Parsimonia

Publicado el Jarne

Muérase y hablarán bien de usted (Si es poderoso)

Como habrán leído en los diarios internacionales o nacionales, se ha muerto la Duquesa de Alba. Los medios españoles ya han salido a destacar que era «rebelde», «inconformista» y bética -por el equipo de fútbol, el Betis-. Una persona que es 14 veces Grande de España. Se ha caído otra vez en la pleitesia y la genuflexión y es difícil encontrar un relato ponderado de su vida y su figura sin caer en la alabanza fácil o la crítica sin matices. 

Siempre que se muere algún gran empresario o personaje importante en la historia de España, es difícil encontrar un relato ponderado. Es casi imposible. Pasó con Adolfo Suárez, el expresidente de Gobierno español que murió hace un año y al que todos los medios alabaron como el hombre que trajo la democracia. Suárez fue imprescindible para traer la democracia a España, pero también hubo más gente que trabajó con ese objetivo y, desde luego, tampoco la Transición fue modélica en todos los sentidos.

Lo mismo se puede decir del todopoderoso Emilio Botín. Conservo varios periódicos del día que murió el banquero mayor del reino y de Iberoamérica. Todo eran loas y alabanzas. Hasta cierto punto se entiende porque Botín convirtió un banco de segunda en la principal empresa española junto a Zara, con filiales en decenas de países y miles de trabajadores en todo el mundo. Un ejemplo del cambio que ha sufrido España en los últimos 50 años.

Pero no leí ni una crítica o reportaje que narrara los aspectos más oscuros de su gestión. Hubo que irse al blog de Manuel Conthe, expresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), en Expansión o a la prensa anglosajona -dicen que la cobertura del Financial Times fue muy buena, pero no lo he podido comprobar- para encontrar un relato más contrastado que el que nos ofrecían aquí los medios. Sus pecados y faltas, que también los tenía D. Emilio.

¿Hay algo más contrastado sobre la Duquesa de Alba? El mejor artículo crítico es el de Iñigo Sáenz de Ugarte en El Diario, aunque también tenga un componente algo visceral de pensar en contraprogramar frente al torrente lisonjero. Creo que también le falta explicar que mucha parte de ese dinero es patrimonio. Un patrimonio histórico extraordinario, que ha conservado y que si se quiere vender, lo tiene que autorizar el estado y no es fácil de colocar en el mercado. Por eso el 90% del patrimonio está exentos de pago de impuestos.

Así, tendrán que pasar años para que leamos o veamos un buen trabajo de investigación que se aproxime a la figura de esta terrateniente, con sus luces y sombras. De momento, nos tendremos que conformar con los almibarados artículos de los medios sobre el entierro y su biografía y buscar alguna crítica bien fundamentada que será como encontrar un oasis en el desierto.

En Twitter: @Jarnavic

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