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Colombia: ¿Qué hacen las comunidades para salvar los bosques en Tolima y el Pacífico?

Acciones comunitarias y gubernamentales son realizadas para proteger los bosques en estas dos zonas del país.

(Mongabay Latam / Fernando Sánchez) En los últimos 25 años la superficie de bosque en Colombia se ha reducido en 9,8 %. Según Ederson Cabrera, coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam), el factor que genera más deforestación es la conversión de bosques a pastos, usualmente para ganadería.

Además de nuevas áreas de pastos, otros agentes de deforestación en Colombia son  la expansión de la infraestructura, los cultivos de coca, la minería, la tala ilegal, la producción pecuaria, agropecuaria y la agroindustrial. Por ello aunque en el  año 2015 la deforestación se redujo en un 12 % respecto del 2014, la situación sigue siendo preocupante.

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“Estos factores operan de diferente forma en cada región del país porque la deforestación que ocurre en el Amazonas no está direccionada por los mismos causantes del Pacífico”, aclara Cabrera.

En el departamento del Tolima la deforestación aumentó. De 295 hectáreas deforestadas en 2014 pasó a 571 hectáreas 2015 según el informe del Ideam publicado el 12 de setiembre de 2016. Esta cifra es considerable pues solo el 16 % del territorio es bosque.

“En Tolima, los ecosistemas más afectados son el bosque seco tropical, el bosque húmedo premontano y el bosque húmedo montano”, explica a Mongabay Latam Jorge Montealegre, ingeniero forestal de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima).

Zoraida Calle, bióloga y coordinadora del Área de Restauración Ecológica de la Fundación Cipav, ahonda en la problemática de la deforestación en Tolima. “A la deforestación clásica debemos sumar la agrodeforestación, eliminación de los árboles en sistemas agroforestales. Este fenómeno ha afectado mucho al Tolima, donde buena parte del café, en municipios como Chaparral, se cultiva en laderas con pendientes fuertes. Allí, la tala de los árboles de sombrío (principalmente guamos) para sembrar las variedades de café de sol (Caturra, Colombia, Castillo) ha removido la cobertura arbórea en miles de hectáreas y ha desencadenado centenares de deslizamientos. Por otra parte, es importante mencionar el fuego, muy frecuente en varias regiones del Tolima”, indica.

Deforestación en el Tolima. Foto de Felipe Villegas V. Instituto Humboldt.
Deforestación en el Tolima. Foto de Felipe Villegas V. Instituto Humboldt.

 

Tolima y Pacífico ─una región que incluye los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Nariño y Cauca─ son zonas del país seriamente afectadas por la deforestación. Esto tiene un impacto en las comunidades para las cuales la  selva es más que árboles que reciclan agua y dióxido de carbono. En su concepción del mundo, el bosque es su casa y viven allí con otros seres.

Casa de los espíritus

Luz Perla Cardozo es indígena de la etnia Pijao. Tiene 48 años y habla con melancolía del pasado del Resguardo Palma Alta. Recordar que hace 40 años no había los veranos de ahora ni tampoco los monocultivos ni la presencia de multinacionales en su territorio le produce nostalgia. Palma Alta, dice Luz Perla, era una vereda con abundancia de palmas, un lugar “selvático”. Salir después de las siete de la noche provocaba miedo porque si la persona era mentirosa, algún espíritu la podía asustar. Era parte de sus tradiciones.

Luz Perla Cardozo es una indígena Pijao que lidera iniciativas para recuperar los bosques en su Resguardo Palma Alta en Tolima.
Luz Perla Cardozo es una indígena Pijao que lidera iniciativas para recuperar los bosques en su Resguardo Palma Alta en Tolima.

 

“Cuarenta años atrás existían los espíritus: la pata sola, la madre de agua, el coco, el mohán. Eran unos espíritus reales, pero debido a que se acabó con sus sitios sagrados, tuvieron que irse. Eso afecta nuestra cultura porque para poder observar el mohán, tiene uno que irse al río Magdalena y de allá también lo han sacado. En nuestra cultura todo eso se perdió. Ya ni se menciona porque qué van a haber espíritus sagrados si no hay dónde puedan estar”, comenta resignada.

Graciano Caicedo es afrocolombiano y forma parte del Consejo Comunitario ubicado en su territorio ancestral en Buenaventura, en el Pacífico colombiano, que representa el 10 % de la superficie deforestada en Colombia.

