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Necesitamos una regla fiscal que se cumpla para que la política monetaria haga una buena labor

por: David Perez-Reyna

En la constitución política de Colombia de 1991, se determinó que las autoridades económicas (Banco de la República, Ministerio de Hacienda, etc.) interactúan bajo un régimen de dominancia monetaria. Eso implica que la política fiscal se debe ajustar para que se satisfaga la restricción de presupuesto del gobierno. No obstante, hay retroalimentación entre política fiscal y monetaria: si hay déficit fiscal alto, es posible que el Banco de la República deba reaccionar, y eso en la práctica restringe la dominancia monetaria. Por lo tanto, una regla fiscal creíble es importante, no sólo para que un gobierno sea responsable fiscalmente, sino para garantizar el funcionamiento de la política monetaria.

A grandes rasgos, el problema de financiamiento de un gobierno es relativamente simple: un gobierno tiene unos ingresos, que provienen en su mayoría de impuestos, y unos gastos. La diferencia entre gastos e ingresos determina el déficit. Este déficit debe ser financiado, y en general hay dos maneras de hacerlo: con deuda o imprimiendo billetes. Dado un déficit fiscal, la interacción entre las autoridades económicas relevantes (Banco de la República y Ministerio de Hacienda en el caso de Colombia) determina cuál manera tiene prelación. Hasta 1991, el país estaba bajo un régimen de dominancia fiscal; es decir, se determinaba la deuda, y la política monetaria reaccionaba a esta deuda para financiar el déficit. El problema de un régimen así es que puede haber incentivos para que un gobierno no sea juicioso y aumente su déficit y, para poder financiarlo, la impresión de billetes puede causar inflaciones altas, con consecuencias muy negativas. Las experiencias recientes de Venezuela y Argentina, y las de países como Bolivia, Brasil y Perú en los 80 y 90 son muestra de esto. Por eso, con la determinación del mandato constitucional del Banco de la República en 1991, Colombia hizo la transición hacia un régimen de dominancia monetaria, donde la autoridad monetaria determina su política (para controlar la inflación, en el caso de Colombia) y la autoridad fiscal ajusta la suya para que la restricción de presupuesto del gobierno se satisfaga.

En principio, bajo dominancia, si hay un déficit mayor, las autoridades económicas deben emitir más deuda, porque la política monetaria es independiente. No obstante, la política fiscal puede afectar a la política monetaria. En un artículo académico reciente, Arellano y coautores plantean un modelo teórico para entender lo ocurrido en Brasil desde 2015, donde hubo una recesión con inflación, tasas nominales de interés y márgenes de la deuda con niveles altos. Los autores encuentran que la eficacia de reglas de tasas de interés para mantener inflación depende del riesgo soberano, porque un alto riesgo de incumplimiento de la deuda causa menor consumo y producción e inflación alta. Por lo tanto, una política fiscal no disciplinada tiene un efecto directo sobre la eficacia de la política monetaria para cumplir su papel de frenar la demanda para disminuir la inflación.

Esto implica que para poder contrarrestar inflaciones altas no es suficiente con tener un banco central independiente. También se necesita un gobierno con una política fiscal responsable. En este sentido, una regla fiscal no sólo es necesario para impedir que la deuda pública crezca sin control; la ausencia de una regla fiscal puede causar que la política monetaria no pueda cumplir bien su labor.

En los ochenta en Colombia era común leer que todo iba mal menos la economía. En una región en medio de una década que se consideró perdida por las crisis económicas de los primeros años, Colombia se destacó como un país con estabilidad macro, que logró un crecimiento del PIB real promedio de 3,3% por año, mientras que otros países no crecieron. Esto a pesar de una interacción entre política monetaria y fiscal que podría causar inflación alta (dominancia fiscal, con un banco central que hizo las veces de banco de desarrollo). Los macroeconomistas colombianos todavía nos damos palmadas en la espalda con esta estabilidad macro, a pesar de que hoy en día en la región la estabilidad macro es la norma. Para evitar que esto cambie en Colombia, es bueno que la política monetaria pueda seguir cumpliendo un buen trabajo de mantener la inflación baja, pero para eso necesitamos una política fiscal responsable. Una regla fiscal que se cumpla es una condición necesaria para esto.

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