Parsimonia

Publicado el Jarne

Santos por España o las extrañas genuflexiones a las que obliga la diplomacia

El presidente Juan Manuel Santos está de visita por estos lares. Consciente de la importancia los medios -fue periodista- y quizás porque le gusta cultivar su imagen en el ámbito internacional, ayer dio una entrevista en ABC, escribe hoy una columna en El País y  ha entrado en directo en la Cadena Ser (matriz de Caracol Radio). Entre las cosas que le han traído, Santos va a pedir a la Unión Europea (UE) que cree un fondo de apoyo para el posconflicto. Una buena idea. Más interesante me ha resultado el cambio de postura que le ha vuelto a tocar hacer al gobierno español.

Hace un par de años, a la vuelta de mi viaje por Colombia, comencé a documentarme sobre El Cura Pérez, ex comandante en jefe del ELN y sus dos compañeros que fueron con él a Colombia, José Antonio Jiménez y Domingo Laín, originarios de pueblos aragoneses próximos al de mi abuela materna. En esa búsqueda, di con el libro que escribió Fabiola Calvo Ocampo sobre el sacerdote, Manuel Pérez, un cura español en la guerrilla colombiana.

Una de las cosas que me llamó la atención fue encontrar que el último proceso de paz que se había intentado con el ELN, las negociaciones de Viana,  se hicieron en un palacio madrileño donde se firma el preacuerdo con el mismo nombre. Al principio, no entendí cómo el gobierno español fue capaz de mediar en ese acuerdo. Supongo que al ser Manuel Pérez de aquí y que se negoció antes del 11-S, España podía ser un buen lugar en el que darse cita para estampar la firma de aquel preacuerdo.

Recuerdo que me sorprendió que el presidente de entonces, José María Aznar, accediera a intermediar entre un grupo marxista guerrillero como el ELN y el gobierno de Samper. Él, que no tenía buenas relaciones con el gobierno colombiano de entonces, que pensaba que no había conflictos internos y que creía todo grupo armado que se oponía a un Estado era terrorista. En su favor hay que decir que en este acuerdo también participó el PSOE, quien gobernaba cuando empezaron los primeros tanteos y que Aznar por aquel entonces también estaba negociando con ETA.

Pasaron los años y cambiaron las circunstancias. El proceso del Cagúan se fue el carajo y ganó las elecciones Álvaro Uribe. Los atentados del 11-S, ocurridos un año antes, desataron una lucha antiterrorista a escala mundial en el que poco importaban el cariz que tuvieran las guerrillas o grupos armados. Todos eran terroristas y, por supuesto, no existía ningún tipo de conflicto armado. Fruto de ese pensamiento uribista, España luchó y logró  que la UE considerara grupos terroristas al ELN o las FARC.

Terminan los ocho años de Uribe y gana las elecciones su delfín -el ministro de Defensa, ni más ni menos- con un discurso continuista. Pero Santos le sale rana al presidente saliente. Tiene proyectos e iniciativa propia. A la vez que presiona a los guerrilleros, empieza a hacer movimientos para buscar otro proceso de paz con las FARC allanando con diversas medidas el camino para ello. Pone los cimientos para unas nuevas negociaciones.

El nuevo presidente se acaba sentando en La Habana con los guerrilleros para empezar un nuevo proceso de paz. Les da una legitimidad que antes les había negado y reconoce implícitamente que hay un conflicto armado. Si ya estos cambios no son pocos y obligan a bascular de nuevo a sus aliados, le pide ahora a la UE, que tiene a las FARC catalogada como grupo terrorista, y especialmente a España, quizá su principal valedor en asuntos comunitarios, que cree un fondo para apoyar las medidas que se acuerden en el posconflicto.

¿Cuál va a ser la respuesta del gobierno español? De apoyo, por supuesto. En el mundo diplomático, uno se amolda a las nuevas circunstancias sin mirar mucho para atrás para ver que ha hecho o dicho. Ya el ministro de exteriores español, García Margallo, dijo que apoyaría el proceso de paz cuando estuvo por aquí María Ángela Holguín. Incluso con una conferencia sobre el posconflicto que se realizaría en Madrid o  los medios humanos que pueda aportar España.

Santos sale ungido por la UE para el proyecto con el quiere pasar a la historia y los españoles se posicionan como un firme aliado de Colombia, seas cuáles sean las circunstancias. Todos estos movimientos pueden tener su contrapartida en los grandes proyectos de infraestructuras que tiene pendiente Colombia desde hace décadas. Si la paz llega, se empezarán a construir. Las empresas españolas se quieren posicionar para ganar esos concursos. Pero eso es harina de otro costal.

En Twitter: @Jarnavic

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