Imagen de la deforestación del Pacífico. Foto de Sobrevuelos IDEAM-UNAL, 2014.
Imagen de la deforestación del Pacífico. Foto de Sobrevuelos IDEAM-UNAL, 2014.

 

Su comunidad ha sido especialmente afectada por la degradación. Para él, el concepto de bosque no existe. “Nosotros lo entendemos como la selva, que es diferente al concepto de bosque de la academia. La selva es la relación de los árboles con los animales, con los bejucos, con la hormiga, cómo habita una relación allí, es la vida misma. La selva está asociada a nuestros imaginarios, en la academia la ven como una reserva de carbono, nosotros vemos algo más integral. Una de las diferencias es el significado que tiene la palabra bosque, que para nosotros es la selva, la interacción del mundo mágico que existe en ella. Para las autoridades ambientales, el bosque asociado solo a los árboles”, enfatiza.

Comunidades indígenas y afrocolombianas realizan esfuerzos para contrarrestar el impacto de la deforestación y la degradación. En el Resguardo Palma Alta, en Tolima, si tumban un árbol es porque tienen otros seis sembrados y utilizan cercas vivas de plantas nativas, no cercas de alambre.

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“Si pensáramos igual todos, podríamos rescatar, recuperar lo que teníamos, proteger cuencas y ríos. Yo tengo por lo menos 200 árboles sembrados en mi finca, solo hoy sembré 25 árboles”, dice orgulloso Isaac Oviedo.

José Ariel Yara y Amelia Romero, otros habitantes del Resguardo Palma Alta, son conscientes de la necesidad de sembrar árboles, promover cultivos,  semillas nativas y proteger nacientes de agua.

Graciano Caicedo, cartógrafo, y su comunidad en Yurumanguí luchan para contrarrestar la degradación en su territorio.
Graciano Caicedo, cartógrafo, y su comunidad en Yurumanguí luchan para contrarrestar la degradación en su territorio.

 

En la comunidad de Graciano el plan de manejo territorial contempla el ordenamiento forestal y la conservación. Gracias a un acuerdo con aproximadamente 70 personas que cortan madera que están en la cuenca, alta, media y baja del río Yurumanguí, establecieron una reserva del 26 % del total de la zona donde trabajan.

Además, algunos estudiantes de colegio cuidan la cuenca. “Seis grupos protegen las cuencas abastecedoras del acueducto de la quebrada Mandinga de la vereda Juntas. En Yurumanguí hay 13 veredas y Juntas es la más alta”, señala Graciano.

Allí su objetivo es que el Consejo Comunitario, de la mano del plantel educativo y entes gubernamentales, avance en la protección y conservación de su territorio.

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“En los últimos cuatro años, la tasa de deforestación se ha concentrado, principalmente, en el bosque húmedo tropical del Pacífico.  El bosque de manglar también se ha visto afectado por las obras portuarias, aunque en menor proporción. Las áreas de mayor afectación de la cobertura boscosa en la  jurisdicción de la Corporación Autónoma Regional del Valle (CVC) están asociadas, principalmente, al desarrollo y construcción de grandes obras de infraestructura, como terminales portuarios y la ampliación de las vía de acceso a Buenaventura, desde el sector de Media Canoa, donde la cobertura forestal se pierde para dar paso a cubiertas de concreto y asfalto”, señala Henry Trujillo, coordinador Grupo Gestión Forestal Sostenible de CVC.

Resguardo Palma Alta en Tolima, donde vive Luz Perla Cardozo.
Resguardo Palma Alta en Tolima, donde vive Luz Perla Cardozo.

 

Tanto Luz Perla como Graciano afirman que han hecho trabajos con Cortolima y CVC, pero no siempre funcionan. Por eso las comunidades deben ser protagonistas de estos procesos en sus territorios.“Las comunidades afro e indígenas conocen su territorio de manera grandiosa y solo se necesita un acompañamiento breve sobre cómo diagnosticar el lugar para obtener un resultado positivo del ejercicio”, explica Wilson Ramírez, coordinador del Programa de Gestión Territorial de la Diversidad del Instituto Humboldt.

Médicos de la naturaleza

Deforestación y degradación son términos que preocupan. El primero se refiere a la disminución de la superficie cubierta de bosques, y el segundo al estado de los elementos que lo componen: fauna, suelo, estrato vegetal  y sus interacciones.

