It was born in England

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Retrato de una selección en llamas

Queiroz y su estrella

A César Luis Menotti siempre le ha gustado comparar el proceso de creación de un equipo de fútbol con el de una orquesta. Se necesita de buenos músicos, pero no solo con ellos se llega a tocar bien. Detrás siempre hay horas y horas de ensayo para que el violinista toque su violín cuando le toque y no cuando sea el turno de la trompeta. Arrigo Sacchi también comparaba su labor con la de Orfeo, pero a él le gustaban más las voces. Cuando llegó al Milan en 1987 declaró que su filosofía era la de «crear un coro con excelentes solistas». A otros, como a los de la famosa escuela pincharrata de Estudiantes de La Plata, la tarea les parece más propia de los laboratorios. A la larga es lo mismo: horas y horas de preparación para que en el campo las cosas vayan acorde a un método. En otras palabras, certeza. ¿Funciona así el fútbol? Permítanme el escepticismo. Las razones son sabidas: juegan veintidós, con los pies y no con las manos, el reglamento permite más de lo que censura, el balón es redondo y no hay tiempo muerto. ¿Cómo va a ser como la música? ¿Cómo va a ser como un laboratorio? Una comparación más justa es con la alquimia. Una combinación de artes y saberes entre la mística y la ciencia, guiada más por la intuición que por la certeza, más por las posibilidades que por la evidencia. ¿Cómo funcionará este lateral izquierdo con este mediocampista? ¿Y este mediocentro con este delantero? ¿Qué cosas saldrán de juntarlos? ¿Y si muevo a este extremo al centro? ¿Y si…?

El factor tiempo con el que cuentan en los clubes de fútbol, en condiciones ideales, permite un grado de certeza mayor, de mecanización. En las selecciones, sin embargo, eso desaparece. Todo se acelera. No hay tiempo para que aprendan sistemas de juego al estilo de los que vemos en las competiciones del día a día. No significa que sea imposible crear equipos con sistemas de juego de calidad. Es posible. Solo que se requiere de un talento y un trabajo distinto. No se trata de acumular horas y horas de entrenamiento repitiendo situaciones de juego hasta el punto en el que estas se conviertan en automatismos, sino de inculcar unos principios y unas ideas de juego base, de esencia, y luego saber mezclar los elementos que permitan que estas aterricen de lo etéreo al césped, convirtiéndose en realidad. Esos elementos son los jugadores, sus estilos, sus virtudes, sus defectos. En un club, con trabajo, un entrenador puede convertir a un jugador determinado en algo que él quiere; en una selección, se trata sobre todo de hacer grande todo lo que el jugador ya es por combinarlo con uno u otro. Por eso los entrenadores de una selección además de entrenar, seleccionan. Armar una selección es un trabajo que no se detiene en la labor de entrenamiento táctico-técnico-físico, gestión de plantilla y gestión de entorno, como en los clubes, sino que requiere, como su nombre indica, un proceso de selección. Ese proceso no basta con llamar a los mejores o los más en forma, sino en la confección de un equipo de fútbol, en la elección de perfiles que logren transmutar a ese compendio de ideas y perfiles en un ser vivo que juega y compite. Y así, Brasil 1982 o España 2012.

Carlos Queiroz ha sido seleccionador durante más de la mitad de sus ya treinta y un años como entrenador de fútbol. Conoce el oficio como pocos. Por eso, además, se puede dar el lujo de decir que es de los mejores y que los sistemas de sus selecciones suelen tener rasgos propios de los de los clubes: estructuras reconocibles desde la repetición de automatismos en situaciones determinadas. Sobre todo en defensa, donde es considerado un maestro. Su trabajo con la Selección Colombia, a pesar de los límites que ha tenido (Solo dos partidos de preparación al mes de llegar al cargo antes de afrontar la confección del equipo para la Copa América de 2019 y la ausencia del jugador más importante de su sistema en los seis partidos jugados después de la competición) es más que destacable. En tan solo un año (durante el 2020 no ha disputado partidos) lo transformó todo, dotando de sistema y estabilidad a un equipo que adoleció de no tenerlos durante el ciclo 2014-2018. Este es el retrato de Colombia, una selección en llamas.

Queiroz Inicia

Colombia contra Corea.

En febrero era anunciado y en marzo ya tenía que dar su primera lista y jugar sus primeros partidos. El nivel de expectación era enorme. La FCF ayudó en la transición: el entrenador de la selección juvenil, Arturo Reyes, venía encargándose del seleccionado absoluto en un interinato luego del Mundial. Mostró cosas nuevas y hubo gente a la que le gustó. Fue incrustado en el cuerpo técnico de Queiroz y su trabajo hizo la transición más sencilla: Queiroz trabajó sobre el libreto de Reyes y ante Japón y Corea del Sur puso un equipo que hubiese firmado el barranquillero. Le sirvió para dejar claro su talante: su Colombia iba a ser un equipo que poner carne en el asador para ganar los partidos, una duda razonable que existía por su fama y sus ocho años en Irán.

Más al detalle en: Queiroz Inicia

Todos los hombres del entrenador

Queiroz y los suyos.

