El Mal Economista

Publicado el harry ramos

Reflexiones de Resurrección

Por: Harry Ramos

En esta columna, aprovechando la culminación de la semana santa, reflexionaré sobre el carácter apocalíptico de los artículos sobre la economía colombiana y les daré una posible y sencilla solución a los problemas colombianos. 

El pasado mes, uno de los columnistas más leídos de este blog escribió sobre la situación económica del país. El artículo “CUENTA REGRESIVA PARA LA SIGUIENTE CRISIS COLOMBIANA”, el cual están invitados a leer, mostraba un escenario oscuro y crítico para Colombia. Las cifras no mienten y el autor puede tener razón el algunos aspectos. No obstante, no estoy totalmente de acuerdo con el tono con que se nos contaba la situación de nuestro país.

 En esta semana, hablaba con alguien que me mencionaba su anhelo por cambiar la humanidad pero a su vez me comentaba su frustración frente a la realidad de Colombia.  Y  entiendo esa sensación, al leer el artículo antes mencionado pienso que es totalmente posible que el precio del  petróleo, el precio del dólar, los índices de pobreza y la corrupción nos desanimen. Sin embargo, los índices o las noticias no son tan preocupantes como el constante desinterés que puede causar el acostumbrarnos a las malas nuevas. Hoy en esta columna manifiesto mi inconformismo frente a los intelectuales y periodistas que entienden como positivo el criticar sin proponer, el denunciar sin reflexionar y el entrevistar sin cuestionar. A veces, las malas noticias y las críticas parecen tan tentadoras para la academia y el periodismo, que se nos olvida que son vidas humanas y la imagen de un país de lo que estamos hablando. Con lo anterior, no hablo de ocultar la verdad, me refiero a ir un poco más allá, a cuestionar y a informar con un propósito. Por lo tanto, seré el primero que dejará tan mal hábito y propondré una solución para la “terrible situación” de Colombia.

Luego de esta semana santa, entre oraciones y reflexiones mezcladas con las tradicionales películas religiosas, llegué a la conclusión de que necesitamos prontamente un salvador. El mundo necesita un salvador y Colombia necesita un salvador. No me refiero a un líder religioso o a un político que con promesas y palomas blancas llegué al poder. Necesitamos a un personaje que nos devuelva la esperanza. Yo tengo mi salvador, estoy convencido que resucitó al tercer día y en él está puesta mi esperanza y es por él que creo en un futuro mejor. Sin embargo, no pretendo en este espacio convencerlos de mi convicción, pero si anhelo proponer una solución no tan económica a nuestros problemas: amémonos.

 Esto suena loco y posiblemente utópico, mas creo que es necesario volver a la esencia de la humanidad. Si en Colombia lográramos entender que el otro es nuestro hermano y lográramos amarlo, cambiaríamos la humanidad. Es sencillo, si yo amo, me protejo y junto a mi pareja no aumento la tasa de natalidad. Si amo, no hablo del otro y soy más tolerante con quien me rodea disminuyendo las tasas de riñas. Si amo, no me robo un pasaje en Transmilenio o los dineros públicos disminuyendo la corrupción. De golpe al terminar esta semana de reflexión podríamos salir de esa zona de confort y empezar a practicar el amor con los demás. Estoy seguro que si todos empezamos de a poco, los índices cambiarán y si no lo hacen por lo menos seremos más felices. Y esto debe empezar por nosotros los economistas, ojalá antes de poner los impuestos o subir las tasas de interés amemos un poco al consumidor y al habitante de a pie. Es hora de cambiar la humanidad empezando con el humano que tenemos al lado.

Harry Ramos

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