Pazifico, cultura y más

Publicado el J. Mauricio Chaves Bustos

Lanzamiento de la Colección Bibliográfica de Autores Tuquerreños

Nota: El lanzamiento de un libro es motivo de inmensa alegría en cualquier rincón del planeta, ¡qué no diremos del lanzamiento de toda una colección!, razón por la cual hoy nos damos la licencia de aprovechar este espacio para hablar de un importante acontecimiento cultural en el Sur-occidente colombiano que agiganta a las letras universales. En otro momento hablaremos de la importancia que tiene Tuquerres como punto conector entre la sierra y la costa nariñenses. Hoy queremos hacer alusión al lanzamiento de la Colección Bibliográfica de Autores Tuquerreños que se realizará el día viernes 17 de mayo del presente año en la sabanera ciudad de Tuquerres, gracias a la iniciativa de la Universidad de Nariño Extensión Tuquerres, la Vicerrectoría Académica y la Biblioteca Alberto Quijano Guerrero de la misma universidad.

Ubicado hermosamente el altiplano de Tuquerres e Ipiales, se extiende por entre montañas que tutelan el paisaje: el Chiles y el Cumbal, con sus crestas ya no tan nevadas como las vimos en la niñez; volcanes como el Azufral que hacen que esta tierra tenga una fertilidad única; los cerros Negro y Colimba, que muestran la magnificencia y el poder del hombre para poblarlos. Cargado de leyendas, ahí la Madre Monte, La Llorona, Las dos brujas, fueron vistas y cantadas por Roberto Mora Benavides, cuya voz armonizaba lo que contaba, amó a la niñez y a ellos les dedicó muchas de sus obras, incluidas la del teatro, tan escazas en nuestro territorio.

Cuando llegaron los españoles a la sabana, ya Tuquerres era un importante poblado Pasto, razón por la cual la tradición cultural es de muy vieja data. Por ser punto obligado para llegar a la Costa Pacífica, especialmente a Barbacoas, tomaron ahí asiento importantes acontecimientos que demarcaron la vida del territorio y de la nación, baste mencionar que Guaitarilla y Tuquerres fueron escenario de la Revolución de los Comuneros del Sur, cuando estos pueblos, liderados principalmente por mujeres, se levantaron contra las leyes injustas que los ahogaban con impuestos y se sublevaron contra los hermanos Clavijo, episodio llevado a las letras por Juan Álvarez Garzón, donde describe de manera descarnada cómo el pueblo tiene un sentimiento también razonado y se une para destruir a quienes atentan contra él.

El mismo autor escribió una novela que, como ha pasado a través de los años, inclusive con actitudes contraloras que son premiadas con nombramientos en los organismos de control americanos, fue quemada en pleno patio de la Gobernación de Nariño: Gritaba la noche, cuyo título original era La Bucheli, la contracara de la fuerza femenina encontrada en los Comuneros del Sur, ya que ahí se muestra el patriarcado tan común en los escenario latinoamericanos, y no exclusivamente de lo rural, la ciudad ha dado muestras horrorosas de los límites que puede transgredir para irrumpir contra la mujer.

El pensamiento liberal siempre ha corrido por las venas de los tuquerreños, así lo atestigua su compromiso con la causa libertaria y patriota, ya que de ahí salían los auxilios para los patriotas que venían del norte o del sur llevando el pensamiento libertario, no sin razón vivió ahí don Simón Rodríguez, maestro del Libertador, dirigiendo una escuela y fundando una fábrica de velas, para alumbrar cuerpos y conciencias, qué más loable labor para un hombre de sus dimensiones en la fría pero acogedora Tuquerres.

A los tuquerreños se los conoce en el contexto nariñense como Hacheros, viene su nombre de una antigua tradición gremial, ahí los olleros, los zapateros, los artesanos, salían a recibir a Jorge Eliecer Gaitán, quien hacia campaña para ser elegido congresista por el departamento de Nariño, y viendo que muchos de sus seguidores empleaban el Hacha como símbolo de trabajo, los llamó Mis hacheros¸ quedando desde entonces con tal apelativo, que no es más que una muestra de su liberalismo y de su laboriosidad.