El 16 de mayo de 2019 fue anunciada la lista de cuarenta futbolistas preseleccionados para la Copa América. La lista final de veintitrés jugadores fue publicada el 30 de mayo. En esas dos semanas, varios jugadores se sumaron temprano a las prácticas en Bogotá e hicieron casting para el seleccionador. Además, Luis Orejuela, lateral derecho, sufrió una lesión y fue reemplazado por Stefan Medina. Los rumores sobre los seleccionados volaban por todos lados. Faltando dos días para anunciarla, entre pasillos y conversaciones privadas se hablaba de que había veintidós jugadores definidos y que el cupo faltante se decidiría entre Sebastián Villa, Luis Díaz y Edwin Cardona. A la mañana siguiente, la selección jugó un partido contra Millonarios sub 20. Cardona y Díaz se inventaron un gol entre ellos que convenció al técnico y ambos jugadores estuvieron en la lista final. Andrés Ibargüen y Sebastián Villa se quedaban sin Copa América. Stefan Medina, que no estaba en la preselección inicial, también viajaba y con él la gran polémica de aquel mes: en cuestión de tres semanas pasó de ser el cuarto lateral derecho a ser el titular.

En la presentación de la convocatoria, Juan Guillermo Cuadrado, James Rodríguez y Edwin Cardona habían sido incluidos como mediocampistas. En los micrófonos, los jugadores eran abiertos respecto al trabajo que se estaba haciendo y dejaron entrever que el equipo cambiaría el 4-4-2 de Reyes y los dos primeros partidos por un 4-3-3. Asumiendo que Cuadrado y Rodríguez iban a ser titulares, eso significaba que uno de ellos iba a jugar en la línea de los atacantes. La lógica apuntaba al jugador de la Juventus, pero Queiroz nos sorprendería.

Prefacio

El equipo titular.

El primer partido en firme de la era Queiroz sería el amistoso de despedida rumbo a la Copa América contra Panamá. Varios de los jugadores convocados no estaban ese día en Bogotá o no habían sumado entrenamientos. El XI inicial se anticipaba de circunstancias. No fue así. Queiroz salió con el 4-3-3 que desplegaría de ahí en adelante. Al anunciar la alineación se especuló con un 4-2-4, después de todo, salía con cinco jugadores que habían jugado de delanteros durante toda o gran parte de su carrera y, sobre todo, a priori solo había dos jugadores vistos como mediocampistas de carril central: Barrios y Cardona. Iniciado el partido, dudas despejadas. Cuadrado estaba de interior derecho y Cardona de interior izquierdo. El partido tuvo la intensidad de uno de exhibición, pero dejó entrever los movimientos básicos del nuevo diseño táctico del equipo.

Desde que las lesiones crónicas forzasen la ausencia de Camilo Zúñiga del fútbol de alto nivel, la Selección Colombia de José Pekerman adoleció de no tener una estructura de salida eficiente que le permitiese no solo superar las presiones rivales sino organizar su fútbol desde el inicio de la jugada. En su presentación, la nueva Selección sí contaba con un mecanismo para salir jugando en el que el Cuadrado de interior adquiría una importancia capital. Colombia se gustó ante sus hinchas y salió para Lima, donde jugaría un amistoso en serio contra la mundialista Perú.

Ante el equipo de Gareca, Queiroz presentó un equipo que se antojaba titular. De hecho, respecto al equipo que terminó jugando, más allá de la lesión de Muriel en el debut, solo hubo un cambio: contra Perú jugó Cuéllar, pero luego el puesto sería de Barrios. ¿Era Cuéllar el titular, pero el buen hacer de Barrios cambió los papeles? A priori, el fútbol de Cuéllar encajaba más con lo que históricamente ha gustado a Queiroz en sus mediocampistas. Más allá de eso, Stefan Medina y William Tesillo, centrales de formación, pero convertidos a lateral (Medina en 2013, entre otras posiciones; Tesillo durante los seis meses anteriores a la Copa América), se presentaban como novedades, mientras que Radamel Falcao era el delantero centro elegido por encima de Duván Zapata, que había rondado los treinta goles en su temporada con la Atalanta.

La selección jugó un partido sólido ante Perú, afincándose en movimientos estructurales que ya se habían visto ante Panamá pero que cobraban verdadera dimensión en un partido con intensidad real y, sobre todo, con la presencia de James Rodríguez en el onceno inicial. Se ganó 3-0 en Lima y se jugó bien.  Queiroz desvelaba sus cartas: un equipo ofensivo, valiente y versátil planeado para el fútbol de James. Si tras sus destacadas actuaciones en las elimintorias a Brasil y en el mundial mismo, Colombia había afrontado las Copas América de 2015 y 2016 con la pretensión de ganarlas, fallando sobre todo por no tener un sistema de juego de la calidad de sus futbolistas, en 2019 sí lo tendría y el título era una posibilidad más cercana.

El sistema de James Rodríguez

El ’10’ y su equipo. Libre para jugar en su mejor nivel.

