El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

¿Cómo sacarle el jugo a la plata en Paloquemao?

Usamos los conceptos económicos más pertinentes para construir una guía de cómo conseguir los mejores precios en la Plaza de Paloquemao y más allá.

Fuente: Arina Habich

Los colombianos siempre estamos en busca de mejores precios, y ¿qué mejor lugar para encontrarlos que Paloquemao? Sin embargo, a pesar de que este lugar tiene más de 50 años, no todos conocen sus secretos. Utilizando algunos conceptos económicos, experiencia de reportaje y un poco de intuición, encontramos los cuatro puntos clave para sacarle el jugo a la plata en la icónica plaza de mercado.

Una gota de economía aplicada

“Entre más cerca, más caro”, es el primer concepto económico que se puede explotar. Si bien parece obvio, solo hasta 1929 fue incorporado dentro de la literatura económica gracias a Harold Hotelling. En Paloquemao, vemos un ejemplo de lo que este economista llamaba “costos de transporte”, que en este caso son los costos de no solo caminar por la plaza, sino también de hacer comparaciones exhaustivas de precio por cada producto.

La consecuencia de estos costos invisibles es que muchos consumidores prefieran comprar los productos más cercanos a la entrada, y en teoría esta diferencia en demanda debe resultar en una diferenciación de precios entre los puestos de venta centrales y los periféricos. Es decir, si quiere buenos precios, camine más: entre más lejos esté el local de la entrada, es más probable que encuentre precios bajos o que usted logre más poder de negociación. De hecho, esta hipótesis fue confirmada al ir a la plaza de mercado: el marañón se vendía en la entrada a $35.000 la libra, y unos puestos más adentro se pudo encontrar (sin negociar) a $30.000.

¿La discriminación como herramienta?

“Vestirse casual ayuda a encontrar buenos precios”. Puede parecer banal, o incluso un poco ofensivo, pero la teoría económica soporta que en este tipo de establecimientos comerciales hay incentivos por discriminar precios. ¿Cómo así? ¿Me están discriminando por cómo me veo? La respuesta corta es sí, pero en realidad no es tan malo como suena. En la economía, este concepto se refiere al beneficio que tienen los vendedores cuando se dan cuenta de que algunos consumidores están dispuestos a pagar más que otros por los mismos productos. Ahora bien, es importante dejar claro que absolutamente todos los vendedores entrevistados (como Don Piter, el de las frutas) rechazaron rotundamente esta idea, diciendo: “aquí se les cobra a todos por igual”. Sin embargo, al preguntarle a los clientes, cuentan una historia completamente contraria. Desde la teoría y la práctica, podemos decir al menos que no lastimará el bolsillo dejar la Polo, los tacones o el bolso Gucci en casa cuando va a hacer mercado. Si no le ven la cara de Juanpis González, no le van a dar los precios especiales de gomelo.

El valor de la amistad y la lealtad

“Sonría, converse, conozca”. No es una broma, la teoría económica tiene fuertes argumentos que demuestran que la amistad, la fidelidad y ese tipo de comportamientos empáticos tienen efectos sobre la fijación de precios. Es sencillo: después de seguir los primeros dos pasos y encontrar a un vendedor que le caiga bien y venda lo que está buscando a buenos precios, lo mejor que puede hacer es hablarle, conocerlo y volverse cliente frecuente. A medida que se vayan conociendo, el vendedor o la vendedora estará cada vez más dispuesto a hacerle descuenticos, incluir la ñapa, o mandarle libras pesadas de productos de plaza.

¿Cómo así? ¿Me vende a pérdidas solo porque le caigo bien? No tanto, la realidad es que detrás de estos descuentos y regalos hay un balanceo, una optimización entre precio y volumen que está haciendo para maximizar sus ganancias. Si, para asegurar un cliente frecuente y mayores ventas, tiene que bajarles un poco a los precios y dar pequeños, puede ser un gana-gana para todos los involucrados. Ellos venden más, uno compra más barato, y de paso se gana un amigo en el proceso.

El ciclo de vida

“La basura de unos es el tesoro de otros”. No es un cliché, o si lo es, vale la pena aplicarlo en       Paloquemao. Las plazas de mercado enfrentan todos los días una carrera contra el reloj para vender lo más rápido posible su mercancía y así evitar que su stock se dañe. Pero es imposible luchar contra el tiempo. Siempre se quedará algo. Incluso este fenómeno se ve también con los productos de temporada, cuando hay sobreoferta.

Entonces, estar dispuestos a tolerar un poco menos de calidad, representa grandes oportunidades. Si uno se empieza a dar cuenta de la cantidad de comida que no se logra transar, resulta evidente lo que hay que hacer: comprar los productos que los demás no quieren. Esto no solo significa comprar los bananos golpeaditos, puede ser tan fácil como darse cuenta de los momentos en que simplemente se baja la demanda por un producto particular, por la razón que sea.

Un vendedor entrevistado profundizó más en el ciclo de los productos, mencionando que frecuentemente los que no se venden rápido pueden empezar a regalarse en “combos”, venderse a precios descontados, o eventualmente si nadie los compra se donan a personas necesitadas. Teniendo esto en cuenta, es como si, al comprar estos productos, los demás consumidores estuvieran subsidiando nuestros descuentos sin siquiera saberlo. Si quieren ir un paso más allá, o simplemente nunca van a comerse un banano golpeado, una estrategia clave para maximizar su poder de negociación puede ser llegar a la plaza justo antes del cierre, cuando “lo que se vendió se vendió”, y todos van a estar muriendo por venderle lo que quedó del día.

En resumen

Caminar un poco más, vestirse casual, ser amigable y explotar el ciclo de vida de los productos son tácticas que permiten obtener los mejores precios en Paloquemao, que no solo están soportados por la teoría económica sino por la práctica. Implementándolas, verán mejores resultados, conocerán personas interesantes y ahorrarán ese dinero que tanto apreciamos.

Comentarios