforestación y la pérdida de la biodiversidad a lo largo y ancho del país.

Corredor biológico en producción ganadera en el piedemonte amazónico de Caquetá. Foto tomada por Fondo Acción.

La deforestación ha sido identificada como la primera causa directa de pérdida de biodiversidad en Colombia, según investigación de 2009 del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (IAvH). Para Germán Andrade, experto en estudios ambientales de la Universidad de los Andes, la deforestación masiva ha producido un cambio notorio en los paisajes regionales y en la estructura ecológica del país. “Hay grandes superficies deforestadas y sometidas a factores tensionantes, más allá de las posibilidades de regeneración natural o de restauración del ecosistema”, sostiene en su estudio “Selvas sin ley. Conflicto, drogas y globalización de la deforestación de Colombia” publicado en 2004.

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De acuerdo a la investigadora de Fedesarrollo Helena García, en Colombia la ganadería extensiva representa casi el 60 % de la deforestación en el país. Esta incluye tanto a aquellas ganaderías que mantienen ganado con fines productivos como las inversiones que solo buscan asegurar la tenencia de la tierra mediante la introducción de ganado en pie. Por el lado de la agricultura el panorama no es tan desalentador, pero en las últimas décadas en el país han tomado fuerza los monocultivos como la palma africana y la caña de azúcar, que están muy distantes de integrarse a un ensamblaje forestal.

Por otra parte, según datos del Observatorio de Drogas de Colombia, desde 1972 hasta mediados de los años 80 se talaron al menos 90 000 hectáreas en la Sierra Nevada de Santa Marta para promover el cultivo de marihuana. En la actualidad, cifras del gobierno colombiano estiman en al menos 146 000 hectáreas de coca y casi 500 de amapola, muchas de ellas establecidas luego de intensos procesos de deforestación.

Propietarios rurales durante el establecimiento de un corredor biológico en Caquetá. Foto de Fondo Acción.

Según el documento técnico que plasma la Política Integral de Gestión de la Biodiversidad y sus Servicios Ecosistémicos en Colombia (2012), en los años 80 y 90, la cobertura boscosa del país disminuyó en 1 millón 289 000 hectáreas (tasa anual media de 0,15 %), con mayor intensidad (0,97 %) asociada con cultivos ilícitos en La Macarena (oriente del país). En el piedemonte de la cordillera oriental y occidental (departamentos de Putumayo y Nariño) hay tasas altas (0,74 %), también asociadas con estos cultivos. La región Andina (centro del país) perdió 1 millón 750 000 hectáreas (13,68 %) entre 1985 y 2005, principalmente por actividades agropecuarias y mineras. La cuenca del río Magdalena (centro oriente del país) presenta una complejidad mayor, asociada con situaciones sociales y ecológicas supremamente diversas.

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Previamente, el informe “Gobernabilidad, instituciones y medio ambiente en Colombia”, publicado por el Foro Nacional Ambiental en 2008, había concluido que la deforestación inducida por la potrerización ha ido causando fuertes efectos en la biodiversidad y que el impacto de los cultivos ilícitos ha sido innegable (particularmente en los parques naturales), pero las perspectivas de mediano y largo plazo de un modelo de desarrollo basado en la extracción de minerales e hidrocarburos (como el planteado hoy en día en el país) y su incidencia sobre la tasa de deforestación, puede causar un impacto aún más fuerte debido a la contaminación de aguas y suelos.

¿Qué son los corredores biológicos?

Debido a la deforestación y a sus consecuencias, los científicos conservacionistas han planteado varias soluciones potenciales. Dentro de estas se destaca el uso de corredores biológicos para incrementar la conectividad entre fragmentos de bosque.

Corredor biológico establecido entre dos predios rurales en Caquetá. Foto de Fondo Acción.

 

Si bien el establecimiento de corredores biológicos también ha sido controversial (su implementación es costosa y en muchos casos no se evalúa su eficacia en la conectividad de poblaciones, pueden favorecer la dispersión de enfermedades, plagas, depredadores o la propagación de incendios forestales), diversos especialistas sostienen que es la mejor alternativa para conectar poblaciones naturales y fragmentos de bosque.

