Tenis al revés

Publicado el @JuanDiegoR

El tenis femenino se volvió somnífero

El circuito de mujeres es rutinario. Es aburrido porque carece de jerarquías y padece una homogeneidad de estilos. Por estas épocas es poco común encontrar un slice o un drop al estilo Navratilova, un cambio de ritmo como los de Clijsters, un rally de los que Martina Hingis hacía prolongados y excitantes, una sacadora como Justin Hennin que alimente el ritmo cardíaco definiendo un punto en la red, una Sabatini maliciosa y calculadora. El molde contemporáneo las fabricó a todas con golpes planos, como lanzadoras de rectas pero poco dúctiles en la muñeca. La forma única de las hermanas Williams- la potencia masculina- entretiene por ratos el circuito. Pero éstas, lejos de sus años mejores, no juegan siempre por lesiones o porque no.

La serbia Ana Ivanovic.

Nuestra penitencia es tener que soportar, además, unos gemidos terroristas, unos resoplidos de violentadas y no de deportistas. Por fortuna la WTA decidió restringir la acción, pero sólo para próximas generaciones. Por eso tendremos que soportar los aullidos de Sharapova y Azarenka hasta sus retiros, sólo con su belleza como consuelo nuestro.

Las jugadoras se quejan de que sus torneos no son televisados y el mundo del mercadeo les responde que el circuito femenino no es tan emocionante como el masculino, por eso los premios y los contratos publicitarios sobran en la ATP. La WTA no encanta porque no goza de dominadoras ni referentes, esto impide que se rompan récords y se establezcan marcas. Y los récords y marcas atraen mercadeo y trascienden a la historia.

Pocas de las actuales jugadoras trascenderán porque, por ejemplo, se profana constantemente el número uno del mundo. Algunas que ni siquiera ganaron grandes (como Safina, Wozniacki y Jankovic) subieron al trono, al igual que otras que aunque si se coronaron en Grand Slams, conservaron el liderato del listado en periodos cortos, casi efímeros (como Sharapova, Azarenka e Ivanovic).

Esperamos que sea cuestión de una nueva generación mejor. Porque a ésta le falta encanto.

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