¿En qué consistía todo? Desde la lesión de Falcao en 2013, la primera ‘x’ que debe despejar un seleccionador de Colombia a nivel táctico es dónde va a jugar y para qué lo va a usar a James Rodríguez. Pekerman, urgido por la necesidad de darle determinación al ataque colombiano, en su decisión más inspirada del ciclo post-2014, intentó crear para James un sistema de juego en el que lo usaba de delantero, pero le daba la libertad de escoger pasajes del partido en el que ser mediocampista sin que eso significase perder un atacante de su estilo en el sistema poniendo a Edwin Cardona como una especie de doble de acción de James. Cardona jugaba en la línea del campo en la que James no, principalmente de interior izquierdo, y permutaba su posición con la del cucuteño cuando este bajaba al mediocampo, poniéndose Cardona de extremo izquierdo. El canterano de Atlético Nacional no es una copia del hoy jugador del Everton, pero sí tiene una suma de virtudes bastante parecidas como para doblar las intervenciones de James, siendo mediocampista cuando este es delantero y viceversa, logrando que Colombia contase, cuando funcionaba, con un James y medio, en lugar de con la mitad de James. Sin embargo, la mayoría de las veces, el resultado era contar con tres cuartos del futbolista pues Cardona estaba lejos de la clarividencia organizacional de James en el centro del campo y de su capacidad para golear y asistir jugando de delantero, por lo que el sistema terminaba exigiendo a James en ambas posiciones y no terminaba de tenerlo con la constancia requerida en ninguna.

La apuesta de Queiroz guarda similitudes con la de Pekerman, pero funciona con mayor fluidez y logra aprovechar al completo al ’10’. Como con el argentino, James parte a priori de la zona de los delanteros (Con Pekerman en un 4-2-3-1, con Queiroz en el mentado 4-3-3), sin embargo la diferencia está en que en lugar de doblar a James para que esté en una u otra zona a placer, el sistema de Colombia crea espacios y situaciones de juego que exigen a James que participe en una misma jugada en ambos escenarios, jugando en la práctica de centrocampista ofensivo del equipo, guiando la creación y organización del juego, pero también apareciendo en zona de definición para asistir, disparar o rematar.

¿Cómo funciona? Todo inicia con el sistema de salida del balón. Colombia cuenta con cuatro opciones de salida dependiendo de sus ejecutantes y de la defensa del rival. Dos de ellas son tradicionales: 1) los centrales sacan el balón con una mezcla de conducción y pase vertical que se divide entre a la banda para el lateral, hacia adelante para los mediocampistas o el ‘9’ o cruzado para el jugador que ocupe la banda contraria; 2) con el mediocentro retrocediendo su posición para una salida de tres en la que es el volante central el encargado de elegir ese pase, también con las mismas tres opciones. Lo más interesante sin embargo está en las otras dos, que en realidad es una: lo mismo que se hace en la derecha se hace en la izquierda, con la única diferencia es si está James en esa banda o no en el momento de salir.

El mecanismo es el siguiente: con el balón en los pies de uno de los centrales, el lateral derecho sube su posición hacia la divisoria o por encima, el interior de ese lado desciende a ocupar la teórica posición del lateral y crea un espacio en el mediocampo para que James, hipotético extremo derecho, descienda. El balón va al interior y a partir de ese enroque, la pelota sube y encuentra a James libre, ya sea tras un pase directo del interior o tras una combinación por banda con el lateral. Una vez el balón llega a James, el lateral o el interior toman turnos para dar amplitud, apoyo y profundidad por el sector. Del otro lado, si no está James (suele cambiar de banda de inicio durante todo el partido) para repetir el movimiento con exactitud, el hipotético extremo izquierdo también realiza un movimiento hacia el interior, más para acercarse al ‘9’ que al mediocampo, pero que de todas formas abre la puerta para progresar mediante un enroque de alturas y carriles que pierde las marcas del rival.

De esa forma, el propio sistema es el que involucra a James como mediocampista, creándole el espacio para que baje y reciba, y una vez lo haga comience a crear juego, obligándolo a participar sin que el ataque quede descompasado porque ni bien avanza la jugada, el interior y el lateral ocupan posiciones de ataque por fuera, y opciones por dentro tanto fijando la defensa (Los dos delanteros) como llegando, tanto al área como por el carril contrario. Para más inri, además de James, los otros cuatro jugadores más adelantados del equipo son casi siempre cuatro jugadores que son o han llegado a jugar de delanteros en algún momento de su carrera, por lo que se les presupone una vocación ofensiva y de llegada a gol que compensa mucho mejor que el intercambio James-Cardona la presencia de Rodríguez en la zona ancha y no en las inmediaciones del área. Luego, con James de director, la jugada avanza y él mismo la lleva a situaciones en las que su posición progresa hasta la zona de definición. El sistema de Queiroz está vivo y late en función del ’10’.

Cuadrado baja, Medina sube. Roger va al apoyo y James pica como atacante. Uribe da amplitud por izquierda.
Roger recibe abierto y empieza el movimiento para adentro. Medina se abre por delante. Cuadrado, que estaba arriba, viene a dar el apoyo. James, que estaba en la izquierda, libre por el medio. Uribe y Zapata en punta.
Cuadrado está abierto como extremo. James se acaba de cerrar y es apoyo por delante. Medina, que estaba cerrado, corre para doblarlo por fuera. Roger por el carril central, Zapata con el lateral derecho y Uribe apunta a ocupar el área.
Salida de Colombia. Media arriba y abierto. Cuadrado recibió como lateral y escapó de la marca. James baja y se cierra sobre el espacio vacío. Falcao rompe a la espalda. La recepción de James es fácil.

