Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Es por el lado del consumo, no por el del empleo

Confieso que por momentos no entiendo lo que le pasa a la clase dirigente colombiana, aunque si en el análisis incluyo los intereses que representan, la concepción que tienen del desarrollo y su terquedad histórica, mis confusiones se disipan por completo. No de otra forma se explica su testaruda insistencia en aplicar la misma receta que les ha demostrado que no funciona, al menos en beneficio de la mayor parte de la población y no de ellos mismos, y de sus “amigos de clase”. Parecieran haber olvidado la frase popular que tanto han trillado ellos mismos:es absurdo -estúpido, dicen algunos- pretender que las cosas cambien si se sigue haciendo lo mismo.

Desde que tengo memoria, los “expertos” en el desarrollo económico -nacionales, y sobre todo internacionales- han acudido a la misma “estrategia” de reducir impuestos -hasta de manera grotesca- a los grandes empresarios y a los poseedores de amplísimas extensiones de tierra estimulando la creación de más puestos de trabajo y buscando, a través del salario, producir una dinámica económica que contribuya a reducir las vulgares brechas socioeconómicas existentes entre los diferentes grupos sociales que componen nuestro país. Lo que pagan no solo es risible, sino insultante y descarado. Según Salomón Kalmanovitz, las grandes empresas solo pagan de impuesto el 1% de sus ingresos anuales. ¿Se pueden imaginar? Existen predios de más de 700 hectáreas que pagan menos de tres millones de pesos de impuestos. ¿Acaso no es muy grosero llegar a estos niveles de desequilibrio social? ¿Habrase visto tamaño despropósito?

Y si este desequilibrio social produce impotencia y desasosiego, sus argumentos son aún más grotescos: cada “reforma tributaria” impulsada por el gobierno de turno nos “salvará de una catástrofe si no se elevan los impuestos -a las clases populares, claro está- y se les dan más gabelas impositivas a los grandes “generadores de empleo”. Increíble. Con sus manidos discursos y su oscuro lenguaje, nos han metido tanto miedo que han logrado que no nos sacudamos frente a los nefastos resultados alcanzados. Ante los irrefutables indicadores que no han podido ocultar -somos uno de los países más desiguales del mundo-, se han inventado nuevas modalidades de medición de tal manera que las cifras negativas son transformadas mágicamente en datos positivos y de “esperanza futura”. La manipulación estadística es asombrosa a pesar de que la realidad les ha saltado en sus rostros cínicos y desvergonzados: el desempleo real ha sido galopante, el incremento de la informalidad y del “rebusque” ha llegado a niveles nunca imaginados.

¿No se habrán percatado que ese no es el camino para resolver los desesperantes desequilibrios sociales que hemos padecido por centurias? ¿No serán capaces de aplicar políticas que nos ayuden a incrementar nuestra capacidad adquisitiva? Existen decenas de experiencias en el mundo que han demostrado que la solución está por el lado del incremento de la demanda a través del mejoramiento salarial y no de la supuesta creación de más empleos. Al tener mejores ingresos, el incremento en el consumo hará que las empresas deban producir más y para ello necesitan generar más empleos. Estos empleos -formales y con todas las prestaciones de ley- permitirán que las familias mejoren sus condiciones de vida.

No es al revés. No es “generando” más empleo como se logra que se reduzca la brecha social, sobre todo porque estos puestos de trabajo no pueden ser bien remunerados porque el consumo no crece. Dirán algunos que esto es como el eterno dilema del “huevo y la gallina”. La experiencia mundial demuestra que es por el lado del consumo y no por el de la creación de nuevos puestos de trabajo y menos, cuando éstos han sido generados por empresas extranjeras que no tienen mayores restricciones para repatriar las utilidades que obtienen al pagar menos impuestos.

Un sustancial incremento en el consumo a través del mejoramiento salarial ha sido la rueda que ha marcado el paso del desarrollo de países que hoy son un ejemplo para seguir. El caso de Vietnam y de Corea del Sur -solo por mencionar algunos bien lejanos de nuestras pasiones- sirven como referente de un dinamismo que ha redistribuido la riqueza producida por todos.

¿Hasta cuándo señores? ¿Se habrán dado cuenta que las nuevas ciudadanías no están dispuestas a seguirse tragando el mismo sapo de siempre? La solución pasa por aumentar el consumo y no por seguirle dando más a quienes más tienen. ¿Lo entenderán?

 

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