Ahí nació el incontenible Víctor Sánchez Montenegro, escritor e investigador consumado, quien en 1916, en compañía de Guillermo Chaves Chaves, funda en Pasto el periódico “Sur de Colombia”, en donde dice: “allí empezó también, como es fácil comprobarlo, el nuevo movimiento literario con un sentido de revolución de la poesía, cuando alguien escandalizaba a los burgueses intelectuales con sus versos modernistas, sin respeto a las medidas, teniendo en cuenta únicamente el hondo sentido musical rubeniano, bajo la sombra de Verlaine”; no podía seguir sólo por los entrecruces de caminos, así que unió su vida con la poeta tumaqueña Blanca Ortiz, y juntos recrearon a don Quijote y Dulcinea por los pasajes del amor y las palabras, que pueden ser uno sólo, como ellos lo demuestran.

A una gruta, en un paraje de Tuquerres, huía el poeta Aníbal Micolta para inspirarse y escribir sus obras de corte romántico; educado en Europa, representó la casta señorial que estaba ya en vía de extinción, no le bastó la capa manchega, ni la leontina, ni los chapines de charol, para preservar lo que estaba destinado a desaparecer. Poeta bohemio, romántico, vivió su vida entregado a la poesía, convirtiéndose en poeta popular, cuyos sonetos aún humedecen los labios cansados de los viejos tuquerreños que de pronto, de tarde en tarde, lo recuerdan.

Sergio Elías Ortiz así describe a tres poetas que se unieron en la bohemia y en el romanticismo ya perdidos: “En las letras distinguían tres poetas: Aníbal Micolta, quien de pronto llegaba a la ciudad desde su hacienda El Cascajal, donde se consumía de tedio y de desesperanza; el mono Álvarez, siempre eufórico, siempre cariñoso, así estuviera diáfano o nublado su espíritu y Florentino Bustos, excelente amigo, que de pronto también desaparecía del trato humano para entregarse a lo que él llamaba la contemplación ultraterrena. Los oía a los tres declamarme sus versos y me complacía en ponderar sus creaciones”, hombres nariñenses que compartieron vidas paralelas en la palabra poética.

Ahí el médico Luis López Portilla hizo de sus experiencias propias textos en novela y poesía; hombre polifacético: bombero, periodista, escritor, científico, hipnotista, ganadero y minero; en síntesis, hombre civil que buscó servir a su pueblo desde los múltiples escenario donde pudiera actuar, su novela El Pasado del Porvenir relata las intrigas y luchas que se pueden desprender por el oro, por las minas. Fue también genealogista, sin recordar la sentencia cervantina: no rastrees más allá de la quinta generación, que te puedes llevar sorpresas.

Pero la palabra se hereda y se transmite, es fuerza y vigor que sostiene a los pueblos en su identidad; mal haría un conglomerado social en quedarse en la añoranza y no ver los frutos de ese abono que se ha hecho; por las calles y cafés de Tuquerres se pasean los jóvenes escritores, llevan a voz de labios sus poemas, sus novelas y sus escritos, se saben herederos de una tradición a la que es necesario respetar, pero a la que es necesario también superar. La palabra es como el fuego, que quema para generar nuevas cosas. Anthony Eduardo Rodríguez Eraso, Fernando Andrés Guerrero Flórez y Silvio Patiño, son una muestra de esa fuerza consustancial que emerge con las nuevas voces de los escritores tuquerreños.

Esos personajes y esos paisajes descritos, son una pequeña muestra de lo que contiene la Colección Bibliográfica de Autores Tuquerreños, que también se debe al empeño de hombres y mujeres que buscan pasar el testigo de lo hecho a quienes están haciendo y buscan hacer del libro una parte esencial de la vida. Porque el libro resguarda la memoria de los pueblos, ahí se aparejan, unos tras otros, rompiendo las diferencias y las contradicciones para componer la dialéctica de la humanidad.

Esta colección no hubiese sido posible sin la acción-pasión de Paulo Cesar Rodríguez Eraso, quien siendo alcalde municipal 2012-2015, incluyó en el Plan de Desarrollo del Municipio la necesidad de la recuperación de la tradición escrita tuquerreña; pero como lo dijo hace tiempo un escritor de esta comarca: “hay que ver la dificultad para publicar una obra”, sintiendo a veces que es más fácil hacer armas que libros, pero la constancia todo lo puede, después de sortear muchos intrinques, tanto administrativos como humanos, pudo conseguir los recursos para que esta colección fuera una realidad.

