Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Marketing político, no marketing electoral

Otra confusión en la que suelen caer muchos “expertos en marketing” es no distinguir el marketing político del marketing electoral. Mientras el marketing político hace referencia a lo hecho por los partidos e instituciones estatales para mercadear su imagen y sus acciones y mantenerse vigentes, el marketing electoral solo es utilizado por un candidato que al aspirar a ser parte de una corporación de la administración pública se “hace contar”.

A fin de precisar esta diferencia, en esta ocasión hablaré del marketing político y sus características esenciales. Próximamente abordaré el marketing electoral y sus particularidades. Veamos.

Primero que todo hay que entender que el marketing político es una clara manifestación de los postulados del marketing de las ideas, de los principios, de la democracia, de los partidos y grupos políticos, de la lucha por el bienestar general, de la defensa de los más sagrados derechos de un conglomerado social, de los valores de una sociedad entera, de los principios morales, de los sueños, de las responsabilidades sociales, de la vida.

De esta manera, el marketing político puede contribuir, como lo ha logrado en otras sociedades, al engrandecimiento del ser humano, al logro de sus más caros anhelos: vivir con libertad, en paz consigo mismo y con sus congéneres, en equidad. Es por ello que éste no se refiere a las acciones ligadas con los procesos electorales emprendidos en los sistemas democráticos del mundo para elegir sus representantes; es mucho más. Su práctica consciente, decidida y socialmente responsable se asemeja al de las causas más nobles en pro de una sociedad que confiada deposita su suerte en manos de hombres y mujeres quienes no siempre asumen con respeto y altura moral el reto.

El marketing político, al entender la política como el limpio ejercicio de las ideas y como elrespeto a la forma de pensar y actuar diferentes, es uno de los más significativos aportes que el marketing ha hecho a las sociedades modernas, aunque no siempre haya sido visto así. La defensa de las distintas ideologías en procura del bienestar colectivo bajo principios de honestidad y transparencia ciudadanas por encima de intereses personalistas y ególatras, el acatamiento de las normas y las responsabilidades asignadas a los funcionarios públicos, a las instituciones estatales, a los organismos legislativos, a las entidades territoriales y a los miembros del poder ejecutivo elegidos por el voto ciudadano, podrían ser mejor promovidas y practicadas si se comprendiese que el marketing político hace referencia al conocimiento de las condiciones de un mercado –los ciudadanos-, a la interpretación de esa realidad, al diseño de una respuesta política que ofrezca soluciones reales y sobre todo, al seguimiento de esos deseos y necesidades expresadas por los miembros de una sociedad.

En ese sentido, el marketing político tiene que ver con el conocimiento y atención de manera coherente y sincronizada de tres diferentes tipos de mercado: a) Un mercado organizador que incluye los colaboradores más cercanos encargados de poner en práctica los planteamientos elaborados en cada una de las plataformas políticas impulsadas; b) un mercado patrocinador que con aportes ya sea en tiempo, en espacio o en dinero, permite que determinadas ideas políticas sean promulgadas; y, c) un mercado consumidor –elelector- que ávido pero a la vez desconfiado, espera el resultado de las acciones emprendidas por sus representantes ante los diferentes organismos del Estado.

Un marketing político que al responder a los condicionamientos y demandas propias de un momento determinado permite que funcionarios estatales, senadores, representantes, diputados, concejales, alcaldes, gobernadores, ministros, secretarios departamentales y municipales de despacho, presidentes, vicepresidentes, fiscales, contralores, magistrados, entre otros, desarrollen su labor de una manera más consciente y responsable frente al desafío que la historia les impone.

Como puede verse, el marketing político es un asunto muy serio para seguir dejándoselo a los políticos, a sus organizaciones transformadas en máquinas de corrupción, y sobre todo a sus gamonales más tradicionales que muy poco han hecho para contribuir al mejoramiento de las condiciones generales de vida de la sociedad en su conjunto.

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