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Perea y Córdoba: Historias distintas, un mismo acontecimiento

En una temporada corta y vertiginosa, plagada de compromisos ligueros e internacionales para no interrumpir ni dejar puntos de distracción diferentes al Mundial,  Amaranto Perea e Iván Ramiro Córdoba ocuparán un lugar en las definiciones más codiciadas del mundo: La Liga de Campeones y la Liga de Europa (aún cuesta no llamarla Copa UEFA). Los protagonistas en mención vivirán cada uno a su manera dos sucesos diferentes, pero que a su vez, marcan un hecho histórico para el fútbol colombiano. Nunca antes dos futbolistas de nuestro país habían formado parte  de dichas definiciones en una misma temporada. Sin Colombia en el Mundial, desde cualquier punto de vista, es el hecho futbolístico más importante del año.  

En su regreso a Boca para cumplir su segunda etapa como entrenador, Carlos Bianchi expresó una frase que puede ayudarnos a sustentar el giro futbolístico de Inter y Atlético en Europa: “de la E a la I hay una sola vocal. Se pasa del  Elogio al Insulto”. Esa expresión clara y convincente, describe perfectamente la convulsión del fútbol, donde en un día puedes pasar de  héroe a villano  con una facilidad pasmosa. Pues bien, esta vez Inter y Atlético invirtieron la vocal. Cambiaron el rumbo cuando sus campañas en el viejo continente tenían aroma de frustración. Sus presentaciones en la fase de grupos dejaron más dudas que certezas.  

Pase lo que pase en la final de Hamburgo, el caso del Atlético de Madrid quedará en la historia europea por ser una de las campañas más sufridas y menos generosas en materia de rendimiento y resultados. La eficacia de Forlán en momentos claves, puede ser el argumento de peso para explicar cómo un equipo con sólo dos victorias en 14 partidos  europeos disputados, hoy sea uno de los finalistas al final de la temporada. Se clasificó para la Liga de Europa gracias a los goles marcados fuera de casa en su enfrentamiento directo frente al APOEL de Chipre en la Champions. Así mismo fue su  trayectoria en el segundo torneo: definida por los goles en condición de visitante.  Únicamente en dieciseisavos de final contra el Galatasaray  terminó arriba en el marcador global (3-2). Los demás enfrentamientos (Sporting de Lisboa, Valencia  y Liverpool) fueron empates y apenas con el valor del gol fuera de casa decantó la eliminatoria a su favor.

 

Sin embargo, no sólo me quedo con la eficiencia del uruguayo, uno de los mejores delanteros del mundo. También vale destacar dentro de esta revolución a Quique Sánchez Flores. El ex técnico del Valencia, introdujo un cambio mental tras la salida de Abel Resino, gloria del club pero rechazado por algunos jugadores. Uno de ellos José “La Perla” Reyes, quien fue marginado durante su gestión y hoy es clave como extremo izquierdo en la estructura del equipo.

 

En ese ramillete de resurgimientos  aparece Amaranto. Utilizado por Resino como un emergente en el lateral derecho, con Sánchez Flores fue titular en todos los encuentros y volvió a ser central, su posición en el campo. Su actuación fue fundamental en el segundo partido de cuartos de final para sostener el 0-0 ante Valencia. En Anfield Road festejó el gol de Forlán y participará en la final de Hamburgo ante Fulham. Hasta la fecha sólo Faustino Asprilla logró quedarse con el título de la UEFA en las temporadas (94-95 y 98-99). Amaranto va por su propia historia en compañía de un club  sediento de gloria  desde hace 48 años.

 

Córdoba será el primer colombiano en una final de la Champions. Si bien el central interista no ha sido partícipe de primer orden por culpa del gran acoplamiento de Lucio y Samuel en la zaga; que sea el primer futbolista nacional en la gran final europea, es un acontecimiento justiciero en relación con su impecable carrera en Italia. Ningún futbolista del país registra un sostenimiento de 10 años en términos de rendimiento y comportamiento profesional  en un club de primera categoría.

 

Después de Zanetti, el colombiano es el extranjero con más años en la institución. El capitán argentino llegó en 1995. Córdoba lo hizo en el 2000. Consiguió 10 títulos  y levantó uno de ellos como capitán: La Copa Italia versión 2005. Aún le queda el Scudetto y la Champions  para cerrar el álbum de éxitos de 2010.  Es cierto que en el fútbol hablar de méritos es tan subjetivo como discutir los gustos futbolísticos de Guardiola y Mourinho. Nunca habrá unanimidad. Son gustos. Sin embargo, no me queda duda de que es el jugador que más merecía ocupar ese distinguido sitial.  En 2003, cuando era un indiscutido en la formación, un inspirado Schevchenko le ganó el mano a mano en la semifinal Inter – Milán y le aplazó el sueño.

 

Esta temporada, el defensor ha participado en 23 encuentros (21 de liga y 2 de Champions), números cortos, pero que no le quitan validez a su logro. Estos días serán de incertidumbre y tensión para él. Su pronta salida en la final de la Copa Italia ante la Roma, pone en duda su presencia para la conclusión de la temporada. Una distensión en el bíceps femoral podría dejarlo fuera de la concentración del plantel para la gran cita.  No es un detalle menor para Mourinho, teniendo en cuenta la suspensión de Motta por dos partidos y las escasas opciones que tiene en el banco (salvo Materazzi) para sustituir o incluir un defensor si las circunstancias lo requieren. A las pruebas del Camp Nou me remito.

 

Serán dos panoramas distintos protagonizados por dos defensores. Dos colombianos que escribieron su historia en lugares diferentes, pero que hoy se cruzan en un mismo año para protagonizar un gran suceso. Dos equipos que pasaron de los silbidos y las dudas al clamor popular. Dos instituciones con festejos aplazados desde hace varias temporadas. Sólo falta un paso para decir que definitivamente, pasaron de la I a la E

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