avistamiento in situ de la especie G. sellanesi durante la expedición del margen continental de Chile, a bordo de la embarcación Falkor (too). Foto: cortesía Javier Sellanes
  • Graneledone Sellanesi, un pulpo capturado en 2007 frente a las costas de Chile, fue confirmado como especie nueva en 2026.
  • La combinación de estudios morfológicos y análisis genéticos fue determinante para distinguirlo de las 10 especies ya conocidas del género Graneledone.
  • Las colecciones de museos naturales y la colaboración internacional fueron indispensables para obtener las muestras necesarias para los análisis.
  • El descubrimiento ocurre mientras la taxonomía enfrenta una crisis de recursos humanos y una carrera desigual contra la pérdida de biodiversidad.

Era 2007 y Javier Sellanes llevaba cuatro años explorando el fondo marino del margen continental de Chile. El oceanógrafo uruguayo estaba a bordo de un crucero científico, investigando zonas de filtración de metano. Tras hacer una rastra científica, que consiste en arrastrar una red por el lecho durante unos 10 minutos, salió un pulpo con características que no coincidían con las especies conocidas. Diecinueve años más tarde y tras una exhaustiva investigación sería nombrado en su honor: Graneledone sellanesi.

“Cuando sacas muestras a esas profundidades y en áreas del mundo tan poco estudiadas como Chile o Perú, lo que sacas tiene un potencial muy alto de ser nuevo para la ciencia”, dice en conversación con Mongabay Latam el profesor titular del Departamento de Biología Marina de la Universidad Católica del Norte de Chile.

El animal en cuestión pertenece al género Graneledone, un grupo de pulpos distribuidos en diferentes océanos del planeta. El género tenía diez especies conocidas, Sellanes y sus colegas sospechaban que tenían frente a ellos a la undécima.

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Javier Sellanes a bordo del buque de investigación Falkor (too), en 2024. Foto: cortesía Alex Ingle/Schmidt Ocean Institute

En febrero de 2026, sus colegas Cecilia Pardo-Gandarillas y Christian Ibáñez publicaron un artículo científico en el que confirman que se trata de una nueva especie. Pardo-Gandarillas, todavía emocionada, señala que ha sido una experiencia en la que han experimentado asombro y humildad por revelar un poco del misterio que cobija al océano profundo. “Y orgullo porque estamos contribuyendo al conocimiento científico de nuestro planeta”, añade la bióloga y ecóloga evolutiva de la Universidad Andrés Bello de Chile.

El ejemplar fue hallado al norte de la isla Mocha, en la zona central del país. Ahora se conoce que la nueva especie de pulpo habita entre el norte de las aguas peruanas y el sur de Chile. Su rango de distribución también es amplio en cuanto a profundidad. Está entre los 400 y los 2400 metros de profundidad.

“Le dedicamos el nombre a Javier Sellanes por su trabajo y por todo el conocimiento que ha entregado”, cuenta Pardo-Gandarillas. Para el científico uruguayo que se ha dedicado a estudiar la biodiversidad de los moluscos en Chile, esta es una forma de trascender. “Es un honor que te dediquen una especie, es un reconocimiento”, dice emocionado.

Cecilia Pardo-Gandarillas y Christian Ibáñez analizan muestras en el Museo Natural de Historia Natural de Santa Bárbara, Estados Unidos, en 2015. Foto: cortesía Cecilia Pardo-Gandarillas

Entre la comunidad científica marina uruguaya también hay orgullo. “Recibimos con mucha alegría y en gran sentido de justicia esta novedad”, señala Fabrizio Scarabino, docente investigador del Centro Universitario del Este de Uruguay.

Además, el hallazgo le parece asombroso. “Esto habla de que no solo las especies pequeñitas son desconocidas, sino también las de tamaño importante, y que tenemos especies propias de cada lugar geográfico de este planeta, por lo que cada país o región tienen responsabilidad de cuidar esa biodiversidad”, añade.

