Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

“Y, ¿dónde está el piloto?”

Como en la vieja película estadounidense filmada en 1980, Colombia anda sin piloto mientras todos, mirándonos unos a otros, nos preguntamos hacia dónde nos dirigimos y nada que las respuestas consuelan nuestras propias desazones.
Es impresionante la situación que sufrimos a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional. Ya casi nadie puede negar la tragedia que vivimos en todos los frentes de la vida en sociedad. Con excepción de un minúsculo grupo de privilegiados y de coincidentes ideológica y políticamente que se están aprovechando del desgobierno que cada día se hace más inocultable, la mayor parte de los colombianos estamos con los ojos cuadrados, atónitos de lo que a diario sucede sin que el gobierno reaccione ante tanta problemática que cada día se destapa y que como caño nauseabundo mata nuestras hondas ilusiones.
Lo más doloroso de toda la zozobra que hemos tenido que soportar es que a diferencia de las escenas del filme producido y dirigido por Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zuckery que eran una parodia de las múltiples catástrofes experimentadas por la humanidad en la década de los años 70 del siglo anterior, en Colombia es una vergonzante tragedia la que se siente por doquier y que nos tiene sumidos en la desesperanza. No contamos con un piloto y menos con un copiloto que se oriente por una carta de navegación -nadie la conoce- y nos lleve a buen puerto en medio de la turbulencia que nos acecha. Tampoco han servido los técnicos que inexpertos pero muy amigos del piloto han sido ubicados en puestos claves para mantener el avión en el aire, sin lograrlo.
Las evidencias son implacables y la cruda percepción de la opinión pública es devastadora. Las mediciones hechas por las distintas agencias de investigación de mercados así lo atestiguan. No solo el presidente colombiano ha tenido durante la mayor parte de su gobierno una imagen negativa que se ha venido incrementando en los últimos meses, sino que la calificación global que obtiene en todos los campos de la vida nacional más que dicientes, son insultantes. Ser calificado con un promedio de 15 puntos en todas las áreas de la gestión pública cuando el máximo es 100, es una verdadera tragedia para las esperanzas de futuro que todos albergamos en nuestras almas. En ningún renglón de su gestión se nota algo positivo que sea digno de destacar y que nos calme el desasosiego que se ha apoderado de grandes capas de la población.
Es atortolante. Confieso que a lo largo de mi existencia he sido testigo de muchos presidentes que no han sido capaces de disminuir las grotescas diferencias que hay entre los colombianos ni tampoco de enfrentar de manera decidida los ingentes problemas que endémicamente hemos padecido, pero nunca había sentido un primer mandatario tan desconectado ni tan despreocupado de lo que carcome la paz y la concordia que, además, prometió defender con ahínco. Como sino trágico ha pasado por la presidencia de la República todo tipo de personajes al amparo de promesas que nunca han cumplido a pesar de darse todas las condiciones necesarias para asumirse como responsables del destino histórico del país. Desde presidentes arrogantes y violentos hasta ineficientes y obtusos han pasado por el “Solio de Bolívar”, pero ninguno de ellos había reunido todos los defectos en una misma persona sin tener siquiera la posibilidad de enmendar la tarea; insensible, soberbio, mentiroso, indolente, irresponsable, abyecto, aislado, embaucador. Definitivamente, un verdadero desastre por donde quiera que se vea.
Lo más triste de todo este océano de frustraciones es la servil posición que ha asumido la mayoría de las congresistas quienes han aprobado todo tipo de esperpentos jurídicos en contra de los intereses de la población. Han preferido la tajada burocrática y la defensa de sus propios intereses que las preocupaciones cotidianas de quienes votaron por ellos.
Estamos muy mal. Ojalá aprendamos que escoger un piloto es una tarea mucho más trascendente que seguir ciegamente la recomendación de alguien cuyas cartas están marcadas. Que el escogido escuche la voz de los pasajeros y que sean sus angustias las que marquen el rumbo y la velocidad del aeroplano, pero sobre todo que no abandone sus responsabilidades para asumir el rol de presentador de televisión con el que tape sus miedos mientras el avión se estrella en la espesura de la noche y los pasajeros pierdan hasta su propia dignidad.

PD: Ya está disponible el programa en mi canal de YouTube “Marketing y Sociedad”: “Derechos de los consumidores?”. Se hace una presentación de los 7 derechos universales de quienes adquieren, consumen y se apropian de marcas y productos. Cada un es descrito de manera sencilla y bastante comprensible.

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