Para que esto tenga sentido, la segunda decisión importante de Queiroz ha sido la de mover a Juan Guillermo Cuadrado de la banda derecha al carril central. No es la primera vez que ocurre: con Pekerman, Cuadrado había alternado partidos como extremo derecho con otros de centrocampista ofensivo. La diferencia está en que, cuando está James, la presencia organizativa de Cuadrado se reduce. El equipo está diseñado para que Cuadrado comience de interior, pero termine por fuera, donde sus virtudes ofensivas cobran más sentido, ya sea como lateral para salir y escapar de las presiones, o como extremo, dando profundidad y amplitud por la banda derecha. Esto mismo también es algo que le pide al interior izquierdo, que muchas veces por partido traza desmarques muy profundos hacia afuera, terminando las jugadas como un extremo izquierdo clásico. Este comportamiento, que en la derecha cobra sentido para crearle espacio por dentro a James, en la izquierda se repite, incluso cuando el ’10’ no se acuesta sobre orilla.

¿Por qué? La razón está en el manual de fútbol de Queiroz: el portugués es un entrenador que quiere equipos que sean anchos y profundos no desde la posición sino desde el movimiento, con jugadores entrando y saliendo de sus carriles de origen, intercambiando posiciones y variando las alturas. La clave está en la versatilidad y la interpretación: no es que haya movimientos preestablecidos que deban ejecutarse en cada jugada, con jugadores designados para ello, sino que Queiroz crea un entorno que crea la necesidad de los mismos, sin especificar quien tiene que ejecutarlos, sino dando potestad a quienes pueden hacerlo. Así, el área y las bandas siempre están ocupadas, pero el número y la identidad de sus ocupantes depende la de la sinergia y la lectura de juego de los futbolistas, esto último marcado además por la misma voluntad ofensiva de los futbolistas elegidos y del influjo atacante que Queiroz impulsa en los suyos.

Con la pelota, Queiroz quiere que su equipo tenga el balón fuera, gire al contrario (que la defensa rival se oriente mirando hacia afuera o hacia su propio arco, en lugar de hacia el arco de Colombia) y en ese momento bien cambiar de lado, bien pasar la pelota por dentro porque se ha creado un espacio allí. Si en una misma jugada Colombia logra dar dos cambios de orientación, mucho mejor. Y allí es donde ese ir y venir de jugadores entre carriles cobra más sentido pues da fluidez y dinamismo al ataque colombiano: no hay referencias fáciles para el sistema rival y el estilo de progresión del balón está constantemente exigiéndole al contrario que dé giros de noventa o ciento ochenta grados que potencian esa pérdida de referencias.  Asimismo, es de destacar que Queiroz también diseñó a su equipo para que fuese capaz de atacar de forma versátil, con cadenas más largas de pase o con ataques relámpago; por los carriles exteriores o por los del medio; con centros desde el costado o con pases interiores; con combinaciones rápidas en las inmediaciones del área o buscando el uno contra uno.

Colombia sin la pelota

Y hasta ahora no hemos mencionado nada del entramado defensivo que ha hecho famoso a Carlos Queiroz como entrenador, a pesar de que sus grandes equipos hayan brillado sobre todo por sistemas ofensivos versátiles como el descrito para Colombia. Si para atacar Queiroz ha inyectado de movimiento, dinamismo y libertades a sus futbolistas, para defender les pide precisión posicional y actitud de bloque. Y sus jugadores han respondido. El trabajo defensivo ha estado a la par de lo logrado en ataque.

Antes de entrar al detalle, es menester aclarar algo sobre Queiroz: es un entrenador veterano que aunque está actualizado y al día con las nuevas tendencias no las persigue. Tiene un fútbol en el que confía y que responde a paradigmas que estuvieron en boga en otras épocas y que no lo están hoy porque el fútbol es como un río en busca siempre de nuevos cauces y desembocaduras, y por donde se abre un boquete, el agua lo sigue. En el manual de Queiroz, las presiones posicionales que vemos en grandes partidos hoy día, con los equipos mandando a siete u ocho (o más) futbolistas a presionar la salida del rival hasta el saque de esquina con duelos uno contra uno agresivos que tienen como objetivo el robo del balón, no están en el número de uno de sus prioridades. Para Queiroz, el robo del balón cerca a la portería contraria no está por encima del objetivo de no conceder al rival espacios detrás de la línea de presión, por ejemplo.

