Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Precios: abusos al por mayor

Definitivamente vivimos en un país donde el desgobierno se percibe por doquier. Es increíble lo que está pasando con el sensible y a veces desvergonzado aumento de precios que parte de los empresarios colombianos le están aplicando a productos de todo tipo, incluyendo aquellos que se llevan la mayor tajada del ingreso familiar. Y lo peor es que, nadie, desde la institucionalidad, dice o hace algo. La complacencia, el descuido, la incompetencia o la complicidad -o todas juntas- de quienes deben protegernos es aterradora. Y aunque cada día se percibe uno que otro grito aislado clamando por lo que nos sucede, no aparecen por ningún lado las autoridades encargadas de vigilar a las empresas para que nos salven -o nos protejan- de estos abusos que están cayendo en descarados atropellos no solo al bolsillo, sino a la tranquilidad ciudadana.

Si bien es cierto es comprensible que las circunstancias impuestas por la pandemia han trastocado el orden económico y social colombiano y han afectado notablemente los compromisos financieros de las organizaciones empresariales, no hay derecho a explotar de forma tan descarada la posición dominante que ellas tienen en el mercado. No se vale tanta arbitrariedad empresarial. Para comprobarlo basta con hacer un juicioso y detenido análisis del evidente deterioro de los salarios frente a los ingresos disponibles, producto en buena parte del desmedido incremento del costo de vida. Es tan evidente que no hay, prácticamente, ningún producto de la canasta familiar que no haya sufrido sensibles incrementos en los últimos meses. Desde lo más natural y necesario hasta lo más “superfluo” ha sido sacudido por esta ola alcista que nos carcome.

Para ilustrar esta dolosa situación en la que las empresas amparadas en decisiones oficiales han seguido tomando ventaja de sus capacidades organizacionales, basta analizar el caso del sector de transportes intermunicipales. Es innegable que mientras estuvimos confinados sus operaciones se paralizaron casi en su totalidad y ello hizo que muchas de ellas se vieran en aprietos económicos jamás vistos. Y también es cierto que en la medida en la que la economía fue abriéndose les fue autorizada su operación con máximo el 35% de su capacidad por cuenta de las medidas de bioseguridad imperantes. Lo cual, como es entendible, impactó el precio de las tarifas de los boletos que los usuarios se vieron obligados a pagar sin poder protestar de manera alguna. Comprensible. Pero lo que ha seguido no tiene justificación alguna más allá de la voracidad de estas empresas. Poco o nada les ha importado que por cuenta del plan de vacunación que se ha venido implementando ya no tienen restricciones respecto al número máximo de pasajeros a transportar, para seguir cobrando las tarifas anteriores -las autorizadas en pandemia-, incrementándolas más, incluso hasta cobrando el doble de las originales, sobre todo en aquellas rutas entre los puntos de origen y destino de gran demanda.

Situación similar ha sucedido con la mayor parte de los productos de primera necesidad que, como sabemos, son los que más afectan al conjunto de las familias colombianas. Un completo caos y total desprotección de los colombianos que indefensos no sabemos qué hacer. Se dirá que todo es producto de la crisis del Covid19. Discutible. Si bien es cierto a través del precio las empresas recuperan sus costos y obtienen el margen de utilidad deseado, y en estos tiempos ellas han padecido graves dificultades -hasta el cierre de muchas de ellas-, no está bien que de forma oportunista ellas se aprovechen de la coyuntura producida por algunas decisiones gubernamentales para “hacer su agosto” y querer recuperar de un solo tajo las pérdidas -o la reducción de ingresos- experimentadas por la crisis del coronavirus.

Tamaño desenfoque. Ojalá se convenzan que ni ellas ni nosotros saldremos de este duro trance que experimentamos temporalmente exprimiendo los también menguados ingresos de las familias colombianas. No es matando las “gallinas de los huevos de oro” como será posible de manera sostenible retomar el rumbo extraviado entre tantas dificultades, sobre todo porque va a llegar el momento en que la cuerda se tense tanto que se reventará frente a nuestras narices. Y ahí sí todos padeceremos hasta lo indecible. No deben olvidar que los mercados “guardan pan para cuando haya leche” y se desquitan cuando la rueda de la economía gira en su favor. El marketing, a pesar de su carácter altamente contextual, no sugiere en modo alguno llegar hasta tales niveles de descaro y utilización de las condiciones del mercado porque, como proceso social de largo plazo, se convierte en un bumerang en épocas de “vacas flacas” para quienes ofrecen los satisfactores. La historia universal está plagada de casos en los que la demanda toma venganza de los abusos y arbitrariedades empresariales.

 

Ya está disponible el nuevo video en mi canal de YouTube “Marketing y Sociedad”: “Marketing de mascotas”. En este programa presentamos los rasgos esenciales del marketing de mascotas, enfatizando la utilización que está haciendo el marketing de los sentimientos de sus propietarios hacia las mascotas y su «humanización» en el seno de los hogares.

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