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Doughnut economics: una guía para reinventar la economía del siglo XXI

Por: Juan David Parra [1]  ; Alejandro Arango [2] .

Doughnut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist. Es el libro en el que Kate Raworth, profesora de la Universidad de Oxford e investigadora retirada de Oxfam, delinea la ruta hacia lo que ella denomina la Economía de la Douhnut, o de la Rosquilla, si lo ponemos en castellano. Tratándose de una crítica al capitalismo global no es trivial que Martin Wolf, del Financial Times, y un reputado defensor de la globalización, lo haya recomendado como lectura obligada. George Monbiot, en The Guardian, compara a Raworth con lo que fue John M. Keynes en su momento: una visionaria que, al redefinir los fundamentos del análisis económico, permite a sus lectores reflexionar sobre quiénes son, en dónde están parados y a dónde desean llegar. Se trata de un texto refrescante y necesario.

Una fortaleza del libro es su articulación de ideas clásicas y contemporáneas, tanto ortodoxas como heterodoxas, en una narrativa coherente y constructiva sobre los retos sociales y ambientales del siglo XXI. Refiriéndose a la historia, la autora elabora críticas en contexto e invita al lector a cuestionar ideas dadas por hecho en el pasado. Un ejemplo es la discusión en torno a la famosa Curva de Kuznets. Dicha construcción matemática, publicada en los 1930, sugiere que los países pobres deben tolerar la desigualdad social en fases tempranas de su proceso de crecimiento. La recompensa vendría cuando, pasado cierto umbral, el mismo ciclo económico genere incentivos (ej. a los empresarios para generar empleo) que confluyan en un proceso redistributivo. Algo no muy distanciado, por lo menos en lo implícito, del discurso de políticos como Trump, Bolsonaro, Macri o Duque, en los cuales pareciera insistirse en la lógica de privilegiar “la eficiencia” o “el crecimiento” por sobre la equidad. Todo muy a pesar de la advertencia de Kuznets mismo, quien en su artículo original publicado en 1955 en el American Economic Review, escribió que su teoría tenía un sustento de tan sólo un 5 por ciento en información empírica; el 95 por ciento restante fue especulación.

 

Un debate central del libro gira en torno al uso del lenguaje de las fallas del mercado para hacer tímidas referencias a la depredación humana del medio ambiente. Dice Raworth, es necesario dejar de lado la amada noción de externalidades de los economistas, o aquellos efectos incidentales que reciben las personas no involucradas en las transacciones que las producían, como el afluente tóxico que afecta a una comunidad aguas abajo de un río contaminado por una fábrica, o las emisiones de combustibles fósiles inhaladas por ciclistas cuando transitan por la ciudad. Para la autora, tales externalidades negativas “son aquellas cosas que nosotros clasificamos como costos externos por ninguna mejor razón que porque no hemos hecho ninguna previsión para ellos en nuestras teorías económicas”. Por el contrario, señala, los daños del sistema económico contemporáneo al planeta son endógenos (o inherentes) al mismo. Bastaría citar, por ejemplo, la diversidad de estudios que demuestran cómo el homus economicus, casi una institución en muchas facultades de economía, es un individuo desinteresado en resolver problemas de acción colectiva, como por ejemplo los relacionados con la reducción de su huella ecológica.

 

La preocupación de Raworth no es simplemente teórica. El riesgo de un colapso medioambiental es una realidad apremiante —a propósito del reciente informe del Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, el cual advierte que el planeta sólo tiene hasta el 2030 para detener el fenómeno. De hecho, en su libro, la autora trae a colación la investigación de Johan Rockström y sus colegas para constatar fenómenos globales observables (ej. cambios en biodiversidad, acidificación de los océanos, aceleración de flujos biogeoquímicos) que ponen en riesgo la vida en La tierra. Sólo por citar dos ejemplos, según estudios publicados en revistas como Nature o Science, ya se superó el umbral ideal de emisión de 350 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono (la cifra mundial actual circunda en las 400 ppm), hecho que se traduce en temperaturas más calientes y climas más secos y hostiles para la vida humana. A su vez, es tal el ritmo alcanzado de extinción de especies (hasta de diez veces más alta de lo considerado sostenible) que desde 1970 el número de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces en la tierra se ha reducido a la mitad.

 

El problema no es sólo la superación de varios de esos límites planetarios. El asunto también radica en que nuestra fijación a una vida acelerada, y basada en un desaforado consumismo, tampoco ha logrado satisfacer ni siquiera en lo básico las necesidades humanas. Cifras oficiales citadas por la autora muestran, por ejemplo, que a la fecha un cuarto de la población mundial vive con menos de tres dólares diarios, un tercio no tiene acceso a una letrina, una de cada once personas no consume agua limpia y una de cada seis personas entre 12 y 15 años, la mayoría niñas, no va al colegio. Y esa es la razón del título del libro: si vemos al mundo como una rosquilla (o una doughnut, en inglés), debemos movernos hacia un espacio justo y seguro para la humanidad (parte derecha de la figura). Este se encuentra entre una base de mínimos sociales —en el que actualmente hay un déficit— y un techo ecológico —el cual estamos excediendo como un tren sin freno hacia al abismo—. La Economía de la Rosquilla “requiere un cambio profundo en nuestras metáforas: desde lo bueno es hacia adelante y hacia arriba hasta lo bueno está en el equilibrio”.

 

Figura. Izquierda: portada del libro. Derecha: gráfica de la Economía de la Rosquilla (basado en Raworth, 2017). Los autores agradecen a Daniel Parada por el diseño ajustado al castellano de la imagen original.

 

Y es que para Raworth, una de las razones por la cual se ha perdido de vista la ecología del mundo reside en el abuso del lenguaje económico. El entramado de ecuaciones y estadísticas en ocasiones oscurece la conversación. La Rosquilla esclarece la foto, permite cuantificarla, y al tiempo derroca mitos fundacionales de la teoría económica, como que el crecimiento del PIB es la ruta hacia el bienestar o que los mecanismos de mercado detrás de la curva de Kuznets llevarán, por si mismos, a generar los incentivos necesarios para hacer coincidir el balance planetario con el equilibrio del mercado. Estas críticas hacen resonancia del filósofo francés Edgar Morin, para quien “la organización vital no puede ser comprendida con la misma lógica que la organización de la máquina artificial”. Todo a pesar, señalaría Raworth, de que quienes fundamentaron la economía a finales del siglo XIX, lo hicieron, precisamente, inspirados en la mecánica newtoniana.

 

Referencia bibliográfica:

Raworth, K. (2017). Doughnut economics: seven ways to think like a 21st-century economist. Chelsea Green Publishing.

[1] Doctor en Ciencias Sociales y Magister en Economía. Docente Universidad del Norte. [email protected]

[2] Docente-Investigador Facultad de Ciencias Ambientales, Universidad Piloto

de Colombia. [email protected]

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