Pero esto no significa que Colombia no sea un equipo presionante. Lo es. Solo que su presión difiere en sentido y ejecución de lo que otros están haciendo en los escenarios más mediáticos. El mecanismo de presión de Colombia tiene como objetivo que el rival no progrese. ¿En qué se traduce esto en la práctica? En que la presión de Colombia cuando es alta, y en esto hablaremos en profundidad en párrafos subsiguientes, no está enfocada en persecuciones sobre los poseedores del balón, sino en evitar las recepciones que Colombia no desea de su rival. Por ejemplo, cuando los centrales rivales tienen el balón en salida, los delanteros colombianos no lo encimarán para robarle el balón sino para forzar el pase a jugadores que Colombia tiene referenciados a los cuales si presionará en busco del rol robo en el momento en el que reciben o van a recibir la pelota. Para esto, Colombia tiene unos roles muy marcados: si la tendencia en ataque es al intercambio posicional y a que los teóricos extremos sean en realidad un mediocampista ofensivo y un segunda punta, cuando juega James, o dos segundos delanteros, cuando no juega, en defensa estos sí deben tapar las bandas, dejándole la tarea de la presión sobre todo a los jugadores del carril central. El delantero centro encima al central que tiene el balón y los interiores son los que van a la presión sobre los receptores en el carril central, incluso a veces el mediocentro también lo hace. Si la salida es exterior, los colombianos que están por fuera sí toman una actitud más activa y el bloque se mueve hacia la banda elegida por el rival para atacar, con el mediocentro barriendo y saliendo a presionar a los receptores por dentro, mientras el otro interior es el que retrasa más su posición, creando una diagonal defensiva.

Brasil sale y cuando el central quiere pasar al mediocampista, los interiores de Colombia saltan a la presión. El brasileño no puede recibir fácil.
Bloque medio de Colombia. Bloque compacto. La defensa achica y Barrios encima al poseedor.
Otro ejemplo de bloque medio. La línea defensiva alta y dejando poco espacio entre esta y la del mediocampo.
Colombia replegada. De nuevo, líneas juntas hasta el punto de que es casi un 4-5-1. En esa jugada Stefan Medina anticipa un pase que va sobre Neymar.
Presión alta de Colombia que obliga a Chile a jugar en largo. Se puede observar dónde tenía puesta la línea defensiva el equipo.

La presión de Colombia es agresiva y funciona en bloque. La zaga planta la línea del fuera de juego lo más arriba posible y sigue los movimientos de los mediocampistas, adelantándose incluso más si puede o tomando marcajes sobre los jugadores que se ponen detrás de la nueva línea de presión del equipo. Si la presión es superada, Colombia tiene preparada una serie de relevos  y ayudas que buscan robar el balón o ralentizar la jugada para organizar de nuevo una presión en el centro, esta sí más orientada al robo, o un repliegue intensivo que involucra a todos los jugadores, incluido el delantero centro.

¿Y cómo actúa Colombia cuando pierde el balón? El fútbol es un deporte indivisible. Lo escrito anteriormente es una simplificación para comunicar con mayor claridad el juego del equipo. Lo cierto es que los rivales juegan y modifican comportamientos y que la defensa tiende a ser dependiente del ataque y viceversa. En el caso de Colombia, es un equipo cuya tendencia es la de acabar las jugadas. Colombia suele o acabar las jugadas en disparo o jugada de reinicio (saque de banda, falta o de tiro de esquina) o perdiendo el balón muy arriba y muy arriba y en zonas que facilitan la transición defensiva. Aquí Queiroz se la juega por un equipo que entiende muy bien los principios defensivos de su fútbol y que lee el juego acorde a ellos. Cada situación de pérdida requiere de una respuesta colectiva particular y su trabajo está en darles las herramientas a los jugadores para que desde sus talentos y entendimiento del juego tomen la decisión correcta, ya sea presionando de inmediato en busca de robar el balón y reiniciar el ataque o replegando rápido para organizarse. Lo importante es que las decisiones no sean individuales sino que sean de equipo: si la pierden y James, por decir uno que suele estar cerca al balón siempre, va a presionar, todos se organizan para presionar (que no quiere decir que todos vayan a encimar, sino que los más cercanos encimen y los de la línea siguiente se organicen para poder salir a una segunda presión o replegar); y si la pierden y James decide ralentizar para que el equipo se organice, este lo haga rápido y diligente.

Respuesta típica: balón perdido y de inmediato varios saltan a presionar.

Por otro lado, por el mismo estilo del ataque colombiano, que puede meter muchos jugadores en el área rival, el equipo siempre cuando ataca guarda a los dos centrales muy arriba y listos para correr hacia adelante o hacia atrás y, más importante, dos jugadores mínimo como red de seguridad paras las segundas jugadas, las cuales Colombia tiende a luchar siempre (mejorando incluso los mejores momentos de la era Pekerman, donde las segundas jugadas eran más una cuestión individual que colectiva).

¿Entonces qué pasó en la Copa América?

Chile tras los penaltis.

Colombia empezó la Copa América ganando y siendo superior, salvo un tramo del segundo tiempo, a la Argentina de Lionel Messi, Ángel Di María y Sergio Agüero. Luego, venció a Catar y a Paraguay, esta última con un equipo casi suplente al completo (con la baja de Muriel, Cuadrado jugó de delantero) que repitió mecanismos y bases del juego del equipo titular, síntoma inequívoco de un equipo trabajado y que cree en los principios de juego que practica. Fue el mejor equipo de la primera fase. Sin embargo, en cuartos de final, ante Chile, el equipo se vio superado y a pesar de que cayó en penaltis, la sensación fue que Chile mereció la victoria en el tiempo regular.

¿Por qué? Para empezar, porque el equipo no es perfecto. Tiene defectos. Ya sea por debilidades propias del equipo o porque el sistema no está tan ajustado como para que sea ejecutado de punta a punta de los noventa minutos. Y esos defectos quedaron en evidencia no solo ante Chile sino en los otros tres partidos de Copa América.

