El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

Maduro: el gran hermano, el gran chamo

La lista de semejanzas entre el fatídico mundo orwelliano y la decadente Venezuela puede ser tan larga como diciente es la consigna del INGSOC, el partido del Gran Hermano, ¿Acaso del Gran Chamo?: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.

Ilustración elaborada por Camilo Cuellar
Ilustración elaborada por Camilo Cuellar

Por Juan Manuel Monroy

Twitter: @jmmonroyb @maleconomista

Facebook: El Mal Economista 

George Orwell publicó su emblemático libro 1984 hace más de 66 años. Parece como si el paso del tiempo no hubiese hecho de su obra un viejo libro empolvado y olvidado. Lo paradójico de su obra no solo radica en el legado crítico al bloque autoritario soviético de la época, sino que parece haber sido un manual que dirige o retrata el quehacer de algunos mandatarios.

En la distopía de “1984”, se ilustra a una Inglaterra sometida al régimen del Gran Hermano, un soterrado autoritario, obsesionado con controlar la intimidad de sus compatriotas. Allí se evidencia un sistema delimitado por cuatro conceptos que sustentan el orden social: piensabien, paracrimen, negroblanco y doblepensar. Se trata del mundo orwelliano que describe a la perfección el régimen del actual presidente venezolano Nicolás Maduro.

En primer lugar, Piensabien (en neolengua) se refiere al hecho de presumir autoridad moral para determinar lo que es correcto. No por nada, el oficialismo venezolano insiste en tildar de fascista a todo aquel que no se declare chavista. El éxtasis del pueblo en contra de la oposición, junto con el odio bien sembrado hacia otras naciones, se suman a la estructura totalitaria. Aquí existe solo una verdad, todo aquel que no la comulga está mal. Entonces, los enemigos son el mejor instrumento de convencimiento. No por nada el oficialismo autoriza cerrar el estamento de deliberación más importante de una Nación democrática, la Asamblea; insiste en los planes de asesinato al gran líder Maduro e insta a una nueva constituyente.

El segundo término, paracrimen, se refiere el afán por neutralizar todo intento de darse cuenta de los errores de lógica, y entonces, lo que carezca de sentido común es aceptado. En este sentido, los chavistas reducen las causas de las protestas a unos pocos ciudadanos de la élite con interés infundados quienes niegan fidelidad al establecimiento, o sustentan que las grandes filas en los supermercados se deben al contrabando y son una expresión de la abundante capacidad de provisión del Estado  ¿y no de su ineficiencia?  Maduro afirma que Venezuela está tan bien que millones de colombianos prefieren vivir allí ¿y la creciente ola migratoria de venezolanos que se palpa en cada rincón de Bogotá a qué obedece?

El paracrimen también se evidencia cuando los seguidores del régimen afirman que la inflación no es un impuesto regresivo que afecta a los más pobres, pues ésta se debe exclusivamente a los capitalistas y contrabandistas colombianos impíos y especuladores. Pero quizás el error de lógica neutralizado más evidente es creer que un alza en el salario mínimo es la solución brillante al problema económico venezolano. En sí, el razonamiento más básico que clama por denunciar una confabulación mundial en contra del supremo líder es la idea reina y salvadora.

Así, el término negroblanco también es importante dentro de este andamiaje discursivo. Este contiene esa capacidad de acomodar los hechos según convenga, pues solo si se anteponen significados contradictorios se logra un resultado sorprendente y disuasivo. Según lo anterior, el régimen chavista no es dictadura, es poder popular, Chávez no murió sino que vive en forma de pajarito y los manifestantes en las calles no solo son pocos sino instigadores del odio y del crimen. Gracias a esta capacidad de transformar la realidad es posible someter a Leopoldo López, líder de oposición, a un penoso juicio tan solo tergiversando verdades, cambiando el blanco por el negro o el negro por el blanco según convenga.

Pero estos tres conceptos anteriores son absorbidos por una gran práctica, poderosa, casi arrolladora, se trata del doblepensar. Aquí no solo basta con creer algunas de las infamias anteriores, sino que es necesario saberlas. Y para ello, se acude a alterar el pasado, a auspiciar el agotamiento de la memoria colectiva desvirtuando hechos poco convenientes. Se elimina todo punto de referencia y, por supuesto, se aboga por un distanciamiento del exterior mediante la salida de organismos multilaterales o el cierre de medios de comunicación que muestren qué hay realmente en las venezolanas.

Ante dicha facultad, no sorprende el afán del chavismo (alterando la historia) por cambiar las causas de la muerte del libertador, quien habría muerto envenenado por colombianos, enemigos de la gran patria. La lista de semejanzas entre el fatídico mundo orwelliano y la tristemente decadente Venezuela puede ser tan larga como diciente es la consigna del el partido del Gran Hermano, Acaso del Gran Chamo?: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.

.

 

Comentarios