Mercadeando

Publicado el Dagoberto Páramo Morales

Barranquilla: un caso de marketing político exitoso

Quien no haya visitado a Barranquilla en los últimos quince años y pueda hacerlo ahora encontrará una ciudad bastante diferente a lo que ella ha sido a lo largo de todos los años de su existencia. La sacudida que ha recibido es de tal envergadura que pareciera estar recuperando parte de ese esplendor que la caracterizó durante los siglos anteriores, cuando fue la receptora de muchos de los adelantos de la época al ser, además, la sede inicial de las más trascendentales organizaciones empresariales que hoy siguen brillando en el firmamento social, económico y político del país.

Es innegable que el rostro de “La Arenosa” luce una tez más atractiva y con mejores posibilidades de desarrollo en beneficio de todos sus habitantes y de quienes se animen a visitarla. Sería necio no reconocer la transformación que ha tenido en muchos aspectos que infortunadamente algunos pretenden ignorar al amparo de sus prejuicios políticos y sus sesgos ideológicos. No hay duda de que quienes vivimos hoy en “La Puerta de Oro” del país, somos testigos del sacudón que ha experimentado la ciudad y que puede apreciarse con tan solo recorrer sus calles y avenidas.

Hay que ver los recursos que se han invertido en la solución de uno de los principales problemas que la ciudad venía arrastrando: los arroyos. Su canalización ha permitido que la vida de los ciudadanos no se paralice cuando los aguaceros arrecian con furia. El sistema instalado -con tuberías inmensas enterradas en el subsuelo- ha permitido que los millones de metros cúbicos que caen sobre la ciudad sean dirigidos de forma controlada hacia el río Magdalena y no se sigan desplazando sobre las calles llevándose todo lo que a su paso encontraban y que tantas vidas humanas implicó.

Y ni qué decir de la construcción de vías que desembotellan el tráfico en todas las direcciones. Amplias avenidas la atraviesan de sur a norte y de occidente a oriente logrando mantener a la ciudad interconectada de forma rápida y sin mayores contratiempos. Infraestructura vial construida con muchos de los adelantos tecnológicos que tipifican a las urbes de los países más desarrollados. Este desarrollo en infraestructura urbana ha hecho que la construcción de vivienda se haya disparado de forma inusual.

Tampoco se puede negar el desarrollo logrado con ocasión de la realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018. A diferencia de otras ciudades en Barranquilla no se construyó una “ciudad deportiva” en la que se concentraran todos los escenarios. Éstos se repartieron en toda la ciudad realizando mejoras en la infraestructura no solo de las instalaciones -algunas nuevas-, sino de los accesos y las vías aledañas. A este nivel, los logros han sido de tanta trascendencia que se tienen las condiciones para postularse para organizar los Juegos Panamericanos del 2027.

Miope sería no aplaudir la lenta pero segura recuperación del Río Magdalena y su malecón que permite recorrer con seguridad y emoción sus orillas inundadas de largas jornadas de historia nacional. Paseo que se hace mucho más agradable después de visitar las modernas instalaciones del Centro de Convenciones “La Puerta de Oro” donde ya se han desarrollado eventos de talla nacional e internacional.

Tal vez el lunar más protuberante ha sido la falta de profundización en programas sociales que reduzcan la desigualdad y la inequidad que campea por toda la ciudad. No obstante la construcción y puesta en marcha de más de un centenar de parques, aún resta mucho por hacer para mejorar los niveles de educación y de empleo digno y bien remunerado.

Ante estos hechos imposibles de ocultar, no sería inteligente negar el punto de partida donde se originó ese cambio que hoy se ve por doquier y que seguramente seguirá profundizándose de manera sorprendente. Todo se ha hecho a la luz del slogan que el alcalde Char ha pregonado -y practicado- durante sus continuos periodos gubernamentales: “la piel de la ciudad se llama cemento”. Ha sido de tal nivel de éxito la planeación e implementación del marketing político desarrollado por Alejandro Char que, aunque oficialmente no es posible su reelección inmediata, sus ideas han logrado mantenerse en el poder durante tres periodos y está arrancando el cuarto de ellos. Este singular hecho en la política nacional ha permitido que sus seguidores reclamen su presencia en cualquier cargo del poder donde pueda seguir siendo el funcionario público de mayor nivel de aprobación de los últimos años.

Este es un ejemplo de lo que debe hacer un candidato y un partido político una vez accede al poder mediante la aplicación de los postulados del marketing electoral. Muy contrario a lo que están haciendo en la actualidad algunos de ellos -la alcaldesa de Bogotá es el ejemplo más grotesco- de hacer promesas durante la campaña de elección e incumplirlas una vez se instalan en el poder. Es tanto el reconocimiento que el exalcalde Char ha alcanzado que ya sus allegados políticos lo están postulando para ser el próximo candidato presidencial. Obvio que este salto no será tan fácil como algunos lo quisieran. No hay que olvidar las demostradas acusaciones de prácticas fraudulentas en las votaciones de la costa caribe colombiana y que uno de sus patriarcas -Roberto Gerlein- ha reconocido de forma abierta y hasta descarada y cínica. Por lo pronto, debemos aceptar que éste es un caso exitoso de concepción e implementación del marketing político, por lo menos mientras los respectivos organismos de control no digan lo contrario.

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