Antes de ir al detalle de lo ocurrido en esos cuatro partidos y que Colombia deberá corregir de cara a las eliminatorias, es conveniente atender a cuales son los problemas de base que tiene el seleccionado. Para empezar, que Radamel Falcao a 2020 no tiene la exuberancia física para ser profundo, participativo y estar siempre en zona de remate y el equipo necesita de él precisamente eso. Lo de la profundidad es algo que Queiroz logró paliar desde la táctica, pero lo otro no: la mejor Colombia es en la que Falcao participa y da otro ritmo y sentido al ataque, pero Falcao no logra sostener eso con las otras obligaciones del sistema sin ayuda. La alternativa ha sido Duván Zapata, que con su explosión goleadora en Atalanta puede sumar lo de Falcao de cara a portería, pero le queda lejos no solo su nivel de participaciones sino también la forma: sus apoyos no son para agilizar sino para sostener, sus desmarques son menos variados y suele caer sobre todo al perfil izquierdo, dejando el derecho vacío. Por no hablar de la presión: mientras Falcao es un maestro para orientar el juego del rival a donde Colombia quiere, Zapata es transparente y poco intenso en la presión, haciendo que aunque en el duelo directo por su fuerza y potencia pueda robar más balones que Falcao, con Zapata Colombia defienda con diez y no con once.

Los apoyos de Falcao. En esta salida por izquierda con Uribe cayendo al espacio del lateral izquierdo, Falcao se ofrece rápido como descarga.

En segunda instancia, aunque puede hacerlo, al equipo le cuesta ser continuo en su cadena de pases y termina forzando jugadas demasiado exigentes en lo técnico como para ser base del juego. Uno de los motivos tiene que ver con su delantero centro, pero no es todo: por ejemplo, que su interior derecho sea Juan Guillermo Cuadrado tiene ventajas, pero también acarrea problemas. Cuadrado no es un futbolista creativo como tal sino que es especialmente un jugador impredecible. En un momento dado puede hacer cosas inesperadas, sobre todo en el regate, pero también con controles, pases y conducciones que llevan a disparos, pero no con la asiduidad de los cracks como para justificar que luego en el resto de jugadas tenga problemas técnicos y de juego. Pekerman le daba un rol central en la organización del equipo buscando aumentar la probabilidad de que ocurriese uno de esos momentos en los que el de la Juventus hace jugadas de segundo espada de un candidato a Champions. Queiroz no le da tanta responsabilidad en la circulación, pero por su personalidad y su rol en el equipo, que lo obliga a aparecer en todas las líneas y momentos de la jugada, Cuadrado hace parte integral de la circulación del balón y si él falla, esta suele fallar. ¿Por qué falla Cuadrado? Porque le falta técnica para el juego asociado de control, pase, control, pase, control, pase; sensibilidad para saber a dónde y cuándo pasar, para saber qué pase dar; y creatividad y visión para encontrar pases que solucionen problemas y no solo den continuidad a la circulación, sino que dañen a la defensa contraria. ¿Por qué esto no se nota en la Juventus? Porque su rol es mucho menor, más de apoyo, con jugadas en las que el pase a elegir está menos sujeto a la interpretación y funciona más por inercia propia de la jugada. Cuando en Colombia ha tenido ese rol, sus participaciones han sido muchas menos, pero también siempre positivas. ¿Compensa? Por ahora sí, tanto por las jugadas de Cuadrado como por las repercusiones que su flexibilidad posicional y trabajo traen al equipo.

El otro punto a mejorar es que a Colombia le cuesta robar el balón si el rival lo mueve con la suficiente velocidad, incluso aunque no sea preciso. Si el contrario supera la presión del equipo y verticaliza con suficiente velocidad como para que Colombia tenga que correr para atrás o tiene una circulación rápida de balón, el equipo sufre porque al menos cuatro sus jugadores no tienen técnica defensiva real (los dos delanteros, James y Cuadrado) y sus dos centrales aunque implacables, tienden al fallo. La solución colectiva apunta a mejorar sus ataques de modo que sea vea menos veces forzado a situaciones que abran la puerta para que el otro equipo pueda verticalizar fácil.

En la Copa América se pudo ver un poco de todo eso. Por ejemplo, contra Argentina, a pesar de que Colombia dominó el primer tiempo, le costaba encontrar a sus atacantes en posición franca de disparo. Y en el segundo tiempo, cuando Argentina mejoró su circulación y le añadió velocidad, Queiroz tuvo que sacar a Cuadrado para meter a Lerma y sumar calidad defensiva en el mediocampo porque Colombia no estaba siendo capaz de defender la rapidez con la que Argentina movía el balón una vez superada la presión. Contra Catar, el problema estuvo en la circulación de balón, que solía nublarse y no ser suficientemente vertical y dañina. Queiroz intentó corregirlo intercambiando de partida las posiciones de Cuadrado y James, quedando el primero de extremo derecho abierto y fijo en la derecha y James de enganche en el centro, tratando de aumentar las recepciones en esa zona del campo, verticalizando la oferta de pases. Luego, en el segundo tiempo, dobló la apuesta metiendo a Santiago Arias como lateral, esperando que este doblase más seguido a Cuadrado y liberase a Juan Guillermo. La solución empeoró el juego del equipo, le quitó automatismos, la poca calidad asociativa y timming de juego la banda derecha cargó toda la producción ofensiva a la izquierda, con un Tesillo muy participativo, y abrió un boquete por la zona derecha para que Catar atacase a placer, algo que no había logrado en el primer tiempo.  Contra Paraguay, Colombia dominó de cabo a rabo, pero solo ganó 1-0 y dejó entrever además ciertos problemas de intensidad que quizás eran normales en un equipo suplente, pero que también se vislumbraron ante Chile con los titulares.