Así lo estima José Fernando González, biólogo conservacionista y director del Proyecto de Conservación de Aguas y Tierras (ProCAT): “Los corredores son una herramienta de conservación y no deben ser el fin último”. Para González, quien es además presidente del grupo de especialistas en carnívoros pequeños de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una de las críticas a los corredores es no tener claro qué se está conectando. “No se trata de conectar por conectar, no tiene sentido conectar dos bosques vacíos o aquellos que sean sumideros de fauna. Eso sí, los corredores son fundamentales a nivel de costo beneficio porque si bien las áreas naturales protegidas son importantes para la conservación, no las puedo tener por todo lado. En cambio, los corredores biológicos son menos requirentes de área y pueden contribuir al mejoramiento de la vida de la gente y a la vez pueden promover la conservación de los servicios ecosistémicos”, dijo a Mongabay Latam.

Los corredores son definitivamente una estrategia fundamental en el mantenimiento y persistencia de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, particularmente en aquellos paisajes rurales y urbanos donde los fragmentos de ecosistemas y hábitats naturales cada vez cubren menos área y se encuentran generalmente desconectados unos de otros”, aseguró Juan David Amaya, biólogo e investigador de la Universidad Javeriana. Para Amaya existen múltiples ejemplos exitosos a nivel mundial y nacional. “Casos como el del corredor creado para el paso de lobos en el Parque Nacional Jasper en Alberta, Canadá, o el del Corredor Barbas-Bremen en el municipio de Filandia, Quindío (centro de Colombia) que se ha comprobado restauró la conectividad para grupos de monos, aves y otros pequeños mamíferos, son buen ejemplo de ellos”, asegura.

jaguar colombia
La pérdida del hábitat contribuye al aislamiento de poblaciones naturales y aumenta el riesgo de pérdida de biodiversidad. En la imagen, un jaguar en corredor biológico de la Sierra Nevada de Santa Marta. Foto tomada por ProCAT

No obstante, el establecimiento de corredores biológicos no es tarea fácil ni algo que se puede hacer sin contar con los insumos necesarios previamente. Para Amaya “en primer lugar se debe comprender qué queremos conectar y qué queremos lograr con esto. ¿Queremos que esa conectividad facilite el movimiento de una libélula, el de una tingua o el de algún proceso que estas especies desarrollen?”. Amaya enfatizó a Mongabay Latam que este proceso debe incluir gestión de información sobre los ecosistemas y las poblaciones naturales que se buscan conectar o sobre aquellas presiones antrópicas existentes.

En esto coincide González, quien aseguró que para establecer un corredor biológico es preciso contar con información científica de fondo que permita definir indicadores que ayuden a su vez a tomar decisiones. “Si bien es importante la información estructural, dónde hay bosque y dónde no hay, se deben incorporar otros criterios biológicos como la estimación de ocupación y de variables que afecten la movilidad de una especie en el paisaje” dijo.

Propietarios rurales durante el establecimiento de un corredor biológico en Caquetá. Foto de Fondo Acción.

ProCAT viene trabajando bajo un modelo de circuitos o pinch point para definir las rutas de conectividad dentro de un corredor biológico. “Es algo pionero, que con un soporte biológico fuerte permite tomar decisiones sobre la marcha y definir las rutas de conectividad óptimas”, aseguró González.

Para el establecimiento del corredor biológico del Programa Paisajes Conectados en el departamento de Caquetá, dentro de muchos indicadores que se definieron, fue necesario identificar los objetos de conservación que se podrían beneficiar potencialmente. “Se hizo un estudio de conectividad con análisis de coberturas y se tuvo en cuenta el mono churuco (Lagothrix lagotrichia) en la región de piedemonte amazónico, pero también se trabajó con la gente en campo para identificar los lugares importantes para la comunidad” le dijo a Mongabay Latam Andrea Montero, administradora ambiental y especialista en monitoreo y evaluación del Proyecto Paisajes conectados en Caquetá liderado por el Fondo Acción y otras organizaciones como Amazon Conservation Team en el sur del país.

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El éxito de todos estos procesos, requerirá trabajar también en la recuperación de la calidad de hábitat de esos espacios de tal manera que sean realmente aptos para esas poblaciones que queremos conectar. Igualmente, involucrar a la sociedad civil en la planificación e implementación de estas iniciativas como única forma de dar viabilidad a largo plazo a estos espacios través de su apropiación social”, dijo Amaya.

Al respecto, Montero aseguró que “el corredor biológico toca negociarlo con cada propietario porque es en su predio donde se está estableciendo. Con el tiempo, se dará cuenta de los beneficios de los corredores dentro de su finca, verá los resultados positivos y hará corredores adicionales”.

Una versión ampliada de este reportaje apareció en Mongabay Latam. Puedes leerlo aquí.

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