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En Bogota: encierros apresurados

Por: Jorge Tovar

La tercera ola del Covid-19 en Colombia está siendo particularmente agresiva. Nuevamente llegan las cuarentenas. Hay, sin embargo, una notable diferencia con lo que se vivió en la primera y segunda ola. El crecimiento de casos no ha sido tan homogéneo a través de regiones. ¿Tiene sentido haber cerrado a Bogotá el pasado fin de semana?

La Figura 1, con datos a 13 de abril de 2021, es un instrumento útil para identificar rápidamente cuáles son los municipios en los que está creciendo más el número de afectados por el coronavirus. Hace algo más de un mes, no sólo reportó el caso de Santa Marta cuando en el resto del país estábamos celebrando el descenso de la segunda ola, sino que, haciéndole seguimiento, mostraba un repunte en municipios de la Guajira, Magdalena y otros de la región Caribe. Nótese que la gráfica ya no reporta a Santa Marta, y aunque todavía hay varios municipios caribeños, ahora predominan Norte de Santander y varios de Antioquia.

Figura 1

 

Santa Marta, como ilustra la Figura 2, alcanzó su punto más bajo del 2021 durante la semana que inició el 1 de febrero. A partir de allí ha crecido sistemáticamente sin parar por, ya casi, dos meses. La tercera ola, tanto en casos diagnosticados como en número de fallecidos, impactó mucho más fuerte que las dos olas anteriores. A diferencia de lo ocurrido con Leticia, y ante la llegada de Semana Santa, nadie ordenó un bloqueo epidemiológico a una región que se aprestaba a recibir a miles de turistas de todas partes de Colombia. Las consecuencias están aún por verse.

Figura 2

A comienzos de febrero, mientras los casos subían en la Costa, en Bogotá y Medellín la gente compraba paquetes turísticos al tiempo que las ciudades recuperaban algo de su ritmo aprovechando el descenso de la terrible segunda ola de fin de año. Hasta donde tengo conocimiento no hay evidencia clara de que lo que se presentó en la Costa Caribe fuera una nueva cepa, de las muchas que ahora circulan en el mundo. Lo que sí parecen mostrar los datos es que la tercera ola llegó por el norte y se ha ido desplazando hacia sur del país.

Figura 3 (panel a)

Figura 3 (Panel b)

La Figura 3 muestra, para cada semana, los casos diagnosticados y fallecimientos en Bogotá (panel b), y Medellín (panel a). En el caso de Medellín la tercera ola (segunda para el resto del país) culminó su descenso en la semana que inició el 22 de febrero. Es decir, a partir del 1 de marzo los casos comenzaron a crecer. El crecimiento en casos diagnosticados, con un patrón similar al observado en la primera ola, difiere de ésta en que el efecto ha sido mayor. Tanto en diagnósticos como en fallecimientos, las cifras son aún más trágicas.

En Bogotá, el punto más bajo tras la segunda ola se alcanzó la semana que inició el 8 de marzo. A partir de entonces, como en Medellín, como en Santa Marta, comenzó el ascenso, primero lento, luego acelerándose tres semanas después.

Bogotá entró en cuarentena el fin de semana pasado, del 10 al 12 de abril. Ni las UCIs estaban muy llenas, ni los casos disparados. No voy a entrar a debatir el para qué, pues no entiendo aún si una cuarentena de tres días tiene algún efecto positivo, más allá de la consabida afectación económica y el golpe sesgado hacia el sector formal. Me parece más curioso el por qué.

Si la hipótesis que estoy planteando es válida, Bogotá va rezagada 5 semanas respecto a Santa Marta y dos semanas respecto a Medellín. Dado que el país no impuso restricciones a los viajes internos, ni se crearon burbujas epidemiológicas regionales, es de esperar que el virus se expanda naturalmente. Es decir, en las próximas semanas la ciudad recibiría la embestida más fuerte desde que comenzó la pandemia. Puesto que las cuarentenas parecen ser el único instrumento de política disponible, su uso debió haberse postergado para unas semanas después. La ciudadanía está cansada de cuarentenas. Está agotada de encierros prolongados. Estos encierros, iniciando apenas la embestida de la tercera ola, no parecían necesarios.

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