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En tiempos de crisis de la democracia, Colombia por fin saca la cara

Por Andrés Zambrano

Son tiempos difíciles para la democracia. Protestas de grandes dimensiones en distintas sociedades sugieren que los gobiernos elegidos no están representando al pueblo. Este descontento generalizado usualmente lleva a la polarización: o se está a favor o se está en contra el gobierno de turno, nunca posiciones intermedias. Todo con la ayuda incendiaria de las redes sociales, que exacerban las posiciones extremas mediante la autoconfirmación de posiciones iniciales a través de la búsqueda de personas con opiniones similares y bajo el escudo no presencial del internet que incita a agresiones en contra de los que piensan distinto.

Colombia no ha sido ajena a este fenómeno. Llevamos siglos sufriéndola, sin necesidad de redes sociales. La violencia de la polarización desde tiempos de Bolívar, en ese entonces entre centralistas y federalistas, se reemplazó por aquella entre liberales y conservadores y perduró por más de un siglo. O se estaba a favor del partido o se estaba en contra, con las consecuencias violentas que esto acarreaba. Por esta polarización generada por los partidos tradicionales, que no aceptaban una visión distinta, es que las guerrillas nacieron. Y en los 80s otro tipo de polarización en las zonas rurales surgió entre guerrillas y paramilitares. O se estaba a favor o se estaba en contra, nunca en el medio, con las consecuencias mortales que esto significaba.

Luego vino la polarización alrededor de Uribe y Petro: o se está con alguno de los dos, o se es tibio, con las consecuencias “morales” que esto último conlleva. Pues parece que en las últimas elecciones por fin nos cansamos de tanta polarización y no nos dejamos asustar de estas consecuencias morales. Es alentador ver, que después de una larga historia de extremos, por fin estamos convergiendo a posiciones intermedias e incluyentes.

Veamos algunos ejemplos. Comencemos con Bogotá. Parte de la polarización reciente que se estaba experimentando es que los alcaldes electos no ganaban con una mayoría contundente, siempre quedaban distanciados de unos cuantos puntos porcentuales con el segundo y a veces con el tercero. El problema per se no era este. El problema radicaba en que el segundo en la contienda tenía visiones opuestas al ganador y bajo el lema de la falta de mayoría, hacía una oposición férrea que minaba la gobernabilidad. Por esta razón se propuso en el debate público la opción de una segunda vuelta para alcaldías.

Por primera vez en estas elecciones, la ganadora Claudia López y el segundo en las elecciones, Carlos Fernando Galán, representaban el centro, son bastante cercanos ideológicamente. Los extremos quedaron relegados con un porcentaje bastante menor. Esto fortalecerá la gobernabilidad de la futura alcaldesa, que además envió un mensaje esperanzador al reunirse inmediatamente con sus previos contrincantes para acordar una agenda. Estos son los hechos significativos que nos alejan del mal de la polarización.

El segundo ejemplo viene de Medellín. Una ciudad de pasado conservador que ha vivido de primera mano la violencia más intensa en una zona urbana de Colombia. La región que siempre apoyó en sus inicios a Álvaro Uribe con su representación de la derecha, ya lleva varias alcaldías diciéndole No a los extremos, eligiendo candidatos alejados de la política tradicional.

Hay muchos más ejemplos de convergencia al medio en el resto del país. Desde ciudades grandes como Cali y Bucaramanga que, como Medellín, llevan eligiendo alcaldes independientes; hasta Cucutá y Santa Marta, que empiezan a alejarse de los partidos tradicionales. El partido Verde se está erigiendo en el país como esa fuerza de centro, que logra agrupar las posiciones intermedias. Ese espacio que en otros tiempos estaba destinado al partido liberal, se había desdibujado porque se concentró en jugar el fastidioso juego de la polarización a partir de maquinarias que no incentivan al voto de opinión. Ahora estos partidos tradicionales sólo logran “ganar” gobernaciones compartidas a partir de Alianzas con otros partidos.
Las noticias esperanzadoras no solo vienen de cómo están votando los ciudadanos, también vienen de que por fin están votando. La abstención sigue su sendero de reducción y podría preverse que seguirá disminuyendo porque esos nuevos votantes que antes no lo hacían ante la desesperanza en la democracia, ahora están viendo que sí se puede ganar cuando se participa.

Falta aún un largo camino, pero pareciera que nos decidimos finalmente a tomar el sendero. Esto solo se consolida en la medida que los recientes candidatos electos cumplan con las expectativas que se han depositado sobre ellos. Se consolida en la medida en que gobiernen inclusivamente para todos y no solamente para los que votaron por ellos.

P.D: Es una gran lástima la fuga de Aida Merlano. No solo porque mina la confianza en la justicia, era también la esperanza que teníamos de saber cómo funcionaba con detalles la compra de votos y cómo combatirla para que el voto de opinión siga ganando espacio.

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