Pazifico, cultura y más

Publicado el J. Mauricio Chaves Bustos

Mosquera, naturaleza y pesca

Paisaje con Manglares región Sanquianga.

 

Viajando de sur a norte, desde Salahonda, se puede llegar a Mosquera por dos vías. La primera, por los esteros o por la “pavimentada”, como coloquialmente se le llama, ya que gracias a la orientación maravillosa de los lancheros, se meten por esos caminos líquidos zigzagueantes, tratando de que el recorrido sea lo menos movido posible, contemplando así la magia de una naturaleza exorbitante; pasando por los manglares más altos del mundo, que llegan a superar los 50 metros, donde se divisan aves multicolores que anidan en ellos, piuras, garzas y loros o fragatas, chorlitos y zarapitos que reposan en este territorio durante sus migraciones; se escuchan los sonidos maravillosos de tatabras, osos hormigueros, pericos –osos perezosos- y tigrillos que acechan o son acechados.

O también se puede llegar “por fuera”, eso quiere decir que, pasando la bahía de Tumaco, se sigue por la costa y no por los esteros; debo decir, sin duda alguna, que tengo una de las experiencias más maravillosas en uno de estos viajes hacia Mosquera: a media hora de viaje fuimos sorprendidos por un grupo de unos 8 o 12 delfines nariz de botella, tanto propios como extraños nos asombramos ante tan inusual visita, a tal punto que el motorista, muy generosamente con su tiempo, paró la embarcación y nos permitió tomar fotos y filmarlos, estos hermosos animales daban saltos y tumbos, emitían chasquidos y hasta se acercaban para que los acariciemos, pasaban debajo de la lancha y salían felices al otro lado, como jugando a las escondidas con nosotros. Que nobles animales, con cerebros más grandes que los de los propios humanos, verlos en su estado natural, no en la artificiosidad de los acuarios que, por más lindos o cristalinos que sean, no dejan de ser sus prisiones.

Esta es la naturaleza propia del parque natural Sanquianga, conformada por los municipios de El Charco, La Tola, Satinga y Mosquera, donde el 50% de su territorio pertenece a éste; ahí convergen los ríos Tapaje Viejo, La Tola, Sanquianga y Aguacatal, conformando el sistema de manglares más grande del país. Las agencias de turismo no promocionan las playas de estos municipios para el avistamiento de ballenas en los meses de julio a octubre, que puede hacerse con guías turísticos expertos que hay en el territorio, los mismos que pueden acompañar a hacer un recorrido eco-sostenible, ya que se va creando una conciencia de la importancia del cuidado de la naturaleza, entendiendo que el ser humano no se extrae de ella, sino que forma parte suya, como todas las especies. Ya los jóvenes del territorio entienden qué significa el cuidado de las tortugas, la importancia de la pesca y cacería selectivas, pese a que aún duele ver en los esteros restos de basura, pañales, sillas y miles de botellas que se entrecruzan en los manglares, que crecen con sus brazos torcidos, como gesto de impotente lamento.

Imposible no mencionar en este espacio a quien quedó con el documento de su servicio en el rostro, Tomás Cipriano de Mosquera, cuatro veces presidente de Colombia, y quién hizo del territorio del Pacífico nariñense su escenario de guerra; en 1824 recibió una herida en la quijada durante la batalla de Barbacoas, en donde se enfrentaban el Gobernador de Buenaventura con el obstinado realista pastuso Agustín Agualongo, quien ya vencido, huyó y fue hecho prisionero en Castigo, hoy municipio de Policarpa, por su antiguo compañero de armas, José María Obando.

Quienes conocemos el territorio, pese a cualquier contrariedad política o de ideales, no podemos dejar de admirar a los hombres que, de parte y parte, luchaban por sus creencias. Una herida que destruyó parte de las dos mandíbulas y que le atravesó la lengua, soportando los dolores durante tres semanas, sanado por el cura del pueblo, quien le pudo extraer restos de hueso, no debió ser fácil, si aún en pleno siglo XXI los enfermos mueren en el camino, ya que los hospitales están muy lejos de su alcance. Desde entonces sus enemigos lo bautizaron con el remoquete de Mascachochas, su pasión fue siempre este territorio que provisionaba suficiente oro, no únicamente para la causa de la Independencia, sino para sus propias arcas familiares. Terminado el combate y partiendo desde Iscuandé, llegó a lo que entonces se denominaba Tierra Firme, compró los terrenos y fundó el pueblo que toma su apellido a partir de 1850.