Un trabajo de casi 20 años para describir la especie

El buque de investigación Falkor (too) en el Pacífico Sur, navegando sobre la cordillera submarina de Nazca. Foto: cortesía Misha Vallejo Prut/Schmidt Ocean Institute

Pardo-Gandarillas e Ibáñez le han seguido el rastro a esta especie desde antes del crucero científico de 2007, cuando se obtuvo el holotipo o espécimen de referencia. “Esto ya es de varios años de recopilación de información, de muestras, de trabajo arduo”, puntualiza la científica.

En el año 2000 hubo un primer registro del género Graneledone en aguas chilenas y a partir de esa fecha encontraron más ejemplares sin clasificar en el Museo Nacional de Historia Natural de Chile y en muestras obtenidas de pesquerías de profundidad de bacalao (Dissostichus eleginoides) y crustáceos.

Las características del género son la disposición y número de ventosas. Foto: cortesía Javier Sellanes

Recién en 2012 obtuvieron el número suficiente de muestras para reportar el género Graneledone en Chile. Estas especies se caracterizan por habitar aguas profundas, de acuerdo con un artículo de ese año liderado por Ibáñez y en el que también participaron Pardo-Gandarillas, Sellanes y Elie Poulin.

Conocer las características del género fue la base para describir a la especie. Foto: cortesía Cecilia Pardo-Gandarillas

Uno de los rasgos del género es la ausencia de un saco de tinta. Gran parte de los cefalópodos, incluidos los pulpos y los calamares, tienen esta estructura que les permite expulsar un fluido oscuro para distraer o confundir a sus depredadores mientras escapan. Sin embargo, algunas especies del mar profundo carecen de este saco, de acuerdo con la Enciclopedia Britannica.

Después consiguieron más muestras y viajaron a museos naturales de Alemania, Estados Unidos y Nueva Zelanda, donde compararon ejemplares recolectados mediante pesca de arrastre y cruceros de investigación. Al analizar los rasgos fenotípicos, los investigadores encontraron que el pulpo chileno tenía más ventosas que sus especies hermanas y sus verrugas seguían un patrón distinto.

“Sin embargo, estas características diagnósticas han demostrado ser insuficientes para distinguir de manera fiable entre las especies del género”, señalan los autores en el estudio. La dificultad “probablemente refleja el origen relativamente reciente del linaje, estimado en aproximadamente de 3 a 7 millones de años”, explican.

Los estudios moleculares fueron determinantes

Detalle del ojo izquierdo y de un tentáculo del pulpo Graneledone sellanesi. Foto: cortesía Javier Sellanes

Los análisis genéticos confirmaron que se trata de una nueva especie. De hecho, en la publicación científica de febrero de 2026, los autores destacan el valor de la taxonomía integrativa –la que combina el estudio morfológico con los datos moleculares o de ADN– para resolver los límites entre especies del género Graneledone. “Con estas dos herramientas pudimos indicar que estamos frente a una nueva especie”, explica Pardo-Gandarillas.

Para Scarabino, este proceso de casi dos décadas “muestra a la ciencia como una construcción colectiva”. Además, el docente investigador uruguayo destaca la importancia de las colecciones zoológicas. “Los museos como el de zoología de la Universidad de Concepción y el Museo Nacional de Historia Natural en Santiago son instituciones fundamentales para el conocimiento de la biodiversidad de Chile, de Sudamérica y del mundo”, agrega.

El artículo científico, que se publicó en el Journal of Marine Science and Engineering, apunta las principales características del pulpo recién descrito. Es de tamaño mediano, con una longitud que oscila entre 52 y 81 centímetros y, como las especies hermanas, carece de un saco de tinta.