Toques de Colombia con Medina en el campo vs Catar.
Toques de Colombia con Arias en el campo vs Catar.

En los cuartos de final contra el equipo austral, el problema de Colombia estuvo en que no fue un equipo intenso. Contrario a cierta corriente en el periodismo que ha inundado también el imaginario popular, la intensidad en el fútbol no se mide por derroche físico, el cual Colombia sí tuvo en ese partido, sino por el volumen de esfuerzos (tácticos, técnicos y físicos) precisos que sea capaz de realizar un equipo. En el libro «Mourinho, ¿por qué tantas victorias?», el también entrenador portugués es citado así: «Acostumbro a decir que siempre que una de las cosas que hacen que el entrenamiento sea intenso es la concentración. Por ejemplo, correr por correr tiene un desgaste energético natural, pero su complejidad es nula y por ello el desgaste emocional tiende a ser nulo, al revés que en las situaciones complejas donde se les exige a los jugadores requisitos técnicos, tácticos, psicológicos y de pensar las situaciones». Es a eso a lo que me quiero referir cuando hablo de que a Colombia le faltó intensidad. El sistema que venía ejecutando con destreza, aunque con falta de continuidad, en sus últimos cuatro partidos no hizo presencia contra Chile. ¿Las razones? Pudo haber sido la situación: saberse lanzada hacia el título y con la obligación de ganar, a sabiendas de que para ciertos miembros del ciclo que empezó en 2011 se les acababa el tiempo. Quizás fue Chile: el equipo de Rueda se impuso en cuanto al ritmo del partido, forzando situaciones para las que el equipo todavía no estaba listo y que minaron no solo la confianza en el mismo sino la concentración del equipo para ejecutar su juego. No es descartable que haya sido un cansancio propio de la ejecución en tan poco tiempo de tantas cosas nuevas y los jugadores hayan desconectado (evidente fue por ejemplo el hecho de que con cada minuto que pasó Cuadrado se fue abriendo y subiendo más su posición, yendo a su zona de confort). Pudo haber sido una amalgama de todo. Chile atacó el sistema y este no respondió. Los jugadores apelaron a su carácter y calidad, pero sin base táctica que sostuviese su juego, los problemas se multiplicaron y aunque se compitió, no se jugó bien y la eliminación fue merecida.

Colombia sin James

Yairo Moreno. De los nuevos el que más jugó.

Luego de la Copa América, Colombia jugó seis partidos amistosos sin James Rodríguez. Las razones trascendieron, aunque en su momento las negaran: James no iba a jugar con la selección para intentar estabilizar su relación con el Real Madrid. A pesar de la ausencia del ’10’, Queiroz siguió insistiendo en el sistema. Puliéndolo. Se jugó contra Brasil y se compitió de igual a igual con un Muriel que asumió la bandera de las labores creativas en ataque y además anotó dos tantos, prefacio de su temporada goleadora en la Atalanta. Como otra novedad, Sánchez y Mina cambiaron perfile, quizás para favorecer el cambio de orientación del jugador del Tottenham hacia la banda izquierda. También se enfrento a Venezuela, donde no se jugó mal pero el mal estado del campo enfatizó los problemas de continuidad del equipo; contra Chile, Colombia se vio mucho mejor que en Copa América, con el bloque más junto y no cayendo preso del ritmo chileno. También contra Argelia, donde un equipo alternativo e inédito fue humillado por los africanos, Ecuador y Perú, en los que se hizo énfasis en detalles defensivos y el equipo no logró tener fluidez ofensiva, algo que con el regreso de James se espera que no sea un problema. También se aprovechó para dar rodaje a un puñado de nuevos futbolistas como Yairo Moreno, Alfredo Morelos, Jhon Lucumí, Rafael Santos Borré, entre otros.

¿Por qué Stefan Medina?

Medina jugó a un alto nivel contra Argentina o Brasil.

La respuesta corta es porque es nuestro mejor lateral derecho. La larga es que se ajusta mucho mejor que Arias a las necesidades del puesto. No solo es mejor a nivel defensivo, sino que tiene una mejor y más variada lectura de juego y el sistema obliga a que el lateral derecho sea un futbolista intenso y que tome numerosas decisiones por jugada y participa en muchas jugadas por partido. Medina tiene la técnica y la sensibilidad para el juego asociado propias de un futbolista que incluso ha sido mediocampista en sus equipos y  destaca por encima de Arias en todo lo que son los espacios reducidos, por no decir que es un centrador más fiable. Arias es mucho más veloz y vertical, más insistente en el juego de doblar la banda y llegar a línea de fondo. Para Pekerman, esas virtudes eran necesarias pues su equipo necesitaba un distractor para doblar a Cuadrado y un jugador rápido que con velocidad corrigiera corriendo hacia atrás. Cuando necesitó un defensor más fiable que resolviera a nivel individual en defensa, utilizó a Medina (Brasil, 2016). Asimismo, la química de Medina con James, Cuadrado y Falcao ha resultado ser más alta que la demostrada por Arias en los tres años en los que fue titular.