Cuando se llega, un pequeño muelle nos recibe; el suntuoso nombre de Avenida de Los Estudiantes nos conduce por todo el largo del pueblo, en donde las construcciones modernas se alternan con las viejas casonas de madera sostenidas en palafitos, ya que el territorio es propenso a las inundaciones y a la erosión costera; el parque, que lleva el nombre del fundador, alberga en su cuadrante la Alcaldía y el templo católico, una pequeña construcción que parece sacada de un Belén, como se dice en Nariño al pesebre. Ahí pulula la gente, niños, jóvenes y adultos se reúnen, no ya para escuchar los viejos cuentos de los Mayores y las Tías, ni mucho menos para escuchar las marimbas o los cununos, al fondo el reggaetón o la música popular de cantina, la misma que se escucha en cualquier fonda paisa, ambientan el punto Wii Fi, razón por la cual todo el mundo se congrega, con los celulares en la mano, pulsando y digitando, signos de toda modernidad, aunque como en todo el territorio la señal es mala, por no decir que pésima.

Ahí no hay motos, ni mucho menos automóviles, la gente se moviliza a pie, y cuando es necesario ir o volver a las veredas, cuyos nombres serían la inspiración del mismísimo Gabo para otros cien años de soledad, se hace en potrillo impulsado por el canalete, y cuando las distancias la ameritan debe hacerse en lancha, aunque sale mucho más costoso. Las distancias en el Pacifico son grandes, esto limita el relacionamiento permanente entre territorios, los esteros no tienen mantenimiento continuo, los municipios no cuentan con el presupuesto necesario para hacerlo y la cooperación internacional es un fantasma que rara vez aparece.

La Institución Educativa Liceo del Pacífico es el único colegio del municipio, para llegar a él hay que tomar la vía que conduce al barrio Aeropuerto, recuerdo de otros años, pasando por el cementerio que se inunda a veces, en una verdadera escena macondiana que deben hacer los estudiantes todos los días, como un poema macabro que recuerda permanentemente la fugacidad de esta vida. Aunque todo espanto rehúye al bullicio y a la algarabía de los niños y jóvenes que encuentran motivo de juego con cualquier balón o cualquier botella vacía, ya que cerca está un moderno polideportivo que con seguridad formará a los futuros deportistas del Pacifico, que tanta gloría le han dado a este indolente país.

La última semana de enero celebran las fiestas patronales de Francisco de Sales; lo más llamativo son las balsadas, hermosas embarcaciones que salen en la alborada desde las distintas veredas, Miel de Abejas, Bocas de Guandipa, Cocal Jiménez o Cocal Payanes, Trejos del Mar o Tortugo, entre otras, para llegar al casco urbano, son hermosamente decoradas con papeles y luces, pareciendo verdaderos encantamientos que llegan desde los esteros. En ese sincretismo religioso, donde lo negro va dejando de ser un supuesto para interponerse como la realidad que es, las mujeres tocan el guasá y las maracas, los hombres las marimbas y los cununos; ahí se puede escuchar a Evert Peña Banguera, ganador en 2018 del Petronio Álvarez como mejor intérprete de marimba tradicional.

Las Cantaoras son toda una institución en Mosquera y en el territorio, su contoneo y sus voces melifluas evocan los sonidos de mares y ríos, son las mismas tías que salen muy temprano a pianguar, las mismas que hacen del fruto de la pesca verdaderos manjares; los pargos, las corvinas, las lisas, los gualajos, se convierten en platos que hablan de su tradición, de una simbiosis con el entorno, el mismo que debe ser respetado y valorado, en la medida que su cuidado garantiza el sustento del mañana.

Cuando llueve, el corrinche empieza, abierta manifestación de alegría que produce el agua dulce, tan escasa en la parte baja del municipio; los habitantes apuran a sacar cuanto recipiente sirva para recibir la bendita agua que se emplea para todos los oficios humanos. No ha habido la voluntad política para que éste, así como los demás municipios del territorio, tengan acueducto y alcantarillado, así como servicios públicos dignos y un acceso eficiente, pronto y oportuno a la salud.

La figura del Demente Exquisito, según título de una biografía de Mosquera, pareciera a veces ser también una maldición; él, figurón de la rancia aristocracia caucana, que guerreaba a su antojo como distracción para sus desvelos, que pasaba por liberal y se portaba como conservador, capaz de manumitir esclavos como premio a su valor, de expropiar los bienes de la iglesia, alegoría de todo político que busca su bien personal antes que el general. Pero hay un espíritu que campea en el territorio, que busca ser libre, feliz, expresivo, y que necesita ser exorcizado con las voces de las cantaoras y chureadores que encantan y reclaman cuando dicen:

De Mosquera ha salido un retoño / De Mosquera ha salido un retoño

Viene quemadito de tanta violencia/ Viene quemadito de tanta violencia

Viene verdecito se le das cariño / Viene verdecito si le das cariño

Esperamos volver con el retoño verdecito, aunque nunca hemos partido;  por ahora seguimos el camino por los esteros, que cantan y encantan, siguiendo la luz del Riviel que nos lleva a otros encantos del territorio.

 

 

 

 

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