El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

¿Mujeres contra la corrupción?

Por: Pedro O. Hernández Santamaría ( @peter_ohs)

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La incorporación masiva de mujeres a las filas de la policía de tránsito en Bogotá puede deberse a una estrategia de la lucha contra las prácticas corruptas que muchos ciudadanos critican de los miembros de esta Institución. ¿Es esta la solución?

POHS

Fuente: Caracol Radio. Disponible en: https://goo.gl/AdCs5D

En los últimos días he podido notar que muchos de los retenes de policías de tránsito en la ciudad de Bogotá están teniendo una particularidad bastante llamativa: parece que ahora, las mujeres agentes de tránsito son mayoría.

 Ahora, ¿es sólo percepción o una realidad? De forma oficial, el 8 de marzo de 2016 se adicionó un refuerzo al pie de fuerza de 600 nuevas integrantes a la Policía Metropolitana de Tránsito de Bogotá. Se afirma que fueron capacitadas en tránsito y transporte, junto con instrucciones en procedimientos judiciales, orientación en derechos humanos y resolución de conflictos.

Lo anterior me pareció obvio. Quiero intuir sin embargo, que de forma no oficial esta incorporación masiva de mujeres a las filas de la policía de tránsito en Bogotá es la lucha contra las prácticas corruptas que muchos ciudadanos critican de los policías de tránsito. Dicen por ahí que la práctica del soborno está en aquella voluntad de muchos de los uniformados que les encanta encontrar 20 mil, 50 mil o 100 mil formas de resolver inconvenientes con conductores.

 Pues bien, es generalizado el estereotipo de considerar a las mujeres menos predispuestas a recibir sobornos o a actuar de forma deshonesta. Incluso, el fortalecimiento del rol de la mujer en los cuerpos policiales y su involucramiento en labores de hacer cumplir la ley es visto como una punta de lanza en la lucha contra la corrupción (Gutierrez, 2003) por cuanto son en general, más confiables, honestas, competentes, pro-sociales (Sichel, 1978).

 No obstante, las conclusiones sobre ese estereotipo no son concluyentes. Hay quienes afirman que en efecto las mujeres son más honestas que los hombres, otros en cambio afirman que son igual o peor de deshonestas que los hombres, y también hay aquellos a los que todo les parece relativo y responderán a esta inquietud con un “depende”.

 Pues bien, la idea de considerar que como estrategia de reducción de la trampa, el soborno y la corrupción en la policía la fórmula mágica es involucrar a más mujeres e ir paulatinamente sustituyendo el recurso humano masculino, es una solución errada. Es una vieja fórmula que ha sido implementada en otras ciudades y aunque pueda traer resultados a corto plazo, a largo plazo no significa mayor diferencia. En  México, por ejemplo, se han dado casos en los que mujeres policía también han pedido “mordida” o “coima” como lo recuerda la conductora Diana Méndez en el artículo en NPR de Carrie Khan.[1]

 En un diseño experimental de economía de las decisiones y el comportamiento implementado en Uganda, como parte de una serie de estudios en varios países en desarrollo, se preguntó acerca de varias percepciones acerca de los oficiales de policía en un esquema hipotético de comportamiento en casos policiales, entre ellos, infracciones de tránsito.

 El estudio de Wagner, Rieger, Bedi, y Hout (2016) encuentra que en general, al menos en el caso ugandés, las mujeres tienen estándares éticos equivalentes a los de los hombres, y además, su disposición a reportar mala conducta y comportamientos corruptos es menor.

 Ahora, bien, debe tenerse en cuenta que una cosa es la percepción o la respuesta a un cuestionario y otro el modo de actuar, pero cuando te encuentras con respuestas similares entre dos grupos de población que se asumía completamente diferentes, hay algo que debe revisarse al respecto.

 La corrupción es de doble vía: es tan corrupto el que propone una negociación deshonesta como el que la acepta. Y en esto no importa que tengamos policías hombre, mujeres (o hasta LGBTI). El punto de fondo no es poner a mujeres “poco corruptibles” a enfrentar a los conductores de la ciudad que pueden estar o no dispuestos a sobornar también.

 Parece que poco importa ser creyente de alguna religión, o no, ser de un sexo o género específico, ser estudiante, independiente o empleado, trabajar en el servicio público o en la empresa privada, muchos de nosotros parece que estamos dispuestos a dar un pequeño soborno cuyo costo de oportunidad resulta mucho menor a una multa junto a un taller de comportamiento vial. Obvio, esto parece ser una generalidad absurda y estoy seguro que muchos conductores son honestos y aceptan las multas justificadas a infracciones de tránsito.

 Con todo, ¿es pues la solución traer más mujeres para resolver el soborno en la policía de tránsito? He ahí el debate.

 

Bibliografía

 Gutierrez, Maria. (2003). Integrating Gender into World Bank Financed Transport Programs – Case Study. Report 34495, World Bank.

 Sichel, Joyce L. (1978). Women on Patrol: A Pilot Study of Police Performance in New York City.

 Wagner, Natascha, Matthias Rieger, Arjun Singh Bedi, and Wil Hout. «Are women better police officers? Evidence from survey experiments in Uganda.» ISS Working Paper Series/General Series 615, no. 615 (2016): 1-34.


[1] “Mexican State’s Anti-Corruption Plan: Hire Female Traffic Cops”, por Carrie Khan, disponible en: https://goo.gl/afXwZ4

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