¿Quién debe ser el interior izquierdo?

El titular ha sido Mateus Uribe. El jugador del Porto explotó en 2016 jugando en Nacional y llegó a tiempo de jugar el Mundial de 2018. Una lesión antes de la Copa del Mundo mermó su rendimiento y no ha logrado volver al nivel con el que venía en el América de México. No obstante, es quizás el mejor interior ahora mismo que tenemos, más allá de los jugadores que no lo son y que pueden jugar allí. Uribe es un jugador de mucho recorrido, llegada e inteligencia táctica. Tiene técnica y visión de juego, pero no es un pasador excesivamente veloz, especialmente cuando debe jugar de interior izquierdo porque no se sabe perfilar para la izquierda, lo que hace le todo le cueste el doble de tiempo y esfuerzo. Además, es el jugador del país que mejor presiona en campo contrario. Cumple a cabalidad con todas las exigencias tácticas del puesto: es ancho cuando debe serlo y es muy profundo (sus dos goles en el amistoso contra Perú son testigo). Le pesa cuando debe ser el principal foco creativo del equipo, pero como apoyo a James y otros lo hace francamente bien gracias a su lectura de juego.

Gol de Uribe contra Perú. Colombia cargando el área con cinco hombres.

Sin embargo, sus problemas de perfil y el hecho de que no es un jugador con un uno contra uno fuerte, han hecho que Queiroz pruebe a Yairo Moreno, extremo izquierdo natural que juega de lateral o volante por la izquierda en su club, quizás en la búsqueda de un espejo de lo que Cuadrado hace por la derecha. Moreno es un jugador distinto. Zurdo cerrado, ha desarrollado una rutina de recepción que le permite recibir siempre perfilado y como, a diferencia de Cuadrado, escoge siempre una descarga fácil antes que la aventura individual, Moreno otorga al sistema colombiano mayor continuidad en su circulación, a costa de ser en exceso plano: Moreno con sus pases no rompe líneas ni crea y su uno contra uno solo sale a relucir cuando recibe en la banda.

Con ambos por fuera, contra Venezuela jugará uno entre Lerma, Cantillo y Alzate. El primero es un futbolista que le gusta a Queiroz. Hasta ahora lo ha usado principalmente como recurso defensivo para cerrar partidos jugando como interior. Lerma es un jugador que hace muchos kilómetros tanto en ataque como en defensa, no guarda la posición defendiendo y por eso de mediocentro suele conceder, pero como interior encaja bien con lo que se espera de él a nivel defensivo, dando un extra de calidad para la recuperación del balón. En ataque, sorpresivamente es un jugador muy agresivo en sus desmarques, capaz de ser ancho y profundo, y sus pases. Siempre busca verticalizar y tiene un buen pase largo, costándole más el juego corto, a pesar de perfilarse mejor que Uribe. Sus pases cortos son mordidos y siente quizás demasiado apuro asociándose. Cantillo es todo lo contrario: un jugador de excelsa técnica y creatividad, que sabe tanto sumar pases  cortos y verticalizar como dar cambios de orientación. Su problema radica que es un jugador en exceso estático, de balón al pie y con poco o ningún juego por delante de la línea del balón, exigencia base del sistema. Alzate es quizás la opción media, más técnico y creativo que Lerma, pero sin su agresividad, y más móvil que Cantillo.

¿Quién debe ser el lateral izquierdo?

La posición más débil del ciclo 2014-2018. Tras la decadencia de Armero, varios jugadores se probaron en el puesto sin mucho éxito. Cuando Fabra ya había logrado ganarse la posición, una lesión lo sacó del mundial y abrió una veda que no se ha cerrado. Tesillo fue el titular de Queiroz en su primera etapa, aprovechando que venía jugando allí en su club y luego de que Cristian Borja no lograse convencer al entrenador, a pesar de ser un perfil muy de su cuerda. Tesillo rindió bien, dio sentido táctico y estabilidad defensiva a la posición, pero se quedó corto cuando se le exigió algo más. En esta convocatoria, con Tesillo (30 años) jugando de central en su club, Johan Mojica, Frank Fabra y Gabriel Fuentes, quizás porque Fabra se sumó tarde a la concentración, fueron citados. De los tres, Fabra es el que más se adapta al fútbol de Queiroz. También es el más completo, aunque no haya vuelto al nivel que tenía antes de la lesión. En contra tiene eso, su llegada tarde a la concentración y el hecho de que no es un marcador fiable. A su favor, que su fútbol posee la flexibilidad posicional y la calidad asociativa que requiere el sistema. Mojica, por ejemplo, no la tiene, aunque su velocidad, su profundidad y su golpeo de balón sean virtudes determinantes que ayuden a Colombia, especialmente si, por ejemplo, el elegido para el interior izquierdo es Cantillo. Fuentes simplemente hoy no da el nivel.

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