Dije antes acción-pasión, lo primero porque Rodríguez Eraso entiende que la política sin actos se aleja de los preceptos propuestos por Hannah Arendt, para quien la acción es verdadera transformadora de sociedades; se le suma la pasión, entendida como un influjo afectivo que va más allá de lo meramente racional, es la pulsión afectada por el interés de la creación de la humanidad. Ojalá existieran muchos más políticos como Paulo Cesar, capaces de comprender que la educación, y con ello el libro, necesita no únicamente de impulsos legales para sustentarla, sino de acciones concretas, como el del presupuesto, para poder hacerlas una realidad; la Secretaria de Educación de su administración, Mónica Eraso, así lo comprendió y se sumó a esta gesta para salvaguardar parte de la memoria de un pueblo que ha forjado su destino con la dignidad propia de los pueblos del Sur.

Para hacer realidad lo que era un proyecto, que ya contaba con los recursos para tal, se llamó a la poeta María Isola Salazar Betancourt, sin duda alguna una de las mejores conocedoras de la literatura y la cultura de su propio terruño natal, quien sin amagues afirma: “Lo primero que debo decir es que soy una maestra por vocación, convicción y profesión y por lo tanto una maestra convencida del valor de la educación, porque sé que somos lo que somos por la Educación recibida, a través de la familia, la escuela y la comunidad”.

Y a esta nómina se suma no solamente la sapiencia, si no el cariño y amor que únicamente Vicente Pérez Silva puede tener por esta tierra nariñense; compartimos con él el sentimiento de tener madres tuquerreñas, corre por nuestras venas el fuego libertario en todas sus manifestaciones. Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, capaz de anteponer sus convicciones por sobre los honores que le llegaban al ser el miembro más joven de la Academia Colombiana de Historia, autor de más de una treintena de obras que recogen su amor por las letras nariñenses, colombianas y americanas; miembro de la Santa Cofradía de nuestro buen amo y señor Don Quijote de La Mancha, de la cual somos cofrades; y no solamente amante, sino hacedor de libros, con él esta colección tiene una calidad más que garantizada, pero por sobre todo, tiene de él la pasión por todo aquello que huela, sepa y tenga forma de libro.

Gracias a Ustedes, Mónica, María Isola, Vicente, Paulo Cesar, gracias a Boris Arteaga, quien con su obra engalana esta hermosa colección, gracias a Alberto Mono Lasso y a su esposa Gladys Guerrero por permitir disponer de su biblioteca, gracias a todos aquellos que hicieron posible para que podamos conocer de primera mano las producciones de muchos tuquerreños de las cuales únicamente teníamos referencias, sin duda alguna es un gran aporte también para los investigadores de las literaturas regionales.

Sabemos que este empeño no puede quedar ahí, que la colección debe seguir su curso para que todos podamos ver la producción literaria de este hermoso lugar de Colombia; esperamos que dentro de poco también tengamos en nuestras manos otras producciones que no han salido a la luz desde hace casi más de cien años, es el caso de la novela corta romántica Vetulia y Eudoro: fragmento de un amor, de César Garzón, impresa en Tuquerres en la Imprenta del Sur en 1908, y que ha dado pie a equívocos, ya que algunos investigadores la ubican en años posteriores.

Confiados en que la concordia y el amor a lo propio se antepongan a otros intereses,  no resta si no despedirnos con una cita de Víctor Sánchez Montenegro, que resume en parte todos las contrariedades que han debido padecer quienes hicieron posible esta colección: “Los hombres como los pueblos, tienen obligaciones para con la patria. Quienes no las cumplen o las dejan pasar inadvertidas, no quieren a su tierra y pueden ser considerados como adminículos insustanciales que vivirán de prestado, sin bagajes propios en el campo de la inteligencia que se atrofiará por falta de ejercicio. Es triste el papel de ciertos sujetos de caverna intelectual que no sirven ni a Dios ni al Diablo, que pasan los días eternos, sin disfrutar elegantemente de los bienes que les ha deparado la Providencia: criticándolo todo, sin construir nada, enfundados en sus fatales egoísmos, disolviendo cuanto alcanzan a manosear salvajemente, como si fuesen ácidos corrosivos, pero en el fondo son probadores de metales preciosos. Todas esas almas inútiles, son personajes rusos de Gógol o de Dostoievski. Esas vidas miserables son su propio castigo, aunque ellos no se dan cuenta por la inutilidad de sus aspiraciones”.

 

 

 

 

 

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