El Mal Economista

Publicado el El Mal Economista (EME)

La Concordia: ¿Experiencias únicas, o muchos monopolios?

En La Concordia no hay mucho de dónde escoger, pero cada local es único. La apuesta de la plaza para fomentar el turismo es que no se repitan las experiencias que se puedan encontrar en cada uno de ellos.

Crédito: Andrés Felipe Molano Esquivel

Al visitar la Plaza de Mercado La Concordia, una de las más antiguas de la capital colombiana, se evidencia el grado de modernización que tiene. Desde el primer vistazo se aleja de lo que se conoce cotidianamente como una plaza de mercado. No hay desorden, no hay polvo y no hay personas que se acerquen a promocionar sus productos. Sin embargo, lo que más llama la atención es que no se ven más de uno o dos locales del mismo tipo. No está la cantidad interminable de fruterías, carnicerías o floristerías que normalmente se observan en plazas como la de Paloquemao: ¿Qué pasó aquí?

En primer lugar, es importante mencionar la gran variedad de locales que hay. Está el típico fruver, la tienda multipropósito, la salsamentaria, pero al mismo tiempo hay una librería, una chichería, una tienda de artesanías y hasta una galería de arte. Comercios que no se esperarían encontrar normalmente dentro de una plaza así. De todos estos, el local que más resalta es el de Latechocó, un sitio que se especializa en los derivados del cacao. En este se puede encontrar desde té de cacao, pasando por barras de chocolatina gourmet, hasta ají de cacao (¡su producto estrella!). El local está adecuado con una pantalla digital, muestras de todos los productos y un ambiente muy ameno. En definitiva, una calidad que sobresale.

Ahora, esta calidad se puede reflejar en sus precios. La gran mayoría de sus productos cuestan al menos $20.000 ; por ejemplo, una barra de chocolate de 90 gramos cuesta eso. Una cifra verdaderamente alta para este tipo de productos. Pero cuando se intenta buscar una opción más económica en los locales vecinos, existe una gran sorpresa: al parecer solo se puede conseguir en dicho local. El cual refleja entonces un grado de especialización impresionante, pues se basa solamente en un bien agrícola para generar toda una línea de productos que se diferencian del resto.

Crédito: Andrés Felipe Molano Esquivel

Y este no es el único caso que se ve en la plaza, pues es un patrón repetido en los múltiples negocios que operan allí. Para entender por qué pasa esto, la plaza tuvo una serie de renovaciones en los últimos 4-5 años, donde se capacitó a cada comerciante para generar experiencias únicas. Esto debido a que se busca que sea un foco de turismo en la ciudad, beneficiándose además de estar a cuadras del emblemático Chorro de Quevedo. Aunque para reforzar este propósito los mismos lineamientos de la plaza ahora determinan que no se puede repetir el mismo concepto de un local a otro. Esto lo que permite es que cada local funcione como una especie de monopolio dentro de la plaza debido a que son los únicos en ofrecer ciertos bienes o servicios, con lo cual pueden imponer un precio mayor al que se ve en otras plazas al prácticamente no haber más opciones o sustitutos.

“La plaza posee un tema de competitividad leal, quiere tener productos que sean únicos y esto hace que no haya tanta repetición”, comenta Johan Salas, encargado del local de Latechocó. Además, añade que la plaza quiere que “sea un productor específico el que se especialice como tal en ese producto para que haya una mayor calidad”. Algo que junto a su jefe han logrado reflejar muy bien, pues la experiencia que ofrece dentro del local es inigualable y, al contar con productos tan únicos dentro de la plaza, tiene la capacidad de establecer los precios que tiene actualmente.

Sin embargo, este caso entra en contradicción con lo visto históricamente en muchos otros, pues empresas que tienen gran poder monopólico tienden a descuidar su calidad al tener ya clientes asegurados y no contar con mayor competencia. Este es el caso de, por ejemplo, las empresas de servicios públicos, las cuales generalmente no brindan el servicio de la forma más eficiente posible al verse respaldadas por un gran poder detrás. En el caso de La Concordia, este poder se refleja en que cada local está seguro de que -al menos- dentro de la plaza no se va a encontrar un producto igual o siquiera parecido. Algo que difiere completamente con la dinámica de otras plazas, como La Perseverancia, donde la competencia en precios les genera incentivos a los comerciantes para querer sobresalir sobre los demás.

Pero para evitar caer en un conformismo que impida la mejora continua de la plaza y los comerciantes, Johan dice que La Concordia tiene múltiples estrategias como las constantes capacitaciones y eventos. Asimismo, el hecho de que a ellos les aceptaran instalarse allí complementa esto porque su presencia “hace que los demás comerciantes tengan la expectativa de mejorar”. Al estar tan enfocados en dar una gran experiencia con un valor agregado tan alto, donde no es únicamente el hecho de vender chocolate, genera incentivos en los demás comerciantes para que sigan mejorando y no se queden atrás con sus negocios. Además, también indica que, al no ser competidores directos, existe más colaboración y solidaridad entre los comerciantes de esta plaza que en otras pues pueden recomendar los locales de al lado porque están seguros de que en vez de sustituir sus productos, se pueden complementar.

De hecho, esta estrategia parece funcionar, pues Latechocó solo está desde hace veinte días en la plaza y desde entonces ya hay entre cinco y seis locales haciendo adecuaciones para ponerle un toque distinto a sus comercios. Ninguno parece quedarse atrás en la experiencia que quiere brindar esta plaza con potencial turístico. Cada día están buscando mejorar para brindar un excelente servicio y esto es algo que todos deberían apreciar. Al parecer, no todos los monopolios son malos, pues allí han permitido que se dé una experiencia completa en tan solo unos metros cuadrados de distancia.

Comentarios