La buena noticia es que hay estrategias, además de las explicadas por miembros de las comunidades asentadas en esas áreas,  para contrarrestar sus efectos. Los restauradores recuperan zonas donde la degradación y la deforestación han hecho estragos. Podrían llamarse médicos de la naturaleza. Wilson Ramírez  es uno de ellos.

Él está convencido de la importancia de la rehabilitación y la restauración. “En los años 60 y 70 hablábamos más de reforestación y se trabajaba con tipos de especies. Lo que ha habido es un cambio de paradigma en el cual la integralidad del sistema es considerada. La restauración tiene una mirada integradora que comprende, entre otros aspectos, cómo rehabilito suelos, cuerpos de agua y  cómo aprovecho la vegetación forestal para recomponer un lugar. La restauración es más holística e incluye la reforestación como una actividad de la restauración, pero no la única”, señala Ramírez.

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La explotación intensa de los bosques del Pacífico se dio hasta comienzos de los años 90. Ahora, con la incorporación de las comunidades afrocolombianas e indígenas se mantiene una permanente intervención para recuperar cobertura boscosa mediante el establecimiento de sistemas agroforestales, y el enriquecimiento de bosques de manglar.

“Dichas actividades  se desarrollan en las cuencas de los ríos Naya, Yurumanguí, Cajambre, Raposo, Mayorquín, Anchicayá, Dagua, Calima, Bajo San Juan, Bahía Málaga y la bahía de Buenaventura”, explica Henry Trujillo de CVC. “Otra actividad importante es la restauración mediante compensación por pérdida de biodiversidad, en razón de la construcción de terminales portuarios y sus vías de acceso. Esta labor se realiza con las comunidades”, añade.

En opinión de Alexander Ariza, investigador asociado del Instituto Agustín Codazzi, la restauración es posible en Tolima y en el Pacífico, pero el principal problema es el cambio en el uso del suelo que no es siempre resultado de la deforestación.

“Los servicios provistos por los ecosistemas boscosos se están degradando al punto de afectar la calidad del agua, la pesca, la purificación del aire, la regulación del clima regional y local, afectando la capacidad de actuación y prevención ante riesgos naturales. Los costos totales de las zonas degradadas de estos servicios ecosistémicos, pueden ser de una magnitud considerable ya que de estos ecosistemas se han degradado por actividades derivadas por la demanda en el suministro de otros servicios, como los alimentos. Estas acciones pueden aumentar y afectar los costos de la restauración, o traspasarlos a las generaciones futuras”, aclara Ariza.

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Mauricio Carvajal quien trabajó cuatro años en el sur del Tolima, en el cañón de las Hermosas y en algunas veredas circundantes al casco urbano del municipio de Chaparral, destaca los contrastes y procesos de deforestación que propician la degradación de los ecosistemas locales.

En su experiencia hablar de restauración sin comunidad no es posible. “Las comunidades se involucraron desde su aporte como mano de obra en las intervenciones, colaboradores de campo en la identificación de especies nativas, y participaron en los procesos de capacitación ambiental  y de intercambio de conocimiento tecnológico y reconversión productiva con otras comunidades campesinas del país”, afirma.

En Tolima se involucraron 100 participantes en programas de capacitación y de conocimiento, restauraron 75 hectáreas destinadas a la conservación y previsión de agua.

¿Cuáles son las expectativas respecto de la restauración? “Que se convierta en una fuente de empleo en el posconflicto, que el país incluya la restauración ecológica como una política seria para solucionar problemas ambientales, y se convierta una forma apropiada de influir en el territorio”, insiste Mauricio.

Por su parte, Zoraida Calle cree que en Tolima la restauración ecológica es posible, deseable y necesaria en todos los municipios, incluso en los más degradados y deforestados.

En el Pacífico colombiano 75 610 hectáreas de la vertiente Pacífico del Valle del Cauca están en recuperación natural; es decir en sucesión a bosques maduros, y con las comunidades se han incorporado acciones de restauración mediante arreglos agroforestales y enriquecimiento de bosques, sobre todo manglar.

NOTA:
[i] Las Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible (CAR) son entes corporativos de carácter público, integrados por las entidades territoriales, encargados por ley de administrar -dentro del área de su jurisdicción- el medio ambiente y los recursos naturales renovables, y propender por el desarrollo sostenible del país. http://www.minambiente.gov.co/index.php/component/content/article/885-plantilla-areas-planeacion-y-seguimiento-33

 

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