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De Hong Kong para Colombia: lecciones de una protesta interminable

Por: Andrés Zambrano

Desde 1997 Hong Kong hace parte de China como una región administrativa especial que en teoría le garantiza suficiente independencia, con una supuesta autonomía en las tres ramas del poder. Este arreglo con el gobierno central de China fue negociado por 50 años; sin embargo, la percepción del pueblo de Hong Kong es que esa autonomía se ha ido perdiendo gradualmente y por eso protestan. Estas protestas han sido un ejemplo de resistencia para el resto del mundo, ¿qué podemos aprender los colombianos de ellas?

La primera protesta que logró la atención global sucedió en el 2003 cuando el gobierno de Hong Kong intentó pasar una ley que pretendía castigar a aquellos que estuvieran en oposición al Partido Comunista del gobierno chino. La ley debía ser aprobada por el legislativo y los proponentes de la ley ya habían hecho las alianzas suficientes para que este fuera aprobado, ¿suena familiar? Ante la inminente aprobación, medio millón de personas salieron a las calles para oponerse a la propuesta, lo que llevó a que uno de los partidos de la coalición se retractara, obligó a retirar la propuesta y a la renuncia de parte del gabinete. Esto si NO suena familiar en nuestra querida Colombia. Era el primer intento de Beijing de doblegar el espíritu hongkonés y era una muestra de que las protestas son un mecanismo válido para hacerle contrapeso a un gobierno con el que no se sienten representados.

El segundo intento vino en 2014. Ya para ese entonces, el gobierno chino había logrado la mayoría del parlamento y la elección del ejecutivo a punta de pequeñas leyes a través del tiempo.  El pueblo de Hong Kong presionaba por elecciones democráticas del jefe del ejecutivo, como les habían prometido con el retorno a China casi veinte años antes. El gobierno aceptaba entonces la elección con voto universal de una terna propuesta por un comité, pero cuyos candidatos debía aprobar el Partido Comunista del gobierno de China. “Ustedes pueden elegir … entre los candidatos que yo impongo”, les decía el gobierno chino.

La gente respondió volcándose a las calles y se conoció mundialmente como la Revolución de los Paraguas. Pero esta vez la protesta, que duró casi tres meses, fue levantada violentamente y el gobierno chino se salió con la suya. Entre las cosas llamativas que trajo la disolución de la protesta fue la participación de triadas (sí, las mismas pandillas ilegales de las películas), actuando cual paramilitares, acosando y golpeando a los protestantes, con la complicidad de la policía.

Las protestas actuales, tal como se imaginan, también son por una ley dudosa introducida por la jefe del ejecutivo, fiel aliada de Beijing. Esta ley intenta llenar un vacío legal al reglamentar la extradición de fugitivos a China. A primera vista parece sensato, el problema es que China puede considerar como fugitiva a cualquier persona que opine en contra del gobierno, como intentaron hacer con la primera ley. Como el gobierno chino domina el ejecutivo y el legislativo, su aprobación se daba como un hecho en las esferas políticas.

Los ciudadanos de nuevo se movilizaron. Ya van casi dos meses de protestas; una de ellas llegando a los dos millones de personas, más de un cuarto de la población total, una locura. En un comienzo estas protestas habían sentado un precedente único en el mundo. Las noticias presentaban una organización formidable, un pacifismo admirable y un apoyo casi total del resto de ciudadanos que, aunque no participaban activamente, tampoco se quejaban por demoras asociadas a las protestas.

Las protestas lograron parcialmente su cometido, la ley de extradición fue retirada por el momento. Sin embargo, las protestas se han ido degradando por parte y parte. Por un lado, la policía comenzó a tomar represalias violentas (al estilo ESMAD), desencadenando la furia de los protestantes de la que también salió una facción violenta que se tomó el Concejo legislativo (sí, así como varios de nuestros protestantes que se dedican a dañar cualquier cosa que huela a público).

Para terminar de complicar la situación, las triadas están de nuevo apareciendo, incluso en una noche tomándose el metro y pegándole con palos a los protestantes que volvían a sus casas. De nuevo lo más preocupante de este último episodio, es el beneplácito de la policía que se tardó una hora en aparecer. Parece que esas estrategias que tanto vimos en las masacres rurales en Colombia, donde el Ejército aparecía tiempo después, también son usadas en el Lejano Este. La diferencia es que esta situación unió aún más los ciudadanos y renovó el espíritu de la protesta. Nosotros … bien, gracias.

¿Cuáles son las lecciones para Colombia? Para mí la principal lección es la capacidad de transformación que tienen las protestas, cómo los ciudadanos se hacen escuchar incluso cuando todo está perdido en la Ejecutivo y Legislativo. Es imposible no recordar con nostalgia las varias veces que nuestro Congreso ha hundido amañadamente las leyes anti-corrupción, sin que nosotros hagamos nada. Solo nos lamentamos en redes, vilipendiamos el Congreso, pero al final queda todo igual. Esto es lo que con protestas podríamos evitar, deberíamos salir cada semana hasta lograr que se tomen en serio su trabajo. Las protestas en Hong Kong es un ejemplo de persistencia y resiliencia que debemos tener.

La segunda lección es la participación pasiva de la ciudadanía que no quiere o puede participar activamente en las protestas, pero que las entiende y se permite perder un tiempo apoyando la causa. Nos falta mucha más empatía para ponernos en los zapatos del otro y comprender su lucha. La tercera lección es comprender todo lo que puede salir mal cuando la violencia se vuelve la regla en las protestas. La violencia engendra un espiral del que es muy difícil salir y siempre termina mal. Evitar que suceda esto depende de ambas partes, la fuerza debe ser el último paso a seguir.

 

 

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