El rincón de JJ

Publicado el Jhon Jaime Osorio

Vuelta 2017 – Día 2: La guerra del segundo

La Vuelta a España es una guerra larga en la que ganar una pequeña batalla puede significar el aliciente moral necesario para imponerse al final. Así lo entienden todos. De allí que ganar una etapa, subir a un podio o arañar uno que otro segundo sea un gran botín en el camino a Madrid.

Hoy se trataba de una etapa totalmente plana, larga y sin emociones intermedias, a excepción de un sprint a 28 kilómetros de meta que hasta la producción televisiva pasó por alto. Ni la alta temperatura, arriba de 28 grados todo el día, ni los fuertes vientos, que soplaron desde el Mediterráneo, generaron sobresaltos; por lo menos en los primeros 201 kilómetros de la etapa. Cuando se preveía una llegada masiva, en los últimos 2000 metros estalló una inesperada guerra del segundo que puso a todos a hacer cuentas de pequeñas conquistas o de grandes pérdidas. Vincenzo Nibali le sacó 13 segundos a su compatriota Fabio Aru, Esteban Chaves le descontó 3 a Cristopher Froome y el británico aumentó en 5 su diferencia sobre Alberto Contador. Era plana, pero le puso de para arriba la carrera a más de uno.

No hubo fugas porque el ritmo fue alto. Sí hubo caídas porque la carretera era estrecha y en el grupo había tensión. No tuvimos un gran sprint porque el Quick Steep quiso lanzar a un velocista y terminando lanzando a una aventurero. Tampoco tuvimos mayores noticias pues el pinchazo de Froome fue un incidente que su equipo supo manejar. Y no se marcaron mayores diferencias pero sí mínimas victorias morales, que levantan el ánimo apenas comenzando la carrera. De estas últimas, la más significativa fue el podio de Juan Sebastián Molano, el sprinter del Manzana Postobón, que intentó meterse en la llegada y ocupó el puesto 13, el de la suerte al entrar como el primero de los jóvenes en la meta.

La de hoy era una etapa con una particular partitura: para rodar y esperar el sprint; para mirar el canal del Midi en su salida al Mediterráneo, para conocer a los pocos velocistas puros que hay en la Vuelta, para cuidarse del viento de costado, para ver las calles de la ciudad que eligió el pirata Barba Roja para vivir y para contar rotondas antes de la llegada. El libreto se rompió en pedazos en los últimos metros. Yves Lampaert ganó la etapa escoltado por el verdadero sprinter de su equipo, Mateo Trentín, y de paso se puso la camiseta roja de líder, que luce prestada en el cuerpo de este gigante belga. El libreto para mañana es muy distinto y está lleno de expectativa, pues la primera etapa de montaña llegará camino de Andorra, en el tercer día de la carrera. La carrera se pone de para arriba, y es para todos. Y la guerra de los segundos puede ser incluso de minutos.

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