Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Más inseguridad… ¿y los negocios?

¿Cuál será el límite de esta violencia que no se detiene y qué tanto está afectando a la sociedad en general y a los negocios en particular de forma tan brutal? Es aterrador lo que ha venido sucediendo en el país en los últimos meses –periodo que pensábamos, ingenuamente, que ya habíamos superado- y que ha elevado de manera significativa la zozobra y el miedo individual y colectivo. Todo ello está impactando, sin duda, el clima empresarial, la inversión y nuestra imagen nacional e internacional. Y ello ha servido de caldo de cultivo, aunque se quiera negar, de los problemas que padecemos con la devaluación del peso y el galopante desempleo.

Muchas son las razones que se esgrimen para tratar de explicar lo que parece inexplicable. Lo que se arguye corresponde a la perspectiva reduccionista y poco realista que prevalece entre nuestros gobernantes. Con superficial simplicidad hacen conjeturas que por no responder a la realidad solo generan acciones facilistas y de gran espectacularidad mediática pero de poca efectividad. Cuando no se proclama que los homicidios obedecen a ajustes de cuentas entre bandas criminales, son las supuestas acciones de retaliación de los grupos ilegales las responsables del caos.

Varios investigadores interesados en desenmarañar la madeja han elaborado serios y rigurosos estudios encontrando razones de diversa índole. Las metodologías utilizadas son garantía de la validez de sus resultados. Su visión de conjunto muestra una particular combinación de factores de los cuales merecen mencionarse algunos.

Como en muchos diagnósticos ampliamente conocidos, aparecen las grandes desigualdades sociales y económicas como una de las principales causantes de tal situación. Es innegable. Aunque siempre han estado presentes, es inocultable su sensible agravamiento en los últimos meses en los que la riqueza se ha polarizado con mayor intensidad. El proceso de depauperación experimentado ha contraído la demanda y el consumo agregado ha disminuido de forma notable.

A este factor ya conocido se han adicionado las no previstas consecuencias de las políticas gubernamentales que en nada ayudan. Parece haberse olvidado que parte de la violencia rural se trasladó a las ciudades y a los municipios de cierto tamaño donde está localizada la mayor parte de las empresas, los costos de protección han sufrido un sensible incremento, y el precio final de los productos se ha incrementado.

Como puede verse, la problemática tiene dimensiones de mucha mayor complejidad y si se tienen en cuenta los negativos efectos que esta zozobra tiene en los diferentes agentes de los mercados nacionales e internacionales, se requieren medidas de mayor envergadura, más estructurales, de largo plazo. Una verdaera reforma rural, por ejemplo, aliviaría las desigualdades y constreñiría el desplazamiento de población rural que en busca de oportunidades abandona su hábitat natural. Es necesario acabar de raíz con las causas y no seguir atacando solo sus consecuencias.

Por ello no se entiende el porqué nuestras autoridades civiles y militares de los diferentes niveles siguen insistiendo en desarrollar acciones solo de tipo policivo dejando intacto el asunto de fondo. Y menos aún seguir gastando ingentes recursos en “operaciones candado”, “consejos extraordinarios de seguridad” y “exhaustivas investigaciones” cuando se requieren radicales acciones que garanticen el futuro funcionamiento de los mercados. Todavía seguimos necesitando inversionistas y turistas, y para ello la paz y la concordia son vitales. ¿El actual gobierno entenderá esta realidad que nadie puede negar? Tenemos que cambiar todo este angustiante panorama. O nos impulsamos desde el fondo que ya estamos tocando en búsqueda de nuevos senderos que mejoren las condiciones de vida de amplias capas de la población, o el futuro será bastante oscuro, como ya está siéndolo el presente que nos asfixia. ¡Reaccionemos!

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