Cecilia Pardo-Gandarillas junto a un pulpo de la especie Octopus mimus. Foto: cortesía Cecilia Pardo-Gandarillas

Presenta una sola fila de ventosas en brazos de longitud similar. El tercer brazo derecho es más corto y tiene menos de la mitad de ventosas que el brazo opuesto. “Entre todos los caracteres examinados, el número de ventosas opuestas proporciona el rasgo morfológico más sólido”, de acuerdo con la publicación.

Los científicos detallaron que G. sellanesi tiene ojos grandes, proyectados y se posicionan en forma más lateral que frontal. Representan aproximadamente el 20 % del tamaño de su manto.

Con la descripción formal del pulpo hallado en Chile, el género ahora comprende 11 especies reconocidas a escala mundial. Para los autores, esto subraya la necesidad de actualizar los análisis moleculares para afinar la historia evolutiva de este grupo de pulpos de aguas profundas. Según investigaciones previas citadas en el artículo, se cree que el género Graneledone se originó en el Océano Antártico.

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La investigación frente a la triple crisis planetaria

Investigadores de la Universidad Católica del Norte revisan lo obtenido tras una pesca científica en un crucero de investigación en el océano Pacífico sur, en 2017. Foto: cortesía Javier Sellanes

La historia de la investigación del Graneledone sellanesi también muestra cómo la ciencia cambió a lo largo de los años. Cuando Sellanes hizo sus primeras expediciones del margen continental, a inicios de los 2000, la pesca de rastra era un método para obtener muestras, pero a ciegas. “Sacas una ensalada de cosas, todo revuelto”, describe.

Los nuevos buques de investigación científica cuentan con vehículos operados a control remoto y equipados con cámaras de alta resolución que permiten filmar el fondo marino e incluso hacer zoom para ver los detalles de las características de las especies. “Puedes ver su comportamiento, el hábitat en el que se encuentra, las especies con las que se relaciona”, explica Sellanes.

A pesar de los avances tecnológicos, para el científico uruguayo, la investigación de la biodiversidad enfrenta una carrera contra el tiempo. La Organización de las Naciones Unidas habla de la triple crisis planetaria: el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Aunque de manera frecuente se describen especies nuevas, los investigadores saben que la extinción acelerada por las presiones humanas está afectando incluso a especies todavía desconocidas.

El vehículo de operación remota ROV SuBastian regresa a la embarcación Falkor (too). Foto: cortesía Alex Ingle/Schmidt Ocean Institute

A esto se suma otro problema. De acuerdo con Sellanes, cada vez hay menos taxónomos, pues se trata de una carrera larga con pocas salidas laborales y una remuneración que no representa un retorno a la inversión realizada en estudios. “Quiero relevar la importancia de la taxonomía, la importancia de que los gobiernos apoyen la ciencia”, apunta el científico. “Hay muchas cosas interesantes por descubrir, es una nueva era de exploración marina”, añade.

Pardo-Gandarillas e Ibáñez lo saben bien. Desde hace cinco años trabajan con científicos de países de América, Europa, Asia y Oceanía para descifrar la diversidad y la distribución de los cefalópodos en todo el mundo. Están integrando análisis morfológicos y moleculares de unas 800 especies. “Este trabajo es tremendo, esperamos que pronto salga alguna publicación”, dice la científica.

Sellanes, por otro lado, está estudiando desde 2016 los montes submarinos ubicados frente a Chile, zonas aún menos exploradas que el margen continental. En 2024, a bordo del Falkor (too), el buque de investigación de Schmidt Ocean Institute, dirigió a un equipo que observó y recolectó muestras de más de 100 especies potencialmente nuevas para la ciencia. Tendrán que recorrer un proceso similar al del G. sellanesi para ser descritas formalmente como especies nuevas. “Tenemos mucho trabajo por delante”, asegura Sellanes.

Imagen principal: avistamiento in situ de la especie G. sellanesi durante la expedición del margen continental de Chile, a bordo de la embarcación Falkor (too). Foto: cortesía Javier Sellanes.

El artículo original fue publicado por Ana Cristina Alvarado en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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