El bioma amazónico, tal como lo conocemos, podría desaparecer. Una nueva investigación advierte que en los próximos 25 años la Amazonia podría alcanzar un umbral crítico que lo llevaría a una transformación total, con consecuencias catastróficas a nivel local, regional y global.


El bioma amazónico enfrenta una de las crisis ambientales más alarmantes de su historia reciente, acercándose rápidamente a un punto de inflexión que podría desencadenar un colapso a gran escala.

Las proyecciones científicas advierten que para 2050 casi el 50 % de esta vasta región podría experimentar transiciones ecológicas abruptas, con profundas implicaciones para el cambio climático global y la estabilidad ambiental de América del Sur.

Así lo establece el estudio Transiciones críticas en el sistema forestal amazónico, publicado el 12 de febrero en la prestigiosa revista Nature. La investigación, desarrollada por un equipo multidisciplinario de científicos de Brasil, España, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Estados Unidos y Corea del Sur, pone de relieve la vulnerabilidad del ecosistema amazónico frente a las crecientes presiones climáticas y antropogénicas.

De acuerdo con algunos de los modelos analizados en el estudio, las sequías en la región amazónica aumentarán en frecuencia, duración e intensidad. Foto: Freepik.

Durante 65 millones de años, los bosques amazónicos mostraron una notable capacidad de resistencia frente a las fluctuaciones del clima global. Sin embargo, señalan los expertos, en las últimas décadas, factores como el aumento sostenido de las temperaturas, la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos —como las sequías prolongadas—, la deforestación masiva y los incendios forestales recurrentes y cada vez más intensos, han llevado a la región a una situación de estrés ecológico sin precedentes. 

Sumado a esto, tales perturbaciones no actúan de forma aislada; por el contrario, generan interacciones y sinergias que agravan aún más el deterioro de los ecosistemas. 

Las sequías extremas crean condiciones que probablemente impulsarán otros tipos de perturbaciones, como incendios forestales grandes y destructivos. Foto: Freepik.

Para realizar esta investigación, los científicos analizaron la evidencia existente sobre calentamiento global, precipitación anual, intensidad de la estacionalidad de las lluvias, duración de la estación seca y deforestación acumulada, los cinco principales impulsores del estrés hídrico en los bosques amazónicos.

De igual forma, revisaron los posibles umbrales críticos en que esos impulsores, de cruzarse, podrían desencadenar el colapso forestal local, regional o incluso en todo el bioma. 

Un panorama no muy alentador

El estudio documenta una preocupante pérdida de resiliencia en los bosques amazónicos desde principios de la década del 2000, lo cual aumenta el riesgo de transiciones críticas, es decir, cambios abruptos e irreversibles en la estructura y funcionalidad del ecosistema.

Una vez estos bosques ingresan en esta fase de colapso, las transformaciones se aceleran y se retroalimentan, generando un ciclo descontrolado de degradación ecológica.

De acuerdo con la investigación, grandes extensiones de la Amazonia podrían experimentar eventos de mortalidad masiva de árboles en las próximas décadas, impulsados por perturbaciones climáticas y actividades humanas relacionadas con el uso de la tierra. 

Esta transformación tendría consecuencias devastadoras: aceleraría el cambio climático a través de la liberación masiva de carbono, alteraría el equilibrio climático global y afectaría la biodiversidad de manera crítica.

Además del grave impacto ecológico, el colapso de la Amazonia pondría en riesgo los servicios ecosistémicos fundamentales para más de 40 millones de personas que dependen directamente de la selva y tendría implicaciones económicas, culturales y sociales de gran magnitud, que impactarían no solo a las comunidades locales.

Sin embargo, a pesar de las no muy esperanzadoras proyecciones, no todo está perdido aún. La investigación plantea algunos límites seguros para la selva amazónica que retrasarían una transición crítica del bioma. 

Mantener una temperatura media de 1,5 °C, por encima de los niveles preindustriales, es uno de ellos. Otro, reducir la deforestación acumulada al 10% de la cobertura del bioma forestal original, lo cual exige no sólo poner fin a la deforestación y degradación de los bosques, sino también restaurar al menos el 5% del bioma. 

Este escenario refuerza la urgencia de adoptar políticas integrales de conservación y mitigación, así como de fortalecer las iniciativas regionales e internacionales para salvaguardar el futuro de este bioma esencial para el planeta.

Si quieres conocer más sobre la Iniciativa Interreligiosa para los Bosques tropicales, visita nuestra página web aquí.

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