Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Gobiernos y marketing de ciudad

No hay duda sobre el trascendental rol que ha jugado el Estado –nacional, regional y local- en la concreción de los más caros objetivos colectivos cuando éstos se han relacionado con la aplicación de los postulados del marketing de ciudad. La experiencia de otros territorios del planeta así lo ha demostrado y los beneficios obtenidos al haber atraído inversiones productivas y turismo son inocultables.

En esos países, mientras los legisladores aprobaron esquemas de descuentos fiscales y arancelarios para quienes se decidieron a poner en marcha sus proyectos empresariales, los jueces aplicaron de forma estricta el contenido de estas leyes respetando su propio espíritu comercial y empresarial.

Como hemos de imaginarlo, el papel del poder ejecutivo –el gobierno- fue absolutamente vital a lo largo de todo el proceso que en todos los casos se inició con un riguroso y exhaustivo diagnóstico de las verdaderas circunstancias internas y externas de cada localidad, y que se terminó –si se puede decir así- con el detallado seguimiento de cada una de las acciones emprendidas. No obstante las múltiples acciones que en diferentes momentos y circunstancias tuvieron que ser ejecutadas, tal vez la más importante de las tareas llevadas a cabo por los gobernantes de turno fue la de servir de líderes aglutinadores de los múltiples esfuerzos necesarios.

En su condición de representantes de la sociedad en su conjunto –no de un partido-, los alcaldes y los gobernadores convocaron a todos los agentes sociales y técnicos que de forma directa o indirecta aportaron a la construcción de su propio proyecto de ciudad, o de región. Hicieron un masivo llamado a las fuerzas vivas de su radio de influencia para que cada una hiciera sus respectivos aportes de acuerdo con su experiencia y conocimiento. Promocionaron de manera abierta la urgente necesidad de edificar un camino que todos pudieran transitar con la mente puesta en el bienestar de toda la colectividad. Planearon y financiaron eventos académicos en los que se llamó a todos a tomar parte en el nuevo rumbo a construir. Escucharon todas las voces que quisieron expresar sus más profundos sentires sin importar si todas las opiniones no coincidían de forma unánime. Respetaron los criterios de los expertos. Debatieron las disímiles propuestas y escogieron las más convenientes para todos.

Lograron hacer primar el interés general sobre la voluntad individualista de algunos dirigentes en el poder. Pusieron buena parte de sus recursos humanos, técnicos, presupuestales y financieros al servicio de la idea social de desarrollo entendido éste como un sostenido crecimiento económico acompañado de bienestar general. Lograron visualizar, en el largo plazo, una sociedad más equitativa e igualitaria entendiendo el efecto multiplicador del salario obtenido en las nuevas unidades empresariales creadas como consecuencia de la permanente atracción de capitales productivos –nacionales o foráneos-. Comprendieron que la llegada de nuevos visitantes contribuiría no solo al mejoramiento de las condiciones de los sectores económicos conexos al turismo, sino que a través de los diferentes productos turísticos ofrecidos obtuvieron ingresos adicionales -vía impuestos-, y con ello pudieron invertir mucho más en proyectos sociales de gran interés.

Dimensionaron el tremendo impacto negativo que tiene una ineficiente infraestructura de servicios públicos y de comunicación vial –local, regional- en la percepción de quienes decidieron visitar aquellos lugares ya fuese como inversionistas o como turistas. También fueron capaces de darse cuenta que la corrupción que campeaba entre sus lánguidos funcionarios debía ser desterrada para que la motivación colectiva de participación ciudadana en los diferentes procesos sociales de cambio se mantuviese a lo largo del tiempo. Tuvieron la sensibilidad social y humana para convencerse que la inseguridad y la intranquilidad ciudadanas son factores determinantes que alejan a inversionistas y turistas y por ello las combatieron por todos los medios posibles. Aceptaron que el futuro se estructura con el concurso de todos y que lo peor para una sociedad es perder la esperanza y la ilusión colectivas.

Como puede verse, el papel de los gobernantes en la aplicación de los postulados del marketing de ciudad superó las buenas intenciones y los rimbombantes discursos que por nuestras tierras tanto se acostumbran. Demandó un pleno y total convencimiento y exigió un total desprendimiento de mezquinos intereses individualistas.

Infortunadamente en Colombia estamos muy lejos de alcanzar este ideal, en parte porque los políticos -politiqueros- están más preocupados por la defensa de sus intereses y los de sus amigos y familias, que, por el bienestar colectivo y la satisfacción ciudadana. Además, las instituciones han sido diseñadas y operan en función de una minoría que desde el poder usufructúa la enorme riqueza que como nación tenemos y no de acuerdo con las urgentes necesidades que pululan por doquier.

¿Estarán preparados nuestros gobernantes para asumir este enorme e histórico reto social? Todos esperamos que así sea, aunque las evidencias nos generan angustia y desazón.

 

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