El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

Mujeres, las más vulnerables durante la crisis del COVID-19

La crisis del COVID-19 golpea con mayor fuerza a las mujeres. Debido a que: una proporción más alta de mujeres trabaja en lugares con mayor exposición al virus; el aislamiento obligatorio aumenta el riesgo de violencia hacia la mujer y la carga de trabajo doméstico; y la contracción de la economía afecta en mayor proporción a las trabajadoras informales.

Foto tomada de pixabay.com

Históricamente las mujeres se han tenido que enfrentar a crisis y guerras, como la primera y segunda guerra mundial o la crisis de 1929, en condiciones de mayor desigualdad laboral, económica, social o cultural. Por ejemplo, para la primera guerra mundial todavía no se había reconocido el sufragio femenino como derecho humano universal. En este sentido, la crisis del COVID-19 no es la excepción.

En primer lugar, las mujeres están más expuestas al contagio del virus porque tienen una participación más alta que los hombres en trabajos de mayor exposición al virus, como los relacionados al sector salud, y de aseo y limpieza. Solo en Colombia, de las 2.4 millones de personas ocupadas en el sector de administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana, el 62.4% son mujeres. Adicionalmente, según la ONU, las mujeres constituyen el 70% de los trabajadores del sector sanitario y social, y se encuentran en la primera línea de respuesta de atención a usuarios en clínicas y hospitales por lo que, además de los riesgos de contagio, están más expuestas a riesgos emocionales.

Por otra parte, a pesar de que instituciones gubernamentales y locales, como la Consejería Presidencial para la Equidad Mujer y la Secretaria de la Mujer, han aumentado sus líneas de atención y apoyo durante el aislamiento obligatorio, los casos de feminicidios y violencia intrafamiliar hacia la mujer han aumentado en el país. Según el informe del Observatorio Colombiano de las Mujeres, ha habido un incremento del 79% en denuncias de violencia contra la mujer desde el 22 de marzo, 313 denuncias más respecto al mismo periodo de 2019. Lo anterior, principalmente porque las dinámicas de aislamiento aumentan las tensiones en el hogar y el riesgo de que las mujeres pasen mayor tiempo con su agresor en casa. Solo durante el simulacro de aislamiento en Bogotá se reportó un aumento del triple en las llamadas de denuncias por maltrato intrafamiliar, según lo reportó Diana Rodríguez, secretaria de la mujer.

Adicionalmente, el aislamiento obligatorio aumenta la carga de trabajo doméstico en el hogar. Pues, las mujeres, además de realizar sus actividades laborales por medio del teletrabajo, tienen que dedicarle mayor tiempo al cuidado y asesoría de tareas de sus hijos que por la crisis no están asistiendo al colegio. Asimismo, deben repartir su tiempo en el cumplimiento de actividades del hogar. Cómo lo advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pandemia del coronavirus profundiza la crisis de cuidado y sobrecarga a las mujeres, que en la región, dedican el triple del tiempo que dedican los hombres a trabajos domésticos y de cuidados no remunerados.

Por otro lado, la crisis ha tenido impactos negativos en el sector laboral del país. Especialmente en el informal, donde solo el 23,9% de trabajadores del sector pueden realizar sus actividades laborales por medio del teletrabajo, según cifras del observatorio laboral de la Universidad del Rosario. En este sector, las mujeres se han visto más afectadas que los hombres, pues la proporción de informalidad femenina es mayor que la masculina. Según cifras del DANE, para el trimestre de noviembre de 2019 a enero de 2020, la informalidad laboral para las mujeres llegó a 48.5%, 3.5 puntos porcentuales más que la de los hombres.

Es claro entonces que la cuarentena pone en riesgo la seguridad alimentaria y la estabilidad de los hogares de las mujeres, especialmente de aquellas que son cabeza de hogar. Al trabajar de forma informal, es preocupante que no puedan acceder a servicios de salud, seguridad social, protección al cesante y a seguros de desempleo.

Por todo esto, es fundamental garantizar los derechos mínimos a todas las mujeres por medio de la focalización directa de políticas públicas dirigidas especialmente para las mujeres.

En cuanto a las mujeres que trabajan en el sector de salud, limpieza o ayuda comunitaria y social, es importante: primero, garantizar todos los implementos sanitarios necesarios para evitar el contagio (tapabocas, máscaras de protección, trajes especiales, etc.); y segundo flexibilizar los turnos con el fin de reducir el estrés y carga laboral, así como, facilitar el desplazamiento de su sitio de trabajo, especialmente a altas horas de la noche, para garantizar su seguridad.

Asimismo, se debe identificar por medio del historial de antecedentes y denuncias a aquellas mujeres que se encuentran en un alto riesgo de violencia doméstica y hacerles seguimiento y acompañamiento psicológico. En este sentido, se consideran que los esfuerzos del gobierno y alcaldía por medio de la línea púrpura y de la asistencia 24 horas de trabajadoras sociales, abogadas va por buen camino. Sin embargo, es necesario seguir difundiendo y ampliando la red de apoyo.

Igualmente, es crucial que por medio de instrumentos, como la Gran Encuesta Integrada de Hogares, el Sisben o la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, el gobierno identifique los hogares de mujeres que son trabajadoras informales y que además son jefe de hogar, para así focalizar programas de asistencia económica y garantizar los estándares mínimos de seguridad alimentaria durante la época de la crisis ocasionada por el COVID-19.

Finalmente, debido a la evidente vulnerabilidad en que se encuentran las mujeres, todas las políticas que tome el gobierno para contener y mitigar la crisis del COVID-19 deben ser analizadas desde una perspectiva de género, que ayude a cerrar las brechas que ponen en desventaja a las mujeres en este momento, y sobretodo, que garanticen sus derechos básicos universales y su protección.

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