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Publicado el Dagoberto Páramo Morales

La moción de censura: otro distractor para el ciudadano-elector

Aunque no es un juicio político -en el sentido jurídico-, la moción de censura es un instrumento consagrado en la legislación colombiana -una verdadera innovación de la Constitución Nacional de 1991- con la intención de examinar la gestión de un funcionario público que, desde el ejecutivo, no está cumpliendo con las responsabilidades inherentes a su cargo. Si bien es cierto, este mecanismo de control político es más propio de los regímenes parlamentarios, se ha venido utilizando de manera intensa en los sistemas presidencialistas de América Latina desde finales del siglo pasado, con variada eficiencia.

Desde la perspectiva de pesos y contrapesos el poder legislativo tiene la posibilidad de ejercer sus derechos a evaluar el accionar de los ministros del gabinete en función de los intereses nacionales. Así, el poder ejecutivo -con excepción del presidente- es sometido al escrutinio de los legisladores quienes tienen el derecho a ejercer su crítica -no siempre argumentada- contra las decisiones ministeriales. En casi una decena de países de Latinoamérica -entre los que está Colombia- la decisión que se tome de acuerdo con la reglamentación es vinculante. Es decir, el funcionario debe dejar el cargo pues ha perdido legitimidad y sobre todo respaldo político de los miembros del poder legislativo.

Tal vez por ello mismo, este instrumento democrático tan útil para evaluar las decisiones de política emprendidas desde las diferentes carteras ministeriales se ha convertido en lo que popularmente se conoce como “un saludo a la bandera”. La puesta en práctica de la moción de censura es una vergüenza y produce más desesperanza aún. Contrario a lo que se busca, el ministro termina siendo fortalecido, dado que permite aglutinar las fuerzas políticas gubernamentales para rodear y proteger al respectivo ministro. Los casos abundan por doquier. Es tan grotesco el espectáculo que se monta que, incluso, algunos -muy pocos, por cierto- se ven obligados a renunciar antes de la sesión legislativa a la que han sido llamados. O, lo que es peor, salen burlándose de forma cínica, aunque después sean condenados por los mismos motivos por los que les fue promovida la moción de censura.

Sin duda esta figura de control político es una herramienta más utilizada por el sistema político colombiano a fin de seguir distrayendo los anhelos y las esperanzas de grandes capas de la población que siguen padeciendo los estragos de la desigualdad y la inequidad que impera en todo el país.

La moción de censura es de la misma naturaleza distractora de la denominada Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes en la que a nadie han condenado, o del Consejo Nacional Electoral en el cual los politiqueros de turno se “tapan con la misma cobija

Si esto es indignante y frustrante, lo son más los insípidos argumentos que esgrimen quienes ocultando sus verdaderos intereses partidistas o personales, defienden al funcionario de turno. Ahora sostienen que lo hacen por “defender la institucionalidad”, como si ésta no se sostuviese de mejor manera cuando se actúa en función de los mandatos de la ley y la Constitución. No es negando y de paso fortaleciendo políticamente al funcionario como se defiende la institucionalidad. Es exactamente lo contrario, es poniéndola a funcionar en el espíritu en que está consagrada en el andamiaje jurídico, como la democracia se dinamiza y permite que se convierta en el “gobierno del pueblo”, como alguna vez lo promovieron los impulsores del modelo democrático que nos ha regido en los últimos siglos.

¿Por qué no declararse de manera abierta en una manguala política que a todas luces se percibe cada vez que un grupo político -generalmente de la oposición- convoca a una moción de censura? Las evidencias son innegables. Es una burla más al ciudadano elector que votó ya sea por un presidente que le prometió “esta vida y la otra” o, por un legislador que representa supuestamente sus intereses.

Está llegando la hora que este sistema político colombiano se sacuda para darle paso a las múltiples expresiones populares que reclaman un lugar para hacerse sentir. Y dejen de seguir acumulando pasivos sociales que tanto daño están causando en la psiquis nacional.

 

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